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LA MAGIA DE LA VOZ
Publicado por Admin el 18/3/2016 (6046 lecturas)
LA MAGIA DE LA VOZ


La manera de hablar es algo fundamental para saber expresarse bien. Es una excelente carta de presentación. Cuando escuchamos hablar a alguien, podemos conocer su grado de cultura y su educación, no sólo por lo que dice -que es lo más importante-, sino también por la manera de decirlo. Igual conocen de nosotros los demás cuando nos escuchan.

Saber expresarse bien es saber hablar claro, adoptando la fuerza e inflexión de la voz según las circunstancias en que nos encontremos. No es lo mismo dar un pésame que tratar de vender la imagen en una entrevista para buscar trabajo. Mucha gente lograría expresarse mejor y causar una buena impresión con quienes habla, si educara mejor su voz.

-Oiga, pero no dicen que una imagen vale más que mil palabras.

Sí, es cierto, pero también lo es que una palabra bien dicha expresa en ocasiones más que ciertas imágenes que no despiertan por sí mismas ningún interés. No se trata de convertirse en locutores o presentadores sino de adquirir un estilo personal y auténtico donde encuentren su lugar no sólo una buena pronunciación sino también, y ante todo, su personalidad y su carácter.

Existe una conexión muy estrecha entre cómo pensamos o sentimos, y cómo lo expresamos. Sin embargo, no siempre podemos dar a nuestras ideas o sentimientos su forma real en palabras. Podemos comunicarnos mal por desconocimiento de los términos apropiados, por no poder hablar con claridad, por pronunciar incorrectamente, por no saber controlar el tono o el volumen de la voz, etc.

- Pero esa es mi forma de hablar.

Sin duda, aunque usted la puede mejorar mucho si se lo propone. Y las mejoras redundarán en una mejor comunicación con quienes le rodean. Aunque nuestro carácter influye en que hablemos fuerte o bajo, no podemos contentarnos con decir "es que somos así" a la hora de hablar en público. Es necesario aprender la forma de volver más eficiente nuestra comunicación oral, de modo que podamos llegar mejor a la mente y al corazón del público. Esta meta está al alcance de todos.

La palabra hablada es el más antiguo y fácil medio de comunicación que existe. Encierra grandes posibilidades y es la más importante forma de expresión que tiene el hombre a la mano. Su expresión adquiere, con el buen uso de la voz, una riqueza insospechada.

- Mire: hay gente que no abre la boca, o habla muy poco y se impone sobre el que habla mucho, que corre el riesgo de hacerse pesado y convertirse en un parlanchín.

De acuerdo. Sin embargo, no olvide que nos comunicamos no sólo con palabras. También es mensaje nuestro tono de voz, el volumen, la entonación, las pausas, los silencios, etc. Espontáneamente, al hablar, nos damos a conocer y revelamos nuestros sentimientos y emociones más profundos.

Y es natural que sea así. Pero, a veces, estas comunicaciones inconscientes obstaculizan la comprensión de las ideas que queremos expresar. Por eso conviene aprender el modo de hablar más efectivo para dar a conocer un mensaje sin obstáculos. Trataremos de explicarle lo más importante para hablar bien, para que usted llegue a expresarse con un estilo personal agradable y efectivo. estilo personal

Un autor ha dicho que el estilo es la mejor manera personal de expresarse. Cada quien tiene el suyo. Sin embargo, para que llegue

efectivamente al público, debe tener una serie de cualidades objetivas que mejoran la comunicación con él. Son como el marco de su expresión personal, que la resaltan, hacen ver mejor y lo llevaran a tener su propio estilo.

- ¿Y qué cualidades son esas?

Son: claridad, fuerza, vitalidad, variación, ritmo, adaptación al tema y al auditorio, y ser directo ( Ander y Aguilar). Veámoslas:

Claridad. Para conseguirla, es indispensable tener claridad de ideas, lo cual no es otra cosa que comprenderlas bien, sin confusiones. Sólo cuando se entende bien una idea, es posible expresarla correctamente.

De ahí la importancia de no hablar sino de lo que se conoce y se comprende. De lo contrario se corre el riesgo de causar malos entendidos, presentar falsedades como si fueran verdades, etc. La claridad es, sobre todo, un asunto de fondo, de contenidos.

Para darnos a entender no basta con tenerlas claras interiormente. También hay que saber expresarlas; es decir, hay que emplear los recursos de lenguaje necesarios para explicar las cosas sin ambigüedades.

- ¿Y cuáles son esos recursos?

Ante todo, un vocabulario amplio. No hay que usar términos rebuscados o palabras poco usuales, pues perderíamos claridad al no hacernos entender por exceso de complicación, sino de poder recurrir con fluidez a las palabras que necesitamos sin redundancias ni silencios demasiado prolongados.



La claridad es necesaria en todo tipo de intervenciones. Es necesaria tanto para una charla con gente corriente como para una conferencia de especialistas. Desde luego, en algunos casos será necesario hablar con expresiones más técnicas o específicas, pero nunca de modo que el público pueda confundirse.

El orador debe hablar según las exigencias del público, no según su erudición. Evite parecerse a esos oradores que, para hacer alarde de sus conocimientos, hablan como si escribieran un tratado. La calidad de un conferenciante no se mide por la complejidad de las expresiones, sino por su capacidad de establecer con su público una comunicación fecunda y efectiva.

- ¿Qué más necesito para que mi intervención sea clara?

Varios elementos:

¨ Regir su intervención mediante un esquema lógico, lo menos complejo posible, y pasar de un tema a otro de modo que el público lo note.

¨ Utilice abundantes ejemplos.

¨ Insista en los temas principales. Para evitar que la gente no se canse con excesivas reiteraciones, hágalo con expresiones diferentes o analizando el problema desde diferentes puntos de vista.

¨ No vacile en apoyarse en las ayudas didácticas más convenientes.

La sencillez no es lo mismo que hablar vulgarmente. Hablando claro se pueden decir las mayores verdades o la peores tonterías. Recordemos siempre que hablar con claridad no es hablar neciamente, sino expresar pensamientos -aún los más profundos- de modo que los comprendan todos los que le escuchan.

Fuerza y vitalidad. No se trata de hablar con dureza, sino de interesar y motivar al público. Una intervención en público puede causar sueño o sopor, puede adormecer a la audiencia o aburrirla, si el expositor no logra cautivarla. Usted tiene que decir las cosas de modo que el público mantenga su interés y a eso ayuda mucho la fuerza y el convencimiento con que hable. Incluso, si habla alto y claro, de paso evita el sueño de algunos y despierta a los que han empezado a dormir.

Contrarios a la vitalidad son la lentitud, la timidez y la pusilanimidad; tres defectos que no puede tener un orador por ningún motivo. La timidez es superable cuando se olvidan los respetos humanos, el qué dirán, y se dice lo que hay que decir. Contra la lentitud, los remedios son el dinamismo, que da una buena preparación, y el sentir a fondo lo que se está diciendo. Contra la pusilanimidad, finalmente, está la valentía. Hay que asumir el reto de hablar al público y, además, tomarle gusto a este trabajo, especialmente cuando hay que emplearlo regularmente.

Recuerde que sin energía y vitalidad no hay persuasión, ni motivación. Un expositor dinámico entusiasma y atrae.

- Entonces, ¿cómo puedo hacer más dinámico mi estilo?

No se trata de hablar duro, ni a toda carrera, sino con la suficiente potencia y ritmo para que el público no se distraiga.

Utilice palabras directas con fuerza e interés. Evite, no obstante, los clichés o palabras muy gastadas. La energía se consigue más con la vitalidad que transmite el orador, que con el uso de palabras fuertes.

Sea breve. Que sus frases sean sencillas. Evite la pesantez de las construcciones complicadas o de las frases de cajón.

Utilice ejemplos y comparaciones.

Variación y ritmo. Hay que evitar la monotonía. Para ello es necesario animar al público con diferentes cambios en la forma de exponer, que lo mantenga interesado todo el tiempo. Las variaciones de estilo pueden ir desde caminar por el escenario hasta emplear anécdotas, usar ayudas audiovisuales en determinados momentos, etc.

Ayudan mucho a darle variedad a su exposición especialmente dos cosas:

¨ Evitar los tics y muletillas como "este..", “pues”, “eh” “entonces", “efectivamente", "¿cierto?", "¿verdad?", etc.

¨ Saber emplear el sentido del humor oportunamente, para distensionar, atraer la atención, etc.

Aunque el estilo debe ser variado, la exposición debe guardar una unidad clara. Debe mantener un ritmo homogéneo. Para mantenerlo, evite usar frases o muy largas o muy cortas -estilo telegrama- y, menos, contrastar fuertemente unas con otras.

Los silencios juegan un papel importante en la definición del ritmo. Son necesarios para hacer comprender los cambios de tema, la progresión en la exposición y los puntos más importantes. Muchas veces crean un suspenso que le da dramatismo a la intervención.

Adaptación. El estilo no es un corsé inamovible, como no lo es la personalidad. El estilo debe adaptarse a las circunstancias de tema y de ambiente. No es lo mismo hablar entre un grupo íntimo que hacerlo en una plaza pública, aunque sea la misma persona quien lo haga.

Tampoco puede hablarse igual cuando se lee un discurso amistoso en una reunión familiar o cuando se participa en un debate frente a un grupo de expertos. El orador debe comprender la circunstancia de su intervención y hablar conforme a ella.

Esto no significa adaptar a ella el carácter o las propias convicciones u opiniones, pues se caería en hipocresía, inautenticidad y falsedad. Es adecuar la forma de dirigirse al público, de manera más familiar, más formal, con más o menos rigor expositivo, etc, según el caso.

Lo importante es recordar que no es el público quien tiene que adaptarse al orador, sino éste a su auditorio. Al menos, debe ser el que dé el primer paso para que al público le resulte más fácil acostumbrarse al estilo personal del orador.

Estilo directo. Ser directo no es solamente hablar claro, sino llegar a la cabeza y al corazón de los oyentes, de modo que la charla sea realmente una comunicación personal. Para esto, ante todo hay que comprender al público; adivinar sus necesidades, atender a sus intereses y, sobre todo, escucharlo cuando llegue el momento.

Es necesario que el orador se identifique con el público, para poder entender sus circunstancias y responder a sus inquietudes. Esta comprensión no puede ser fingida; el público es siempre perspicaz y se da cuenta fácilmente de las intenciones del orador. Un orador que no sepa llegar directa y sinceramente al fondo de las personas que integran su auditorio no podrá llegar a convencerlas.

Ahora bien, establecer contacto con la gente no es difícil, si deja a un lado las prevenciones y se muestra tal cual es. Hay que recordar que el público responde si ve en el expositor ideas claras, deseo firme de expresar lo que quiere decir y, sobre todo, el ánimo de establecer con él un diálogo con sentido, que lleve al público a estar agradecido por lo que el orador le haya puesto a pensar, o por las ideas que le ha descubierto o redescubierto.

Cómo perfeccionar el estilo

Para aplicar estas cualidades, el orador necesita aportar una serie de ingredientes (Ander y Aguilar). Algunos son talentos naturales de los que ciertas personas están mejor dotadas que otras, pero todos podemos desarrollar el talento de hablar bien. Es cuestión de disciplina, práctica y paciencia.

Sentimiento y emoción. Aunque todos los experimentamos, no a todos resulta fácil expresarlos apropiadamente delante del público. Hay que evitar tanto la frialdad y la indiferencia, como el sentimentalismo. Al hablar en público no puede desligarse nunca el pensamiento del sentimiento. Sentimiento y emoción surgen auténticamente cuando se cree firmemente en lo que se dice. Esta convicción es la que en definitiva convence y mueve las voluntades.

El humor. Es la mejor herramienta de un orador. "El humor fino, el humor auténtico, es un excelente vehículo de comunicación y una fuente inagotable para salir airoso de cualquier situación, aunque no se tenga el don de una palabra brillante”.

“El humor permite improvisar salidas en momentos de apuro, desviar una conversación insulsa, reenviar una objeción o una pregunta poco discreta, rebatir los argumentos del que se pone pesado, inocular buen espíritu donde alguien haya intentado turbarlo, aplazar con una salida ingeniosa la respuesta a una pregunta difícil y comprometedora".

La ironía es una forma aguda y muy ingeniosa de humor. Consiste en decir cosas serias valiéndose de la broma, o expresar algo empleando las palabras contrarias. Es de gran utilidad en debates, discusiones difíciles, defensa de argumentos en los que es necesario ganarse al público, caricaturizar ciertas tesis o planteamientos, cuando se desea convencer a alguien de algo, etc. Pero hay que medirla, porque es una cualidad que se puede transformar en vicio.

Ser irónico puede crear recelo y desconfianza aunque no haya razón para ello, y puede conducir al sarcasmo o a la burla. En el mejor de los casos, su uso demasiado frecuente revela respetos humanos. Siempre es mejor hablar directa y sinceramente, lo que no implica ser ofensivo.

La ironía es señal de inteligencia. Pero si no está matizada de comprensión, respeto y delicadeza, se vuelve un arma hiriente, dolorosa para el que la padece y molesta para el que la presencia. Usela cuando la justicia lo exige -o la confianza lo permite-, y no haya otra manera más franca de decir lo mismo. Para la ironía vale la norma que rige el uso de la espada de los cadetes: "No se desenfunda sin razón, ni se enfunda sin honor".

Hablar bien: arte y técnica

Hemos visto ya los requisitos básicos para hablar en público. Los elementos que hacen de esta actividad un arte. Sin embargo, este arte necesita el soporte de unos fundamentos técnicos. Dichos fundamentos están relacionados ante todo con la voz.

- ¿Como así?

La voz es una parte constitutiva de nuestra forma de hablar. Y puede afectar positiva o negativamente nuestro estilo, según la manera como la utilicemos. La voz es una señal característica de nuestra personalidad, que la diferencia de los demás. Cada quien tiene su voz, pero para hablar en público es necesario pulirla un poco, especialmente si tiene ciertos defectos extremos (muy chillona, demasiado grave, muy baja, mala vocalización, etc). Al corregir estos defectos, su expresión será más sencilla y agradable

- Entonces, ¿cómo me corrijo?

En primer lugar, veamos los tres elementos que determinan las características de la voz. Diferenciándolos podremos ver si tenemos fallas serias en la voz (o de elocución), y de qué manera podemos remediarlas.

Tono: Varía según la dimensión de las cuerdas vocales. Va desde los tonos graves a los agudos. Según el tono, las voces suelen dividirse en cuatro grupos, correspondientes a las cuatro voces básicas clasificadas para el canto: soprano (la más alta) y contralto (la más baja), para voces femeninas; tenor y bajo para masculinas.

No se puede cambiar el tono sin impostar la voz, es decir, forzarla para que produzca sonidos superiores o inferiores a su propio registro. Este es un hábito poco recomendable, pues puede dañar las cuerdas vocales. Procure siempre hablar con su tono habitual, si es alto o bajo.

Evite la voz monótona, lineal y sin cadencias, pues es aburrida e inspira somnolencia. Aproveche con naturalidad la variedad de tonos que ofrece su registro de voz.

Intensidad. Equivale al volumen o fuerza con que se emite el sonido. La intensidad hay que manejarla a voluntad, según las necesidades. Por ejemplo, según el tamaño del auditorio. La variación intencional y oportuna del volumen es uno de los mejores medios para interesar al público en la intervención.

Por medio de ella se puede concentrar la atención dispersa, crear un clima de intimidad o de suspenso, sorprender o impactar, recalcar emotivamente aspectos importantes, etc.

Aumentar la intensidad de la voz no es cuestión de gritar. Cuando se grita durante una intervención es difícil establecer quién se cansa primero, si usted o su público. Hablar fuerte es más asunto de respiración que de forzar la garganta.

- ¿Y si no tengo pulmones suficientes para hablar tan duro?

Desde luego, el micrófono alivia estas preocupaciones casi del todo. Cuando no hay acceso a él, hace falta esforzarse un poco. Dicho esfuerzo es menor si vocaliza bien.

Timbre. Es aquella característica que hace a su voz única, original e irrepetible. Un timbre agradable es variado, sonoro, cadencioso y firme.

Muchas personas se han acostumbrado a hablar exagerando o forzando el tono de su voz, haciéndola chillona, gangosa o demasiado grave, como de ultratumba, etc. Muchas veces hay cambios en el tono de la voz por diversas causas como inseguridad, enojo, temor, mal aprendizaje, etc.

Estos defectos no sólo hacen desagradable o risible la voz, sino que pueden afectar las cuerdas vocales. Por eso hay que aprender a usar la voz adecuadamente; sin duda sonará mucho mejor. Cualquiera puede hacerlo ensayando a solas en casa. El mejor timbre es el que se emite cuando se habla con seguridad. Ese es el que debemos utilizar siempre, y al que debemos recurrir conscientemente siempre que vayamos a hablar en público.

- ¿Y qué pasa si mi voz es diferente y no tiene arreglo?

No es un caso tan habitual como podría pensarse, porque casi siempre hay posibilidades de mejorar la voz. Sin embargo, si tal caso se presenta, recuerde que no es un obstáculo para hablar en público. No es razón para intimidarse, sino motivo para sobresalir.

Cuando se habla con estilo, y se dicen cosas valiosas -todos podemos-, la voz no es tan importante; al contrario, se hace un distintivo característico por el cual el orador no pasa inadvertido. Así ha ocurrido con numerosas figuras públicas, que deben mucho de la fama o simpatía que despiertan, a ciertas peculiaridades de la voz, que los hacen diferentes de los demás.

Lo importante es conocer cuáles son las virtudes y defectos de la voz que tenemos, para reforzar las primeras y sacarles partido, de modo que la gente atienda y entienda lo que le decimos, así los obliguemos a hacer un esfuerzo para captar bien lo que decimos, porque sabemos interesarlo a pesar de todo.

Articulación y pronunciación

La dicción, o "arte de decir", corresponde al acto material de decir una palabra.

- Explíqueme, por favor, que es eso.

Por ejemplo, si usted lee un discurso y el público dice "¡Qué buena dicción tiene!", no se están refiriendo ni al interesante contenido, ni al entusiasmo que despertó, ni al estilo con que lo hizo, ni al amplio vocabulario, ni a la fuerza de la voz, sino a la manera como emplea los órganos vocales (boca, garganta, labios, lengua, etc.) para emitir las palabras.

- Comprendo; la dicción se ocupa del modo como pronuncio las palabras.

De hecho, la dicción de divide en dos partes: articulación y pronunciación. La primera corresponde a la manera como decimos las consonantes, y la segunda a como decimos las vocales. El término pronunciación se ha generalizado más y corrientemente abarca también el significado de articulación. Sin embargo, es más conveniente diferenciarlos, para no incurrir en equívocos.

- ¿Y cómo puedo mejorar mi dicción?

Ejercitándose. Es la única manera. Si practica frecuentemente, en poco tiempo habrá mejorado notablemente su forma de pronunciar y de articular la voz.

- ¿Y qué ejercicios me recomienda?

1. Ante todo, lea en voz alta. Y no lea maquinalmente: lea comprendiendo, inteligentemente, recalcando las palabras claves y variando el ritmo según la importancia de cada pasaje.

2. Ejercite su pronunciación. Lea exagerando las vocales.

3. Que todas las letras de las palabras sean inteligibles. No deje morir el final de las palabras o de las frases. Mantenga el volumen y el tono estable a lo largo de toda la palabra.

Ejercicio # 1

Teniendo en cuenta estos tres aspectos, lea un texto (puede ser una noticia del periódico o de una revista, algún pasaje interesante de una novela o un relato, etc). Más adelante veremos otros ejercicios más detallados.

Cantar para hablar bien

Finalmente, un consejo práctico: Cante. Aquí tiene un secreto que vale oro. No lo desperdicie.

- ¿Cantar? ¿Y para qué quiero cantar?

El canto ayuda mucho a dar claridad a la voz. Quien puede dar con precisión una o varias notas musicales consecutivas, es capaz de hablar claramente y, más aún, puede dar muchos matices y variaciones a su propia voz.

Muchas personas, por timidez o cualquier otra causa, se han acostumbrado a usar mal su voz. Hablan muy suave o muy enredado, muy lento o excesivamente rápido. Muchos tienen miedo de su propia voz, hasta llegar incluso a rehusar ser grabados o a oír su voz registrada en una casete de sonido.



Pues bien, el canto -en un coro o un conjunto, por ejemplo- ayuda muchísimo a eliminar todos estos vicios, porque exige al cantante, primero, afrontar y conocer su propia voz; segundo, educarla haciéndola más precisa y matizada; tercero, mejora la pronunciación; y cuarto, desarrolla la potencia de la voz. Una voz acostumbrada a cantar es siempre más clara, limpia y agradable. Además, no olvide que quien no tiene miedo de cantar, menos aún lo tiene para hablar en público; al contrario, lo segundo le parece más sencillo, y lo hace con propiedad.

- Pero yo no tengo oído musical.

No importa. Muchos buenos conferenciantes y oradores jamás han cantado en su vida. Cantar no es requisito para hacer una buena exposición. Sin embargo, es una buena ayuda. Por eso, quien tenga disposición y gusto por la música vocal, ganará mucho para su propia expresión verbal, si desarrolla estas habilidades, además de lo que la música misma le proporciona.

En todo caso, tenga o no disposición o facilidades para la música, hay una serie de técnicas destinadas a mejorar la voz, que conviene que usted conozca. No ahondaremos en ejercicios complejos y tediosos a los que tienen que someterse los locutores y cantantes profesionales. Simplemente voy a explicarle algunas prácticas fundamentales.

Ejercicio # 2

Para adquirir una buena dicción, lo primero es aprender es a relajar la musculatura corporal, en especial la del cuello y la boca.

- ¿Y cómo se hace?

Mediante un ciclo de ejercicios. Procure hacerlos todos, en el orden que le indicamos.

1. Colóquese de pie, con la cabeza y la espalda rectas, solo que ahora usted eleva los hombros tanto como pueda y los deja caer sin que se hunda el pecho. Repítalo hasta que desaparezca la sensación de tensión en los hombros.

2. Ahora, con la misma posición inicial, deje caer totalmente la cabeza sobre el pecho, luego sobre el hombro izquierdo y después sobre el derecho. Finalmente, otra vez hacia adelante de manera rápida, sin hacer esfuerzo; que todo se caiga por su propio peso.

3. Después vienen los ejercicios de la cara. Relaje la mandíbula inferior permitiendo que caiga por gravedad. Abra todo lo que pueda la boca y ciérrela, procure que este movimiento requiera la menor fuerza o tensión.

4. Con el maxilar relajado, apoye la punta de la lengua contra los incisivos inferiores como si se fuera a bostezar. Emita un "aaaaaaa" a manera de suspiro y vea cómo la tensión de la boca disminuye.

Repita estos ejercicios varias veces al día hasta que los domine, y recuerde también realizarlos antes de una intervención en público.

Ejercicio # 3

Manera de articular cada letra





Vamos a practicar ahora algunos ejercicios para mover la lengua y los labios. Siempre es bueno un calentamiento que nos prepare.

Ejecútelos diariamente, varias veces consecutivas, hasta que tenga cierta facilidad.

1) Abra la boca tanto como le sea posible. Abajo la mandíbula y las comisuras de los labios bien separadas, lo más rápido que pueda y de un solo golpe.

Ahora cierre la boca instantáneamente y apriete los dientes con toda su fuerza.

2) Nuevamente abra fuertemente la boca y mueva su mandíbula a la derecha y a la izquierda varias veces sin mover la cabeza.

3) Lance el maxilar inferior hacia adelante, bájelo y súbalo nuevamente, a manera de cuadrado.

4) Con la boca cerrada, apriete los labios hacia adentro con toda su fuerza.

Separe ahora los labios rápidamente dejando ver los dientes apretados aún.

Vuelva nuevamente a apretar los labios.

5) Hinche ahora las mejillas con los labios cerrados.

Pegue las mejillas entre sí sin abrir los labios

Eleve las aletas de la nariz como si tuviera asco, al mismo tiempo baje todo lo que pueda el labio superior.

6) Abra y cierre la boca primero con los labios abiertos y luego cerrados

7) Abra la boca, saque la lengua muy puntiaguda, entre la lengua y cierre la boca. Por último, haga que su lengua recorra rápidamente las encías.

8) Con la boca abierta saque y entre la lengua rápidamente varias veces.

9) Con la boca abierta haga que la punta de la lengua toque sucesivamente los dientes superiores, inferiores, la comisura labial derecha y después la izquierda.

10) Saque la lengua, y en punta muévala rápidamente de arriba a abajo varias veces.

11) Apriete los labios, sople fuertemente con la boca cerrada y provoque una pequeña explosión después.

12) Pronuncie sucesiva y rápidamente la expresión “ta, ka”

13) Pronuncie el sonido de la n, como si fuera un motor.

14) Ejercítese ahora en la pronunciación de trabalenguas como por ejemplo:

"El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará?, aquel que lo desenladrillare, buen desenladrillador será."

"El arzobispo de Constantinopla se quiere desarzobizconstantinopolitanizar; el que lo desarzobizconstantinopolitanizare, un buen desarzobizconstantinopolitanizador será."

"Pablito clavó un clavito. ¿Qué clavito clavó Pablito?"

"Corazón de la corazonería".

Ejercicio # 4

Para aplicar a este ejercicio, se deben haber aprendido bien los anteriores.

Respire lo más profundamente que pueda y cante una canción con la boca cerrada. En un principio lo hará tomando aire las veces que sean necesarias. Una vez dominado el ejercicio, con una sola bocanada de aire mire cuánto tiempo es posible cantar con la boca cerrada sin tomar aire de nuevo.

Procure darle precisión a las notas y hacer la letra lo más comprensible dentro de lo posible.

Ejercicio # 5

Bien, ahora entraremos a los ejercicios de extensión tonal.

Pronuncie la frase ¿estas tú aquí?, empezando con un tono bien grave e irlo subiendo hasta lo más agudo que pueda.

Una vez hecho lo anterior pronuncie las siguientes tres frases en un tono grave, pero con matices diferentes, es decir de diferentes maneras.

- ¡Qué oscuro está!

- Está totalmente desesperado

- Qué suave y caliente está.

Pronuncie las siguientes frases con las correspondientes variaciones de tono, rapidez y colorido.

- Entra sin hacer ruido. Mi madre está enferma.

- No, lo siento. No puedo hacer lo que usted quiere.

- Usted vendrá con nosotros, ¿no es verdad?

- ¡Déjeme hacer esto por usted!

- Este es el libro más absurdo que he leído.

- ¡Que sillón más cómodo! ¡No me movería de él!

- Rápido, el tren entra en la estación.

- Hay fuego en la cocina. Llama a los bomberos.

Y las tres frases siguientes las dirá en tono agudo pero con matiz diferente.

- ¡Vuelve! ¡Es peligroso!

- ¡Oh, mira lo que he encontrado!

- ¡Está tremendamente conmovido por ello!

Ejercicio # 6

Lea el siguente texto de manera que no se note el menor esfuerzo para la pronunciación de las sílabas iniciales de las palabras. Articule cada una de manera fluida y no como un montón de sonidos.

-¡Eso va a ser complicado!

Le aseguramos que no, pues usted ya debe estar preparado. Enfrentar un texto complejo es necesario, y además es un reto interesante. !Animo¡

TEXTO 1

"Son las diez, la señora va a levantarse. En ancha cama de bronce dorado, altísima la cabecera, labrada de finas labores reposa la gentil española. Reclina su cabeza en diminutas almohadas, guarnecidas de lazos de seda, orlada de anchos y sutilísimos encajes. Un rico cobertor bordado en oro y seda cubre la cama...

La señora se levanta. Sus largos y negros cabellos están partidos en bandas y atados atrás con una cinta; cubre su adorable cuerpo amplia y suave camisa, cuyas mangas se abrochan en la muñeca con botones de brillantes; son los puños y el cuello de seda con caprichosas flores bordadas.

Sus criadas vanle ministrando los afeites. Una la perfuma con pastillas olorosas; rocíala otra cogiendo agua de azahar en la boca lanzándola a través de los dientes en menuda lluvia.

En el tocador, como en todos los tocadores, hay mil chismes y variados efectos. Hay en este, si te place, lector -y tomo la relación de un poeta de la época-, un emballenado (corsé) nuevo; treinta y seis peines, entre pequeños y grandes, diez de hueso y catorce de marfil, los demás de boj; trece cascos y medio de búcaro de la Maya; seis pares de perendengues; seis papeles de alfileres; dos pares de guantes; treinta papeles de color, a más de las salsillas, y librillos para el afeite de la tez; Un espejo de media luna; un papel de solimán; tres moldes y tres agujas para el pelo; seis perantones; tres abanicos pequeños "descubretalle"; una memoria para la cara y cabello; tres sortijas de azabache; seis de vidrio; unos lazos nuevos de azul claro; bocadillos, bobos, cintas..." (Azorín)

Puede buscar textos similares en libros o revistas para practicar la fluidez y la expresividad de sus palabras. Procure sentir lo que lee, perciba el ritmo del texto, evite dramatismos innecesarios. Mantenga el interés con cadencias, pausas y énfasis.

Ejercicio # 7

Haga el siguiente ejercicio para desarrollar la intensidad de su voz.

Repita frases cortas como por ejemplo "¡... me es totalmente indiferente!", como si se estuviera dirigiendo a una persona que se encuentra cada vez más lejos, pronúnciela en todos los tonos desde el más bajo, hasta terminar gritando, pero sin forzar su garganta chillando, porque de esa manera el ejercicio pierde su objetivo. Siempre trate de hacerlo llevando un tono claro y sonoro. Al final, repita el ejercicio cantando la frase.

Le recomendamos constancia en la aplicación de estos ejercicios. Con una buena disciplina puede mejorar muchos defectos en su dicción. Recuerde que para causar agrado y captar la atención del público ayudan mucho un timbre cálido y simpático, un ritmo dinámico y una voz flexible y expresiva.

Todas estas cualidades pueden conseguirse mediante la aplicación de técnicas adecuadas. Recuerde que una buena dicción no es útil solamente para exponer ideas ante un grupo numeroso; lo es para cualquier ocasión en que deba comunicarse con otra persona. Si perfecciona su forma de hablar, usted gana. ¡Adelante!

La respiración: consejos prácticos

La respiración es uno de los puntos claves en la técnica de hablar en público correctamente. La manera como respiramos determina en gran medida nuestra forma de hablar e, incluso, nos puede ayudar a pensar y a desempeñarnos mejor durante toda la charla. Es muy importante aprender a respirar correctamente.

- ¡Pero lo que me interesa es cómo decir lo que me toca, nada más!

Claro, si no quiere, no tiene que hacerlos; pero son recomendables no sólo para aprender a hablar mejor, sino también por su salud. Además, no olvide que en una exposición la forma cuenta mucho. Mientras mejor hable, mejor se comunicará con su auditorio.

- El problema es que soy muy nervioso y me cuesta trabajo controlarme.

Muchas personas sufren, por distintas causas, un alto grado de nerviosismo cuando tienen que hablar en público. En ocasiones llegan a bloquearse tánto que se olvidan de lo que tienen que decir, y no son capaces de salir airosos del problema. Para esos casos no es suficiente afrontar a secas la situación, por lo que el esfuerzo de autodominio debe ir complementado con algunos ejercicios previos de relajación.

Si la conversación tiene que salir bien, nos sentimos muy presionados o nerviosos por el público o por lo que tenemos que decir. En ese momento es vital "lanzarse al ruedo" calmados. Los ejercicios de respiración son una gran ayuda para esto.

- ¿Qué tiene que ver como yo respiro con mi comportamiento ante el público?

Tal vez le ha ocurrido que cuando se encuentra nervioso antes de una actividad muy importante ante la que no se siente muy seguro-presentar una entrevista para su nuevo trabajo, responder un examen definitivo, dirigirse a un público numeroso, etc.-, usted busca inconscientemente un lugar apartado para estar a solas, en silencio y ordenar sus ideas.

Si se detiene a observar, su corazón late apresuradamente y los sentidos no responden normalmente, mientras su cuerpo busca automáticamente restablecer la calma, principalmente mediante una respiración larga y profunda. Incluso hay quien levanta disimuladamente los brazos. El único efecto físico de dicha acción es que entra más aire en sus pulmones.

Como sabemos, el oxígeno proporciona al cuerpo la energía necesaria para trabajar. Además, en situaciones de tensión nerviosa el organismo consume más energía de lo habitual, por lo que requiere más oxígeno en esos momentos. El corazón late más aprisa, pues bombea más sangre -transporta más oxígeno-. De ahí que en momentos previos a situaciones difíciles, el cuerpo busque restablecer la calma suministrando más aire a los pulmones.



Fisiología de la respiración

Ahora bien, los ejercicios de respiración buscan simplemente potenciar el suministro de oxígeno a todo el organismo, y principalmente al cerebro, centro de la actividad fisiológica y mental. Son por eso una gran ayuda para relajarse y enfrentar calmadamente la situación.

- ¿Sabe usted? Frente a esos ejercicios tengo mis dudas.

Las personas que deben representar en público actos que exigen altas dosis de concentración y exactitud, suelen hacer ejercicios de relajamiento y de preparación sicológica antes de salir a escena. Piense en un ballet, un coro, un concierto, una obra de teatro, un circo o una ópera. Cualquier falla se notará. En el mejor de los casos, una rechifla; en el peor, un accidente grave.

Aunque dictar una conferencia o dar una charla, no suele ser tan complicado como interpretar a Hamlet o dar un salto mortal a diez metros de altura. Para una persona tímida o extremadamente nerviosa, hablar en público es similar a hacer acrobacias circenses. Por lo mismo, debe prepararse bien, y disponerse para que su memoria, su voz y su cuerpo respondan adecuadamente a su voluntad.

Los ejercicios de respiración son una gran ayuda, especialmente para los neófitos, pues la experiencia reduce considerablemente el nerviosismo y habitúa al individuo a entrar en contacto directo con su auditorio.

En todo caso, habituarse a respirar mejor es saludable, y es recomendable que toda persona adquiera el hábito de usar mejor sus pulmones. Después de todo, oxigenar el cuerpo a través de una buena respiración, eleva su capacidad energética, facilita el movimiento de sus músculos y le da lucidez a su cerebro permitiéndole una mejor concentración. Si se oxigena bien, pensará mejor.

Veamos ahora algunos ejercicios.

Ejercicio # 8: Respiración cuadrada.

Se llama así porque induce a respirar en cuatro tiempos.

- ¿Cómo así?

Lo primero que va a hacer es sentarse cómodo. No importa dónde, siempre y cuando esté cómodo. Inmediatamente suelte todos sus músculos, y así le cueste un poquito de trabajo, sonría. ¿Listo?, entonces podemos empezar. Vacíe completamente sus pulmones. Una vez hecho esto, proceda a llenarlos durante 5 segundos. No se apresure.

Cuando llegue al punto máximo de respiración, mantenga el aire durante 5 segundos más. Los segundos se cuentan mentalmente. Ahora deje salir el aire durante 10 segundos hasta vaciar los pulmones del todo. Por último manténgalos vacíos durante 5 segundos más antes de iniciar de nuevo.

Hágalo tres o cuatro veces concentrado únicamente en la respiración, 10 minutos antes de salir a exponer. Acostúmbrese a respirar profundo con cierta regularidad durante el día. Póngase de pie y camine en posición recta. Poco a poco descubrirá lo bien que se siente y el gran beneficio que le trae a su salud.

Tenga en cuenta, en todo caso, que no siempre se pueden hacer los ejercicios antes de hablar en público. Sea porque no hay espacio, porque el tráfico lo obligó a llegar sobre el tiempo, o por cualquier otra razón, habrá momentos en que deba salir sin ningún tipo de relajamiento. Y deberá estar preparado para ello.

La respiración calmada y metódica es una ayuda simplemente. No hay que hacerse dependiente de ella: lo importante está en afrontar el momento, hacer el esfuerzo por "salir al otro lado" -y salir bien-, y dejar de sentirle temor al público. Si las cosas no resultan excelentes la primera vez, en la siguiente saldrán mucho mejor.

La respiración ayuda a la voz

Partiendo de esta base, le diremos que la forma en que usted respira determina la fuerza de su voz; es decir, entre mejor respire, mejor hablará.

- ¿Otra vez respiración? ¡Explíqueme eso!-

Cuando hablamos de actividades preparatorias mencionamos, algunos ejercicios respiratorios de relajamiento. Sin embargo, no sólo se hacen para eso: hay otros que ayudan a hacer la voz más potente. Veamos algunos.

Ejercicio # 9

Colóquese de pie, lo más derecho que pueda, sin tensionarse. Eleve un poco la cabeza, de forma que el aire entre a sus pulmones con más libertad. ¿Listo? Bien, ahora respire suavemente por la nariz hasta que los pulmones queden totalmente llenos. Manténgalos así durante cinco segundos, luego suelte el aire despacio por la nariz. Es sencillísimo, hágalo tres o cuatro veces cada dos horas y se sentirá muy bien. Lo más importante de este ejercicio, es que usted se acostumbre a respirar profundamente la mayor parte del tiempo. Así, su capacidad de contener aire se hará mayor y por lo tanto tendrá mucha más facilidad para realizar los otros ejercicios.

Ejercicio # 10

Una vez se acostumbre a respirar profundamente con cierta regularidad, empiece con este ejercicio: En la misma posición, tome todo el aire que pueda por la nariz y trate de acumularlo solamente en el pecho. Ahora lo expulsará por la boca muy lentamente. Hágalo también tres o cuatro veces cada dos o tres horas. Sólo le tomará un par de minutos. Una vez lo domine, traslade el aire tomado al vientre. Es un poco más difícil, pero con algo de práctica se le facilitará. Practique constantemente; es la mejor forma de lograr una voz potente. Ejercitándose una y otra vez, se dará cuenta de cómo progresa en el manejo de su voz, en intensidad y tono, en ritmo y claridad. Descubra por sí mismo la magia de su voz, eso que le abrirá tantas puertas y de lo que usted necesita constantemente. Habrá dado un paso más para saber expresarse bien en todas las circunstancias de su vida.
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