¿Ha pensado que todo lo material es perecedero?
¿Ha pensado que todo lo material es perecedero?
Fernando Alexis Jiménez
Los ahorros de toda una vida quedaron invertidos en un yate de dimensiones considerables, el cual finalmente sirvió para transportar a su familia en fines de semana interminables, de sol esplendoroso y brisa con olor a sal por las playas de Miami.
“Un sueño convertido en realidad“, se repetía con frecuencia José Ramón Sevillano al apreciar con detenimiento la estructura que se mecía perezosa en el agua.
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En medio de las crisis, ¿estamos solos?
En medio de las crisis, ¿estamos solos?
Fernando Alexis Jiménez
El auto se averió en la avenida circunvalar, justo a la hora de mayor tráfico y cuando largas filas de carros parecían coincidir en un solo ruido: gigantesco, ensordecedor, desesperante, como consecuencia de pitos de diversas tonalidades con los cuales conductores histéricos procuraban que hubiese más movilidad en los vehículos.
Francisco se bajó molesto. Deseaba llegar temprano a casa. El día había sido agotador. Si algo ansiaba, era ver la sonrisa de su esposa y compartir unos instantes con sus hijitos de dos y cuatro años.
–Dios mío, ¿Por qué tenía que pasarme esto justamente a mi?—renegó. — Los demás que ni siquiera van a la iglesia, están relajados en sus autos y mírame a mí, Señor Jesús, sudando la gota para cambiar un neumático–.
Los minutos se sucedieron con una rapidez asombrosa. Incluso, acostumbró su oído a las ofensas de los conductores que –al pasar a su lado—le decían toda clase de epítetos, refiriéndose a su falta de pericia para colocar la llanta de repuesto.
Cuando iba terminando, ya con las sombras de la noche cayendo sobre Santiago de Cali, recordó de cuántas situaciones difíciles lo había sacado el Señor. “Perdóname Señor Jesucristo por ser tan desagradecido“, murmuró. Se limpió el sudor y dirigió una mirada al cielo. No podía menos que reconocer que en medio de muchas tribulaciones, Dios había sido su pronto auxilio.
Piénselo con detenimiento: No estamos solos. Por dura que parezca la batalla, tenemos un Dios de poder que nos cuida, guía y ayuda a vencer si arrecian las dificultades.
Dios protege nuestras vidas
Cuando nos movemos en el camino de Dios, nada ni nadie podrá derrotarnos. La razón es sencilla: Él nos ofrece su protección. Está siempre con nosotros, y brinda su cuidado y protección por nuestra condición de hijos, redimidos gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz.
Conscientes de que Dios era quien peleaba por ellos, a su favor, los israelitas se volvieron contra los filisteos, sus enemigos más poderosos, y quienes estaban dispuestos a atacarlos. Confiaron en el Padre celestial y perseveraron hasta derrotarlos pero en el poder de lo alto: “Inmediatamente los israelitas salieron de Mispá persiguiendo a los filisteos, y los atacaron hasta más abajo de Bet-car. Después tomó Samuel una piedra y la colocó entre Mispá y Sen, y la llamó Eben-ézer, pues dijo: “Hasta ahora el Señor nos ha ayudado” (1 Samuel 7:11, 12, versión Dios habla hoy).
Igual cuando experimentamos ataques de Satanás y sus colaboradores. No podemos ni volver atrás ni ceder terreno. Hay que librar la batalla hasta el final, seguros de la victoria en Jesucristo. Reconozca la protección de Dios, siempre y en todo momento, y muévase en el poder de Aquél que todo lo puede.
Para terminar una pregunta: ¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador? No deje pasar la oportunidad. Ábrale su vida hoy mismo.
Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en llamarme a (0057)317-4913705 o escribirme a fernandoalexis.jimenez@gmail.com
En Jesucristo,
© Fernando Alexis Jiménez
En busca de la dirección correcta
En busca de la dirección correcta
(Estudio basado en Colosenses 1:1-11). – Fernando Alexis Jiménez
A Jairo le inquieta la vida cristiana. Su primer contacto con las enseñanzas del Señor Jesús ocurrió una tarde que regresaba a casa del trabajo. Buscaba una estación de radio agradable y de pronto le llamó la atención un expositor. Lo dejó ahí. El hombre dio una dirección urbana y anunció que el domingo siguiente tendrían reunión después de las nueve de la mañana.
Comenzó a asistir pero pronto su sed de aprender le llevó a escuchar a un predicador que se llamaba asimismo la “encarnación humana de Jesucristo“. Sustentaba sus tesis con Escrituras. Y le pareció interesante seguirlo a él. Pronto estaba inmerso en las propuestas heréticas.
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No se deje agobiar por la soledad
No se deje agobiar por la soledad
Fernando Alexis Jiménez
A Oscar Mauricio Sarria lo mató la soledad. Se quitó la vida en una fría habitación en la periferia de Caracas, Venezuela. Lo hizo sin pensarlo dos veces, convencido de que era la única salida del laberinto. Dejó una carta escrita con rapidez y letra pequeña. En ella se consideraba un perdedor. Decía que no había convencido a su esposa de regresar a su lado, que todas las solicitudes de empleo las habían devuelto, y que cada nuevo propósito de cambiar terminaba en derrota. “No vale la pena seguir adelante”, concluía.
Sus vecinos de cuarto no sospecharon nada, excepto la inquietud que les despertaba verlo todo el día encerrado. De su reclusorio voluntario sólo emergía en las mañanas para comprar pan y café. Jamás se refería a sus problemas, aunque alguna vez comentó que llevaba tres meses divorciado. “Esta soledad me va a matar”, repetía con frecuencia.
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Alerta frente a los ataques con pensamientos de maldad
¡Cuidado! Las tinieblas quieren gobernar su mente!
Fernando Alexis Jiménez
Las imágenes se tornaron recurrentes. Emergían con la rapidez de un destello de luz en una noche oscura. Eran secuencias mezcladas, como en una película sin forma, de aquellas que viajan del pasado al futuro y del futuro al presente, sin dar tiempo a procesar las escenas. En todos los pensamientos abundaban inclinaciones a la perversión.
Joaquín estaba desesperado. No concebía que como cristiano estuviera enfrentando una situación así. En su mente se libraba una tremenda batalla. De un lado estaba su convicción de creyente, comprometido con asumir fidelidad a Cristo, pero de otra parte, emergía esa naturaleza carnal, inclinada a todo lo prohibido.
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¿Por qué debo orar?
¿Por qué debo orar?
Fernando Alexis Jiménez
Con frecuencia nos preguntamos qué relación tiene con nosotros la oración. ¿Acaso es importante? ¿De dónde podemos deducirlo? ¿Qué modelo tenemos de oración? ¿Qué produce la oración?
Ahora, en la batalla que libramos como creyentes contra el mundo de las tinieblas, ¿por qué es importante que oremos?
Y es en las propias Escrituras, a las que consideramos nuestra guía para todo cuanto hacemos, en donde encontramos la respuesta.
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Un malentendido… Y todo cambió…
Un malentendido… Y todo cambió…
Fernando Alexis Jiménez
Una palabra. Simplemente una palabra. Expresada en un momento inoportuno. Raquel se quedó mirándolo con expectación, como el médico que ausculta cuidadosamente a su paciente.
–Me temo que me acabas de faltar al respeto–, recriminó.
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El matrimonio no es una pesada carga sino una bendición
Su cónyuge es una bendición… No una pesada cruz
Fernando Alexis Jiménez
Las primeras cartas de amor que se escribieron Flor y Jorge, eran en papel rústico—hojas de libretas de apuntes, para ser más exactos—y con letras grandes. En dos de ellas hicieron dibujos de un corazón, varias margaritas y un paisaje de un sol ocultándose tras las montañas.
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No se deje doblegar por los problemas
Cada circunstancia nos permite aprender y crecer
No permita que las dificultades lo lleven a la derrota
Fernando Alexis Jiménez
El examen en la universidad fue un rotundo fracaso. José Simón recibió la nota de mano del profesor de matemáticas. Impasible, como siempre; como tomado de una fotografía en un museo de cera. Sin gestos. “El suyo”, se limitó a decirle. Para el joven fue un golpe demoledor. Alrededor rostros que reflejaban alegría. En su corazón una profunda tristeza.
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¿Le teme a morir para siempre?
¿Le tiene miedo a morir y emprender el viaje a la eternidad?
Fernando Alexis Jiménez
Cuando Laura abrió los ojos, en medio del bip-bip enloquecedor de monitores en la sala de cirugía, se encontró a boca de jarro con la mirada entre asombrada e incrédula de tres enfermeras, dos médicos y alguien que entró por accidente a preguntar cómo iba la paciente.
Tenía la firme convicción de haber vuelto de la muerte y así se lo confesó a su familia, dos días después, cuando se encontraba en casa. “Sentí que mi cuerpo abandonó el cuerpo y que, en un momento indeterminado, volví en mi, con esa sensación extraña que uno siente cuando un ascensor baja muy rápido del piso más alto del edificio”, explicó.
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