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Evangelio del día 31 de agosto - Ciclo C
Publicado por Admin el 31/8/2016 (236 lecturas)


1 Corintios 3, 18-23 / Lucas 5, 1-11
Salmo responsorial Sal 23, 1-4b. 5-6
R/. "Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella"

Santoral:
San Gil

Para hablar con Jesús

Estaba cansado de seguir tratando de vivir
una vida llena de reglas, cansado y triste
cuando alguien me dijo que tratara
de hablar con Dios.
Pensé mucho y decidí hacer la prueba.
Cerré la puerta y no supe qué decir,
sentado en mi cama, sin nada de qué hablar
con alguien a quien realmente no conocía.
Al día siguiente comenté que no había
podido hacerlo y me dijeron:
- "Cuando no sepas qué decir, solamente
di ‘Jesús’, ese nombre está sobre todo
nombre y tiene poder"

No entendí mucho, pero nada perdía,
y lo intenté esa noche: repetía el nombre
y sentí mucha paz y como que alguien estaba
conmigo, pero solamente, y por más que lo intenté,
no obtuve respuesta. Volví a consultar,
pues me intrigaba ver que había sentido algo.
A lo que me respondieron.
- "El problema es que llamaste a Jesús,
y no le dejaste hablar, Él estaba contigo
pero no le diste oportunidad de hablarte"

Esa noche dije profundamente el nombre de Jesús
y luego guardé silencio, y muchos pensamientos
vinieron a mi mente, y en ellos, una paz muy grande
y un consuelo maravilloso. Entonces entendí
que la única forma real de hablar con Jesús
es calmar los pensamientos de la mente,
no buscar grandes maravillas o señales,
sino solamente su presencia, con eso basta
para que cualquier problema se aleje.

Si estás con problemas, dificultades, o piensas
como yo que no puedes hablar con Jesús
o que no te escucha, recuerda solamente decir
su dulce nombre, calmar tu agitada mente
y dejar que su presencia te cambie la vida,
como lo hizo con la mía.

Eres tan importante como yo para Él...
¿Deseas hacer la prueba?... hazlo
y no te arrepentirás... te lo garantizo.



Liturgia - Lecturas del día


Jueves,
1 de Septiembre de 2016

Todo es de ustedes,
pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto
3, 18-23

Hermanos:
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: "Él sorprende a los sabios en su propia astucia", y además: "El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos".
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 23, 1-4b. 5-6

R. Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos. R.

El recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.



EVANGELIO

Abandonándolo todo, lo siguieron

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».
Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.

Reflexión

1Cor. 3, 18-23. El Padre Dios es el origen de todo y de todos. Nuestra confianza no está puesta en manos de los hombres, aún cuando sean considerados los más sabios conforme a los criterios de este mundo. Por eso nosotros no anunciamos cosas terrenas, sino a Cristo Jesús, que el Padre Dios nos entregó no sólo como Salvador nuestro, sino también como Aquel que nos hace conocer a Dios y el amor que, como Padre nuestro, nos tiene. Así, perteneciendo a Cristo, unidos a Él mediante una Alianza nueva y eterna, junto con Él pertenecemos a Dios Padre, no como simples criaturas suyas, mucho menos como extraños que lo invocan, sino como hijos en el Hijo. Por eso aprendamos a vivir totalmente comprometidos como de hijos de Dios. Unidos a Él demos testimonio de Él en el mundo no sólo como fruto de nuestras investigaciones y estudios eruditos conforme a la ciencia de este mundo, sino conforme a la experiencia que tengamos del amor salvador de Dios, viendo así nuestros estudios sólo como auxiliares y no como fuente de salvación, la cual sólo procede de Dios de un modo gratuito hacia nosotros.

Sal. 24 (23). Cristo Jesús es el "Monte Santo" hacia el que confluyen todas las naciones. Sólo mediante Él podemos entrar en comunión de Vida con Dios y ser de Él. Sin embargo no podemos permanecer en Él mientras el pecado nos aleje de Él. Un corazón purificado, convertido en amor para elevarse a Dios como ofrenda agradable a Él, pero también convertido en amor fraterno para ser un signo del amor salvador de Dios en medio de las demás personas, es lo que Dios espera de su Iglesia. Sin embargo, sabiéndonos pecadores mientras peregrinamos por este mundo, hemos de abrir nuestro corazón a las inspiraciones del Espíritu Santo, que Dios ha derramado en nuestros corazones, para dejarnos transformar por Él en una imagen cada vez más perfecta del Hijo de Dios. Entonces seremos realmente una Iglesia que, mediante una continua conversión, camina hacia su perfección en Cristo mientras peregrina por este mundo.

Lc. 5, 1-11. Jesucristo es la Palabra de Dios que se ha encarnado, se ha hecho hombre, se ha hecho uno de nosotros. Nosotros lo escuchamos para conocer los caminos de Dios y vivir conforme a ellos. Por eso no podemos quedarnos junto a Él escuchándolo, sino que hemos de ser obedientes a su voluntad. Hemos de ir mar adentro, sin miedo a tener que encontrarnos con aquellos que viven lejos de Dios y a los que hemos de hacer llegar también el Mensaje de Salvación, pues la Iglesia no sólo debe ser evangelizada, sino que debe también convertirse en evangelizadora conforme a su propia experiencia personal de vida con el Señor. Sabemos que la fuerza salvadora del anuncio del Evangelio sólo depende de Dios y no de nosotros; que nosotros sólo somos frágiles instrumentos puestos amorosamente en manos de Dios. Cuando realmente logremos ser testigos de la conversión de los que viven lejos de Dios como ovejas sin Pastor, no nos vanagloriemos pensando que lo hicimos nosotros con nuestra ciencia y experiencia; reportémoslo a Dios; arrodillémonos ante Él y reconozcamos su poder salvador, realizado por medio nuestro, a pesar de que somos grandes pecadores; pecadores que, al igual que todos, vivimos en una continua conversión a Dios, que nos ha escogido para instruirnos y enviarnos como portadores de su Evangelio de salvación al mundo entero.
El Señor nos reúne para pronunciar su Palabra Salvadora sobre nosotros, de tal forma que lleguemos a ser en Él, hijos de Dios. Él nos explica las Escriturar y parte para nosotros el Pan. Así no sólo nos anuncia el mensaje de salvación con sus palabras, sino que su Entrega Pascual se convierte también en el lenguaje mediante el cual el Señor nos hace comprender el amor que el Padre Dios nos tiene. Y el Señor nos llama para que entremos en comunión de vida con Él. Su Iglesia recibe así la vocación de convertirse en portadora del Evangelio, no sólo instruyendo a los demás en el Camino de Salvación, sino dando su vida por todos para que todos tengan vida, y Vida eterna. Ante Cristo, con toda humildad, tomemos la firme determinación de pertenecer sólo a Él, para que siendo, en Él, de Dios, podamos continuar su obra salvadora en el mundo.
El Señor ha instituido a su Iglesia para que sea el instrumento mediante el cual la salvación llegue a toda la humanidad, de todos los tiempos y lugares hasta el fin del mundo. Sin embargo no podemos cimentar el anuncio del Evangelio en hechos admirables y milagrosos sino en la adhesión a Cristo Jesús. Quien busca a Cristo sólo para recibir de Él aquello que busca y pretende conforme a sus necesidades temporales, fácilmente puede derrumbarse y alejarse de Él perdiendo su compromiso en el anuncio del Evangelio que nos salva. A veces nos encontraremos con acontecimientos arduos, difíciles en la vida; tal vez el desánimo toque a nuestra puerta cuando, habiéndolo dado todo, la respuesta sea nula o demasiado exigua. Es entonces el momento de reflexionar sobre los criterios que han regido nuestra labor evangelizadora. Es tiempo de saber si hemos estado en oración a los pies de Jesús, si lo hemos escuchado y hemos trabajado obedeciéndolo a Él; o, por el contrario, si hemos seguido nuestros planes, tal vez elaborados de un modo técnicamente perfecto, pero muy al margen de Dios. Sepamos que no somos nosotros los que damos la salvación al mundo. Es Dios; y nosotros sólo somos sus frágiles instrumentos. Haciéndolo todo en su Nombre todo cobrará la eficacia que nos viene de Dios y podremos ser testigos de la obra de salvación que Él realice incluso en aquellas personas en la que parecería imposible que sucediera. Vivamos, pues, en un amor fiel al Señor y a su Palabra.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber ser dóciles a la Palabra de Dios, para que, por nuestro medio, el Señor haga llegar su salvación al mundo entero. Amén.

Homiliacatolica.com
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