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PORNOGRAF?A Y EROTISMO
Publicado por Admin el 17/6/2010 (1162 lecturas)
TEOLOG?A MORAL

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SUMARIO

I. Erotismo:
1. Un t?rmino ambiguo;
2. Erotismo entre religi?n y moral;
3. Erotismo y modernidad: ?las ciencias humanistas?

II. Pornograf?a:
1. Erotismo y pornograf?a en la actualidad;
2. Deontolog?a legal espa?ola sobre la exhibici?n cinematogr?fica de material pornogr?fico y violento;
3. Pornograf?a y violencia en los medios de comunicaci?n social;
4. L?neas para una valoraci?n moral;
5. Conclusi?n.



"El erotismo es una actitud que privilegia en la vida social y en las manifestaciones culturales las formas de la vida sexual, proponi?ndolas como valores absolutos". Des,pu?s de haber definido as? el t?rmino, la Enciclopedia Europea (Garzanti, Mil?n, 4 [1977] 595) prosigue: "Es cuesti?n controvertida qu? relaci?n dice el erotismo con la pornograf?a, es decir, con el empleo deliberado, en el orden de la comunicaci?n literaria o figurativa, de medios ordenados a suscitar la excitaci?n sexual. Te?ricamente se pueden definir ambos conceptos con una cierta claridad; sin embargo, en el plano pr?ctico y en relaci?n con los contenidos, es sumamente dif?cil la distinci?n (que, por lo dem?s, implica consecuencias no s?lo morales), dado que la ley prev? en todos los pa?ses medidas represivas de la pornograf?a verdadera y propia".

El fen?meno de la pornograf?a, del que se hablar? por extenso luego, II, y que denuncia una presencia tentacular en la sociedad, llega a delimitar el territorio, no solamente ling??stico, en que se inscribe culturalmente el erotismo.

Este territorio es el del cuerpo o, seg?n se prefiere decir bajo el influjo de fil?sofos fenomenologistas, la corporeidad. El erotismo alude a una realidad total, a una totalidad significante, que la pornograf?a ha reducido a objeto sexual, rompiendo la unidad originaria persona-cuerpo.

I. Erotismo

1. UN T?RMINO AMBIGUO. Entre sus innumerables significados, el que lo relaciona m?s fuertemente con la palabra griega eros indica deseo ascensional. Ese deseo ha animado no s?lo a ciertas filosof?as (Plat?n, Agust?n), sino tambi?n a la m?stica m?s pura, lo mismo est?tica que teol?gica, hasta convertirse en tensi?n solucionadora de los conflictos econ?micos-sociales en la utop?a de H. Marcuse, Eros y civilizaci?n.

Para llegar desde el deseo plat?nico del alma orientada al bien a la inquietante definici?n de A. Pieyre de Mandiargues, para el cual "el erotismo es una apasionada iluminaci?n del sexo humano en sus juegos voluptuosos y dram?ticos, hasta en sus m?s rec?nditas exasperaciones y anomal?as", ha pasado toda la intrincada historia cultural de Occidente con la invenci?n de la moralidad y la inmoralidad, de la subjetividad y de la politicidad.

No obstante, es necesario afirmar que Oriente, en una visi?n intemporal de la relaci?n entre existencia individual y causalidad absoluta, en el m?s estrecho contacto con los mitos que fundaron sus religiones, no ha sentido la fascinaci?n de su actualizaci?n. Por eso las concepciones orientales del erotismo mantienen la frescura po?tica de la fe en la circularidad de esp?ritu y materia, que abarcan las manifestaciones de la sexualidad corp?rea en la celebraci?n del ciclo de la vida m?s all? de la historia y de las pasiones.

Para algunos, como el psic?logo Hillmann (Saggio su Pan), tambi?n Occidente vivi? las mismas tensiones interiores en la relaci?n entre instinto "p?nico" y religiosidad natural hasta el advenimiento de Cristo. Lo que hab?a aparecido como celebraci?n del vigor, de la fuerza del ser vivo y exaltaci?n de todas sus caracter?sticas, se convierte de golpe, mucho m?s all? de los formalismos hebreos en "esc?ndalo", o fue considerado tal.

Como quiera que se considere la historia de la moralidad, es indudable que con la predicaci?n cristiana los nuevos c?nones de interpretaci?n de la corporeidad y las nuevas formas de comportamiento llegar?n a imponerse como distintivo de una comunidad ?tico-religiosa, que por su novedad se contrapon?a a todas las religiones existentes consideradas falsas.

2. EROTISMO ENTRE RELIGI?N Y MORAL. En torno al erotismo, o mejor, en torno a lo que durante siglos se hab?a considerado la ?ndole er?tica de la existencia humana, se tej?a una especie de lucha que ven?a a afectar a los mismos fundamentos de la concepci?n religiosa. Por una parte estaba la concepci?n religiosa de los griegos o la de los egipcios -ala que se adhirieron los mismos cristianoscon la divinizaci?n del mundo y de la vida en todas sus formas y funciones, comprendidos tambi?n ciertos tipos de hombre: el h?roe y el fara?n; por otra, la religi?n de la palabra, del esp?ritu, del Dios ?nico, que trasciende netamente la naturaleza y el hombre.

A la unidad indistinta del cuerpo animado se opone la distinci?n, no s?lo filos?fica, de cuerpo y alma, diferenciando las funciones y los atributos corp?reos de las facultades y dotes del alma. Y la que incluso en Arist?teles se puede considerar una distinci?n metodol?gica, en la interpretaci?n de Tom?s de Aquino se convierte tambi?n durante siglos en la base y el fundamento de la progresiva separaci?n del cuerpo del hombre de su esp?ritu como dos entidades opuestas con la consiguiente identificaci?n de la esfera er?tica con la tendencia al puro placer f?sico.

Un especialista del erotismo ha podido afirmar que, al proponer el ideal universal de la caridad, el cristianismo hab?a impuesto un giro a la relaci?n entre el hombre, el mundo, el cuerpo y los dem?s; ello le imped?a al verdadero cristiano reconocer en el erotismo el valor de la afirmaci?n de la absoluta necesidad del placer en la realizaci?n de toda acci?n, y sobre todo en la relaci?n con los dem?s (G. BATAILLE, Erotismo, 1957).

La disensi?n de convicciones religiosas se transforma inmediatamente en conflicto de civilizaci?n. El erotismo se reviste de dos valencias opuestas: una, de intento de liberaci?n de la necesidad sexual para afirmar la libertad individual -que recoger?n los escritores llamados libertinos del siglo xvn-; otra, de carga negativa y peligrosidad potencial, bien por estar ligada a la esfera de la procreac??n, bien por su conexi?n con los tab?es de dominio religioso.

No al azar se ha hablado del movimiento de los libertinos; se ha hecho s?lo para indicar que en la atormentada historia del erotismo ha habido una implicaci?n moralista en la exaltaci?n del erotismo y una tendencia moralizante en quienes, por el contrario, lo condenaban.

El cristianismo pretend?a justamente sustituir el equilibrio ol?mpico de la perfecta coincidencia entre vida racional y vida instintiva con una verdadera y aut?ntica moral de la voluntad, de la elecci?n y de la responsabilidad. La conciencia sustituye al sujeto. Y, por encima de cualquier dualismo de car?cter metaf?sico y antropol?gico, se apoyar? justamente la nueva concepci?n del hombre en este elemento. En ella se intenta reconstituir una unidad entre el hombre y Dios, que se supone interrumpida por el pecado de origen. No existe nada "naturalmente" inocente, excepto el Hijo de Dios, que justamente en cuanto v?ctima inocente viene a dar nuevo sentido a la relaci?n entre naturaleza y esp?ritu. El lugar de la encarnaci?n es el cuerpo, pero el sujeto de la redenci?n es el esp?ritu, al que, como lo dir? claramente san Pablo, debe acompa?ar el cuerpo en un caminar fatigoso.

Al aceptar la separaci?n y oposici?n entre cuerpo y esp?ritu, san Pablo ha colocado simb?licamente el cuerpo en la bisagra entre ?tica cl?sica y moral cristiana. Por un lado, la ausencia de ley; por otro, la ley jud?a, elemento perturbador, que es preciso eliminar incluso en su formalidad preceptista, pero que hay que "sustituir" en su funci?n y en su contenido. La ley seg?n la carne, en la que se fundaban la religi?n y la civilizaci?n jud?as, hab?a que sustituirla por la ley seg?n el esp?ritu. Carne y esp?ritu vienen a encontrarse en campos opuestos, pero proporcionados: el hombre puede ser salvado, en cuerpo y alma, si se une a la pasi?n de Cristo con su comportamiento concreto y dirigiendo su cuerpo de modo que se adecue al de Cristo. Cristo es el cuerpo simb?lico a dos niveles: en el primero es la v?ctima sacrificial, el primero de los resucitados, el nuevo Ad?n primog?nito de la humanidad reconciliada; pero es tambi?n s?mbolo de la nueva humanidad de la cual son miembros los creyentes. Al orden simb?lico corresponde un modelo para el cual ser cristiano significa ser seguidor y fiel imitador de Cristo. El erotismo como caracter?stica del comportamiento seg?n la carne queda abolido; m?s a?n, es aborrecido como una pr?ctica de los no creyentes, de los no elegidos, incapaces de "elevarse".

Mas es posible que en esta visi?n paulina se haya perdido ya el sentido primitivo de aceptaci?n de lo humano, como lo hab?a presentado Jes?s de Nazaret. Es probable que la predicaci?n de Jes?s hubiese insistido m?s en la liberaci?n de las leyes impuestas por la religi?n jud?a y que hubiese contemplado una religi?n de la interioridad sin la definici?n ling??stica ni metaf?sica de los ?mbitos de lo puro y de lo impuro, de lo sagrado y de lo profano, de lo ?tico y de lo moral. Un ideal de humanidad nueva se asoma en sus discursos, que dejan espacio a la pertenencia al Padre ?nico, a la misericordia rec?proca, al respeto de los ?ltimos, sin sistemas de reglas formales y sin m?s preocupaci?n que buscar el reino de Dios. La figura de la religi?n institucionalizada se sustitu?a por el s?mbolo del reino, como b?squeda y restauraci?n de cuanto exist?a ya y deb?a ser redescubierto para encontrar su verdadero significado. La amistad y el amor son una funci?n de la estructura del reino, y el cuerpo no es m?s que presencia mediadora, espacio y lugar de la comunicaci?n.

Pero es imposible formular una sistematizaci?n moral de los gestos y las palabras de los evangelios. Ellos son el cuadro maravilloso del obrar ideal, la referencia perenne para el legislador y para el ciudadano del reino.

3. EROTISMO Y MODERNIDAD: ?LAS CIENCIAS HUMANISTAS? Y as? el problema de la gesti?n del cuerpo experimentar? todas las vicisitudes del conflicto alma-cuerpo, y el erotismo crecer? como fil?n contrario a la religi?n, escapando a cualquier recuperaci?n posible en el seno de la tradici?n moral cristiana.

Le tocar? al "moralismo" libertino proponer de nuevo en clave antirreligiosa el problema, mientras que en la mentalidad popular conviv?a una especie de doble c?digo, que reconoc?a en el erotismo casi un mal inevitable.

El iluminismo y la revoluci?n francesa, atentos alas noticias que se iban difundiendo a prop?sito de los usos y de las costumbres de pueblos primitivos, hicieron ver las contradicciones, las ambig?edades y los conflictos de las concepciones presentes en la existencia "espiritual" de Occidente.

El frustrado debate sobre el erotismo, condenado siempre por todas las instituciones nacidas del cristianismo, si ayudaba a organizar una vida calificada de "honesta" en los m?s, no hab?a resuelto el conflicto de civilizaci?n que con raz?n hab?a suscitado el cristianismo y que cre?a deber mantener en su "juicio" sobre el mundo y sobre la historia.

El mismo psicoan?lisis, a pesar de tener el gran m?rito de estructurar epistemol?gicamente una ciencia del alma y de la sexualidad apelando a la libido, los instintos, las pulsiones del ello, sigue denotando de hecho entidades abstractas. La civilizaci?n moderna ha adoptado respecto al erotismo una actitud sustancialmente enga?osa, de exaltaci?n y de prohibici?n a la vez, a la que ha correspondido otra forma tendenciosa m?s fraudulenta, la relativa a la llamada libertad sexual, separada de todo contexto social.

M?s atenta se ha mostrado la perspectiva sociol?gica, que sugiere el estudio del erotismo como mecanismo de la comunicaci?n y elemento estructurante del lenguaje gestual t?pico de los varios grupos sociales. La moda, esa carrera perenne hacia lo "moderno", es uno de los fen?menos que los soci?logos m?s atentos estudian para determinar los significados del erotismo y su funci?n de amalgama y cemento social.

Se atribuye a la antropolog?a cultural y a la sociolog?a, m?s que a la psicolog?a, el m?rito de haber replanteado el estudio del erotismo no solamente como patolog?a del comportamiento, sino como tendencia hacia el grupo y como connotaci?n "tribal" t?picamente humana. Destacando ese significado de m?s que posee el comportamiento sexual humano en relaci?n con el animal, la antropolog?a cultural ha indicado el camino para una aproximaci?n diferenciada al problema del erotismo.

Tampoco la medicina, que en parte hab?a influido en la psicolog?a, ha sabido dirigir una mirada correcta al erotismo: "Sintom?tico de una enfermedad org?nica, de un estado neur?tico, psic?tico o demencial, o ligado a perversi?n, el t?rmino erotismo indica el complejo de las resonancias psico-afectivas, sensoriales y morales y las implicaciones de comportamiento que inducen a exagerar las tendencias instintivas y las preocupaciones en el campo sexual" (Erotismo, en Diccionario M?dico Larousse, Editrice Saie, Tur?n 1984, 327).

Incluido en el cuadro de las patolog?as, el erotismo desemboca en la man?a er?tica, es considerado totalmente negativo, se lo confina en la serie de las calamidades ps?quicas sobre las que la medicina tiene poco que decir y que la psicolog?a debe seguir intentando continuamente comprender para eliminarlas como un desorden.

En cambio, gracias a la antropolog?a no s?lo se puede afirmar que cada tradici?n cultural y cada civilizaci?n poseen su interpretaci?n del erotismo, sino que dentro de una misma civilizaci?n como la occidental existen al menos dos modelos de referencia al erotismo: uno que se sirve de ?l en funci?n de "encubresexo", seg?n el cual la expresi?n de la sexualidad humana debe encontrar necesariamente desahogo a trav?s de la genitalidad y la liberaci?n de las pulsiones, generando lo que podr?amos llamar las perversiones y las aclaraciones frustradas en la naturaleza de la sexualidad. La civilizaci?n de la imagen, al castrar la capacidad fant?stica e imaginativa, nivela los comportamientos y genera los nuevos sistemas normativos y de anomal?as deducidos de criterios superficiales de masificaci?n. La pornograf?a es su consecuencia m?s directa.

En cambio, otro modelo considera el erotismo como un "anuncio y promesa de sentido", y su significado no est? preconstituido, sino que hay que verlo como respuesta a la compleja pregunta sobre la libertad, sobre la esencia de la comunicaci?n corporal como don, sobre el car?cter originariamente incompleto del ser humano.

Las tendencias actuales, que abordan el tema del erotismo desde una perspectiva interdisciplinar, miran a diferenciar erotismo y pornograf?a, aunque la una no existir?a sin el otro; es necesario afirmar que se deber?a reestablecer o incluso abrir un aut?ntico debate sobre el erotismo partiendo de la historia comparada de las religiones y del an?lisis de los supuestos culturales presentes en las varias mentalidades, actitudes y comportamientos humanos.

Y si, por un lado, hay que invocar el poder regulador de las leyes morales, por otro se debe buscar constantemente el fundamento ?tico-cultural que d? sentido a la ley y abra de continuo nuevas posibilidades de crecimiento para la conciencia y de evoluci?n espiritual para el hombre, que en su errar se anuncia --espacial, cient?fico y moral- como tendencia a lo divino.

Se puede considerar el erotismo como uno de esos productos "err?ticos" que es preciso revisar por los valores ?ticos -no moralistas- que denota, si bien, por desgracia, la modernidad, mediante una operaci?n t?picamente inmoral, ha intentado por todos los medios negarlo y reprimirlo a trav?s de la producci?n pornogr?fica.

P. Quattrocchi

II. Pornograf?a

I. EROTISMO Y PORNOGRAFfA EN LA ACTUALIDAD. Las observaciones ben?volas que pudieran hacerse sobre el erotismo desde un perspectiva rigurosamente ?tica quedan cada vez m?s ensombrecidas por las producciones pornogr?ficas. Durante el per?odo de la llamada "revoluci?n sexual" proliferaron los estudios en los que se pretend?a deslindar el erotismo de la pornograf?a con sutiles distinciones acad?micas cada vez menos acordes con la realidad. Es cierto que el erotismo tiene una maternidad sem?ntica m?s limpia que la pornograf?a. Pero en la realidad pr?ctica actual, sobre todo trat?ndose del cine, la publicidad y el abuso de la libertad de expresi?n en los medios audiovisuales, el erotismo y la pornograf?a son aspectos complementarios del exhibicionismo y la explotaci?n gr?fica de la sexualidad humana desde la m?s inocente atracci?n sexual hasta la exposici?n y comercializaci?n del sexo crudo en sus formas m?s degeneradas y violentas.

En la mitolog?a griega Eros se refer?a al dios del amor como Cupido en Roma. Y representaba una presunta fuerza superior integradora de los elementos primordiales disgregados en el cosmos. Algo as? como una especie de principio metaf?sico o fuerza de atracci?n unificadora de la diversidad. En Plat?n el concepto de eros adquiri? particular relieve como algo equivalente al amor a lo bello, que eleva el alma sobre los sentidos. El ecos plat?nico es una atracci?n arrebatadora del hombre hacia la belleza como t?rmino formal del amor, entendido ?ste como la tendencia a poseer la belleza confundida con el bien supremo y fuente de humana felicidad.

La historia del erotismo es tan vieja como el hombre y en todas las ?pocas estuvo relacionado con la afectividad y la atracci?n sexual usada como recurso atractivo, sobre todo en las diversas manifestaciones art?sticas, las cuales han servido de soporte y excusa al mismo tiempo.

Bajo el influjo de la moderna "revoluci?n sexual", erotismo y pornograf?a son t?rminos que nos remiten directamente alas actividades sexuales cada vez m?s polarizadas en la genitalidad, sea literariamente descrita o visualizada mediante t?cnicas de la imagen en movimiento, abstrayendo de cualquier noble consideraci?n ?tica. En la actualidad erotismo y pornograf?a pocas veces difieren sustancialmente de la exhibici?n y la apolog?a del sexo crudo servido de nul formas diferentes, desde la simple atracci?n sexual inocente hasta la participaci?n activa en org?as sexuales comercializadas y reducidas a un inmundo mercado del sexo a la carta llamado prostituci?n. Las t?cnicas utilizadas y su aceptaci?n social no cambian la naturaleza objetiva de esas formas de conducta.

Etimol?gicamente pornograf?a significa descripci?n escrita de la prostituci?n. La porn? en griego era la prostituta, y la graf?a el relato escrito en torno a la vida de las prostitutas. Pornograf?a, pues, significa toda representaci?n escrita, visual o auditiva de personas, actos, objetos y s?mbolos con los que expl?citamente se pretende provocar la pulsi?n sexual para su satisfacci?n. As? descrita la pornograf?a, el erotismo se distingue de ella por la finura de las representaciones, por la sustituci?n de la provocaci?n directa por la meramente alusiva, as? como por el tono melodram?tico y rom?ntico. Pero en ning?n caso el erotismo as? entendido es menos sensual que la pornograf?a bruta. Se puede decir que muchas obras antiguas y modernas de literatura, pintura y m?sica son profundamente er?ticas sin llegar a ser pornogr?ficas en sentido estricto.

Otro dato a tener en consideraci?n es que la pornograf?a suele ir acompa?ada de violencia, la cual aparece como abuso sexual de las personas mediante el recurso a la fuerza entre los adultos, al enga?o cuando se trata de abusar de personas ps?quica o moralmente disminuidas, sin excluir el miedo y la intimidaci?n. La violencia en los mass media suele acompa?ar a la pornograf?a, estimulando los bajos instintos.con el recurso ala fuerza f?sica expresada de forma incluso bestial.

El erotismo pornogr?fico y violento es un fen?meno que se ha incrementado alarmantemente durante las ?ltimas d?cadas gracias al cine, la televisi?n y otros medios audiovisuales. Es un producto muy espec?fico de la "civilizaci?n de la imagen". La filosof?a latente del erotismo pornogr?fico y violento se desarroll? durante el per?odo de la "revoluci?n sexual". Pero su expansi?n se ha debido principalmente a la eficacia de las im?genes en movimiento que representan esos actos ?ntegramente y en todas sus formas posibles. As? la pornograf?a ha alcanzado un enorme poder de seducci?n, por su f?cil difusi?n a trav?s, sobre todo, del cine y la televisi?n, y por su influjo en las personas m?s inmaduras o ps?quicamente m?s d?biles. El erotismo pornogr?fico y violento se difunde alegremente casi sin ning?n control efectivo.

Cada vez m?s a la pornograf?a se a?ade la violencia s?dica y masoquista. Se ha pasado de la oferta pornoblanda a la pornograf?a dura y bestial servida en t?rminos de sexo crudo mecanizado contra toda sensibilidad humana. Eliminado el factor sentimiento e imaginaci?n inocente se ha generado en los espectadores asiduos a este tipo de representaciones la necesidad de sensaciones cada vez m?s intensas y violentas con incursiones casi rutinarias en el campo de las perversiones sexuales. Actualmente existe un mercado descomunal de productos, objetos y toda clase de material er?tico y pornogr?fico para satisfacer p?blicamente y en privado cualquier deseo sexual bestial. Productos que pueden adquirirse a precio de oro en tiendas especializadas, cuyos productos son objeto de gran publicidad en peri?dicos, semanarios, revistas especializadas, de informaci?n general y hasta presuntamente art?sticas y recreativas.

En su significado original el erotismo evocaba un significado ulterior a los ingredientes sexuales sin el regodeo en la contemplaci?n f?sica y material de lo sexual. La pornograf?a se refiere m?s bien a la descripci?n gr?fica de lo sexual centrada en la genitalidad cruda. Pero insisto en que esta distinci?n acad?mica resulta irrelevante en la pr?ctica actual del llamado cine pornogr?fico. El erotismo y la pornograf?a coinciden en la fisicidad ?c?nica y hasta violenta de lo sexual en sus formas m?s aberrantes y degeneradas.

Erotismo es un t?rmino actualmente desacreditado por su connivencia con la pornograf?a. En la praxis actual puede ser considerado, al igual que la pornograf?a, como expresi?n de impudor, libertinaje sexual, morbosidad, vulgaridad, exaltaci?n del sexo bruto y degeneraci?n del amor. Toda una serie de connotaciones que hacen pensar m?s en la perversidad moral que en otra cosa. La pretensi?n de justificar el erotismo moderno con pretextos art?sticos es una impostura y un insulto a los verdaderos artistas, que saben representar cualquier acci?n humana bellamente sin caer en la reproducci?n grosera.

El erotismo actual es uno de los signos inequ?vocos de decadencia humana por falta de ideales nobles y de imaginaci?n creadora. Como la pornograf?a, significa el dominio de lo sensible contra la raz?n, abandono irresponsable a los instintos primarios comunes con los animales, desequilibrio de la personalidad y p?rdida del sentido de responsabilidad. Con el erotismo pornogr?fico la sexualidad humana se trivializa para ser vivida como pura genitalidad y placer ego?sta en lugar de ser expresi?n sublime de afecto y amor rec?proco entre las personas. El amor pierde su aura espiritual y humana y se convierte en una b?squeda patol?gica de satisfacciones primarias. El erotismo pornogr?fico impide el desarrollo sano de la persona y de las relaciones entre hombre y mujer. Las personas se usan, pero no se aman. Trat?ndose de los adolescentes, el erotismo y la pornograf?a producen efectos a?n m?s desastrosos. Envilecen sus sentimientos intersexuales al presentarles la sexualidad humana reducida a puro goce sensual y el amor queda reducido a la mec?nica m?s eficaz del acto sexual. La mujer, a su vez, lleva todas las de perder, al ser buscada por el hombre como objeto de explotaci?n placentera.

La presencia del erotismo pornogr?fico acompa?ado de violencia sadomasoquista ha seguido un proceso que puede quedar descrito esquem?ticamente como sigue.

Durante los primeros a?os que siguieron a la aparici?n del cine el erotismo tuvo manifestaciones ingenuas. Todo era cuesti?n de alg?n beso significativo, escenas de tocador o de piscina m?s o menos insinuantes. La explosi?n del recurso a la atracci?n er?tica no apareci? abiertamente hasta las v?speras de la primera guerra mundial, llegando a su primera culminaci?n en la d?cada de los a?os treinta. Como respuesta deontol?gica apareci? el pol?mico y pintoresco c?digo Hays. El erotismo en el cine alcanz? un nuevo cl?max por los a?os cuarenta en v?speras de la segunda guerra mundial. Pero ser? durante la d?cada de los cincuenta cuando la desventurada Marilyn Monroe y la fr?vola B. Bardot se convertir?n en dos mitos er?ticos internacionales del cine moderno. Al erotismo de estas dos estrellas y de su escuela sigui? la moda del desnudo y del porno-blando. Fellini, Visconti y De Sica se encargar?n de introducir por todas partes el erotismo italiano. El cine brit?nico no se qued? atr?s e introdujo las producciones s?dicas, y con el impulso ideol?gico de la revoluci?n sexual durante la d?cada de los a?os sesenta se impuso tambi?n el porno-duro. La ?ltima novedad m?s apreciable por el p?blico se encuentra en las salas X, en los v?deos macabros, las cabinas individuales de las tiendas del sexo, am?n de los programas de televisi?n del g?nero porno exhibidos en la intimidad del hogar a altas horas de la noche. La pornograf?a m?s aberrante en v?deo sirve de ambientaci?n en los bares y casas de prostituci?n.

Quienes se obstinan en justificar el erotismo pornogr?fico y violento invocando el principio de libertad de expresi?n y de creatividad lo ?nico que hacen es fomentar el tr?fico inmundo de la prostituci?n. La bibliograf?a con la que podr?amos corroborar esta afirmaci?n es inmensa. A t?tulo de curiosidad el lector puede echar una mirada recreativa a los cuatro vol?menes de El erotismo en el cine (Barcelona 1983), o La imagen pornogr?fica y otras perversiones ?pticas, de Ram?n Gubern (Madrid 1989). Supongo que no ser? necesario recomendarle que se gaste unos duros en revistas quiosqueras y menos a?n en asomarse a alguna de las salas X.

2. DEONTOLOG?A LEGAL ESPA?OLA SOBRE LA EXHIBICI?N CINEMATOGR?FICA DE MATERIAL PORNOGR?FICO Y VIOLENTO. Seg?n el art?culo primero de la ley 1 / 1982, por la que se regulan las salas especiales de exhibici?n cinematogr?fica, "las pel?culas de car?cter pornogr?fico que realicen apolog?a de la violencia ser?n calificadas como pel?culas X", y se exhibir?n "exclusivamente en salas especiales, que se denominar?n salas X. En dichas salas no podr? proyectarse otra clase de pel?culas y a ellas no tendr?n acceso, en ning?n caso, los menores de dieciocho a?os". Seg?n el art?culo quinto, "las pel?culas destinadas a las salas X no podr?n recibir ning?n tipo de ayuda, protecci?n o subvenci?n del Estado". En el art?culo sexto se advierte que "en ning?n caso el t?tulo de la pel?cula podr? explicitar el car?cter pornogr?fico o apolog?tico de la violencia de la misma". Eso s?, habr? que advertir siempre al p?blico que se trata de una sala X.

La anterior ley fue desarrollada en el real decreto 1.067/1983. El lector queda remitido al texto ?ntegro, del que reproducimos aqu? los art?culos m?s relevantes desde el punto de vista ?tico-deontol?gico:

"Art. 9.? Las pel?culas de car?cter pornogr?fico o que realicen apolog?a de la violencia ser?n calificadas como pel?culas X por resoluci?n del Ministerio de Cultura, previo informe de la Comisi?n de calificaci?n, y se exhibir?n exclusivamente en salas especiales, que se denominar?n salas X.

Art. 10. 1. Las pel?culas destinadas a salas X no podr?n recibir ning?n tipo de ayuda, protecci?n o subvenci?n del Estado.

2. Como consecuencia de lo dispuesto en el apartado anterior, las pel?culas X no podr?n acogerse a los beneficios que se derivan de la realizaci?n de pel?culas en r?gimen de coproducci?n.

Art. 11. Las pel?culas X no estar?n sujetas a la regulaci?n de cuota de pantalla.

Art. 12. La distribuci?n de una pel?cula X de nacionalidad extranjera en versi?n doblada requerir? la correspondiente licencia de doblaje, pero la distribuci?n de una pel?cula X de nacionalidad espa?ola no dar? derecho a la obtenci?n de licencia de doblaje alguna.

Art. 13. La publicidad de las pel?culas destinadas a salas X s?lo podr?n utilizar los datos de la ficha t?cnica y art?stica de cada pel?cula; con exclusi?n de toda representaci?n ?c?nica o referencia argumental, deber? hacer constar la advertencia de su proyecci?n exclusiva en dicha sala. Dicha publicidad s?lo, podr? ser exhibida en el interior de los locales donde se proyecte la pel?cula y en las "carteleras" informativas o pu6licitarias de los peri?dicos y dem?s medios de comunicaci?n social. En ning?n caso el t?tulo de la pel?cula podr? explicitar el car?cter pornogr?fico o apolog?tico de la violencia de la misma.

Art. 14. 1. A los efectos de lo dispuesto en el art?culo anterior, toda publicidad de una pel?cula X deber? contener la siguiente advertencia: `Pel?cula de proyecci?n exclusiva en salas X'.

2. Se entender? por interior de los locales de exhibici?n la parte comprendida desde la puerta de acceso a los mismos, siempre y cuando la publicidad que se exhiba no sea visible desde el exterior del local.

Art. 15. La clasificaci?n de salas X se har? por resoluci?n del Ministerio de Cultura, a solicitud del interesado. Dichas salas X deber?n cumplir, adem?s de los requisitos exigidos para salas comerciales cinematogr?ficas, las siguientes condiciones:

a) Tener un aforo m?ximo de doscientas butacas y m?nimo de cien butacas.

b) Permanecer en funcionamiento, al menos, durante un a?o natural, sin interrupciones.

S?lo se podr? instalar una sala X en aquellas localidades donde previamente existan, al menos, tres salas comerciales de exhibici?n cinematogr?fica abiertas ininterrumpidamente durante todo el a?o. No se autorizar? la apertura de otras salas X en poblaciones donde no se supere la proporci?n de una sala X por cada diez salas comerciales de exhibici?n cinematogr?fica abiertas ininterrumpidamente durante todo el a?o.

En consecuencia, para la autorizaci?n de la segunda sala X en cualquier poblaci?n ser? necesaria la previa existencia de 21 salas comerciales abiertas ininterrumpidamente, de 31 para la autorizaci?n de la tercera sala X, y as? sucesivamente.

Art. 16. Las solicitudes de apertura de salas X deber?n presentarse ante el Ministerio de Cultura, el cual, o?da una comisi?n integrada por representantes de los Ministerios de Econom?a y Hacienda y de Cultura, resolver? en el plazo m?ximo de tres meses.

Las-autorizaciones concedidas ser?n intransferibles durante tres a?os de explotaci?n ininterrumpida, no pudiendo, por tanto, ser traspasadas, arrendadas ni cedidas bajo ning?n t?tulo que no sea el de transmisi?n `mortis causa'.

Art. 17. En el caso de que las peticiones para una determinada localidad excedan del n?mero de autorizaciones que legalmente puedan concederse, se dar? preferencia a la petici?n de la fecha anterior de entrada en el Registro del Ministerio de Cultura; dentro de las de igual fecha, a la empresa que no posea ninguna autorizaci?n sobre las que ya hayan obtenido alguna, y entre aqu?llas, a las de inscripci?n de m?s antig?edad en el Registro de Empresas Cinematogr?ficas.

Art. 18. 1. En las salas X no podr?n proyectarse pel?culas no calificadas como pel?culas X, y a ellas no tendr?n acceso, en ning?n caso, los menores de dieciocho a?os.

2. A tal efecto, las salas X deber?n advertir al p?blico de su car?cter mediante la indicaci?n de `Sala X', que figurar? como exclusivo r?tulo del local.

Asimismo, en la parte de la taquilla m?s visible para el p?blico deber? existir un cartel en el que se leer? con facilidad la siguiente advertencia: `En esta sala s?lo se exhiben pel?culas de car?cter pornogr?fico o que realicen apolog?a de la violencia, quedando prohibida la entrada a los menores de dieciocho a?os'.

Este cartel se colocar? tambi?n de forma claramente visible en la puerta de acceso.

Art. 19. En los complejos de salas cinematogr?ficas o `multicines' en los que existan salas comerciales y salas X, ?stas ?ltimas deber?n funcionar de forma aut?noma e independiente en relaci?n con las salas comerciales.

Art. 20. En el caso de que una sala X suspenda su actividad sin haber cumplido el plazo de un a?o natural de funcionamiento sin interrupciones, deber? esperar a que se cumpla este plazo para poderse dedicar a la exhibici?n de otras pel?culas, cualquiera que sea su calificaci?n".

Resulta chocante el que se establezcan normas sobre pornograf?a y violencia sin establecer una definici?n elemental de ambos conceptos. Esto nos hace pensar que el buen sentido de los potenciales espectadores suplir? la falta de raz?n de los legisladores, que ocultan deliberadamente la naturaleza de aqu?llo sobre lo que al legislar lo ?nico que hacen es imponer sus criterios a los dem?s. A pesar de ?sta insensatez legislativa, en el texto se da por supuesta la connivencia entre erotismo y pornograf?a, as? como su naturaleza objetivamente deleznable. En este texto no se hace menci?n de los v?deo-clubes de pornograf?a que proliferan a la sombra de la prostituci?n. De todos modos, para efectos ?ticos y morales, tanto las salas X como los v?deoclubes del vicio pueden ser definidos como una red internacional de inmundos burdeles ?c?nicos.

3. PORNOGRAFIA Y VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACI?N SOCIAL. En mayo de 1989 el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales public? un documento sobre la pornograf?a y la violencia en los mass media. Los siete primeros n?meros son una introducci?n en la que se destaca el papel de los medios de comunicaci?n social en las sociedades modernas, al tiempo que se denuncia su innegable contribuci?n en muchos casos a la difusi?n de la pornograf?a alegando pretextos poco convincentes a la luz de la sana raz?n y de la experiencia humana m?s castiza. El documento habla de "los efectos m?s graves de la pornograf?a y de la violencia" en los media, define y valora ?ticamente el fen?meno pornogr?fico y se?ala pautas para contrarrestar socialmente los efectos nefastos del fen?meno pornogr?fico condimentado con la violencia. Se trata de un texto realista y equilibrado en el que, sin descender a descripciones truculentas y sensacionalistas, se trata el problema con realismo y puede servir al lector de orientaci?n segura y objetiva para realizar estudios posteriores en profundidad. Omitidos los ocho primeros n?meros introductorios, el texto contin?a literalmente as?:

"9. La experiencia cotidiana conf?rmalos estudios realizados en el mundo entero acerca de las consecuencias negativas de la pornograf?a y de las escenas de violencia que transmiten los medios de comunicaci?n social. Se entiende por pornograf?a, en este contexto, la violaci?n, merced al uso de las t?cnicas audiovisuales, del derecho a la privatidad del cuerpo humano en su naturaleza masculina y femenina, una violaci?n que reduce la persona humana y el cuerpo humano a un objeto an?nimo destinado a una mala utilizaci?n con la intenci?n de obtener una gratificaci?n concupiscente. La violencia, en este contexto, puede ser entendida como la presentaci?n destinada a excitar instintos humanos fundamentales hacia actos contrarios a la dignidad de la persona, y que describe una fuerza f?sica intensa ejercida de manera profundamente ofensiva y a menudo pasional. Los especialistas a veces no est?n de acuerdo sobre el impacto de este fen?meno y sobre ,e1 modo en que afecta a los individuos y los grupos aquejados por el mismo pero las l?neas, maestras de la cuesti?n aparecen claras, limpias e inquietantes.

10. Nadie puede considerarse inmune a los efectos degradantes de la pornograf?a y la violencia, o a salvo de la erosi?n causada por los que act?an bajo su influencia. Los ni?os y los j?venes son especialmente vulnerables y expuestos a ser v?ctimas. La pornograf?a y la violencia s?dica degradan la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan los individuos -especialmente las mujeres y los ni?os-, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad.

11. Es evidente que uno de los efectos de la pornograf?a es el pecado. La participaci?n voluntaria en la producci?n y en la difusi?n de estos productos nocivos ha de ser considerada como un serio mal moral. Adem?s, esta producci?n y difusi?n no podr?an tener lugar si no existiera una demanda. As? pues, quienes hacen uso de estos productos no s?lo se perjudican a s? mismos, sino que tambi?n contribuyen a la promoci?n de un comercio nefasto.

12. Una exposici?n frecuente de los ni?os a la violencia en las comunicaciones sociales puede resultar turbadora para ellos, al ser todav?a incapaces de distinguir claramente la fantas?a de la realidad.

Adem?s, la violencia s?dica de estos medios puede condicionar a las personas impresionables, sobre todo a los j?venes, hasta el punto de que la lleguen a considerar normal, aceptable y digna de ser imitada.

13. Se ha dicho que puede haber una vinculaci?n psicol?gica entre la pornograf?a y la violencia s?dica. Una cierta pornograf?a ya es abiertamente violenta en su contenido y expresi?n. Quienes ven, escuchan o leen un material as? corren el riesgo de introducirlo en el propio comportamiento. Acaban perdiendo el respeto hacia los dem?s, en cuanto hijos de Dios y hermanos y hermanas de la misma familia humana. Una vinculaci?n tal entre pornograf?a y violencia s?dica tiene especiales implicaciones para quienes est?n afectados de ciertas enfermedades mentales.

14. Tambi?n la llamada pornograf?a blanda ("soft core") puede paralizar progresivamente la sensibilidad, ahogando gradualmente el sentido moral y personal indiferente a los derechos y a la dignidad de los dem?s.

La pornograf?a -como la droga- puede crear dependencia y empujar a la b?squeda de un material cada vez m?s excitante ("hard core") y perverso. La probabilidad de adoptar comportamientos antisociales crecer? en la medida que se vaya dando este proceso.

15. La pornograf?a favorece insalubles preocupaciones en los terrenos de la imaginaci?n y el comportamiento. Puede interferir en el desarrollo moral de la persona y en la maduraci?n de las relaciones humanas sanas y adultas, especialmente en el matrimonio y en la familia, que exigen confianza rec?proca y actitudes e intenciones de expl?cita integridad moral.

16. La pornograf?a, adem?s, cuestiona el car?cter familiar de la sexualidad humana aut?ntica. En la medida en que la sexualidad se considere como una b?squeda fren?tica del placer individual m?s que como una expresi?n perdurable del amor en el matrimonio, la pornograf?a aparecer? como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidad.

17. En el peor de los casos, la pornograf?a puede actuar como agente de incitaci?n o de reforzamiento, un c?mplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia, los secuestros y asesinatos.

18. Una de las consecuencias fundamentales de la pornograf?a y de la violencia es el menosprecio de los dem?s, al considerarles como objetos en vez de personas. La pornograf?a y la violencia suprimen la ternura y la compasi?n para dejar su espacio a la indiferencia, cuando no a la brutalidad.

19. Uno de los motivos b?sicos de la difusi?n de la pornograf?a y de la violencia s?dica en el ?mbito de los medios de comunicaci?n parece ser la propagaci?n de una moral permisiva, basada en la b?squeda de la satisfacci?n individual a todo coste. Un nihilismo moral de la desesperaci?n se a?ade a ello, que acaba haciendo del placer la sola felicidad accesible a la persona humana.

20. Un cierto n?mero de causas m?s inmediatas contribuyen ulteriormente a la escalada de la pornograf?a y la violencia en los medios. Entre ?stas cabe citar:

- El beneficio econ?mico. La pornograf?a es una industria lucrativa. Algunos sectores de la industria de las comunicaciones han sucumbido tr?gicamente a la tentaci?n de explotar la debilidad humana, especialmente la de los j?venes y la de las mentes impresionables, para obtener provecho de producciones pornogr?ficas y violentas. Esta industria pornogr?fica, en algunas sociedades, resultan lucrativas hasta el punto de que se ha vinculado al crimen organizado.

- Falsos argumentos libertarios. La libertad de expresi?n exige, seg?n algunos, la tolerancia hacia la pornograf?a, aun al precio de la salud mental de los j?venes y del derecho a la intimidad, as? como un ambiente de p?blica decencia. Algunos, tambi?n err?neamente, afirman que el mejor medio de combatir la pornograf?a consiste en legalizarla. Estos argumentos son a veces propuestos por grupos minoritarios que no se suman a los criterios morales de la mayor?a y que se olvidan de que a cada derecho corresponde una responsabilidad- El derecho a la libertad de expresi?n no es una soluci?n. La responsabilidad p?blica de promover el bien moral de los j?venes, de organizar el respeto de las mujeres, de la vida privada y de la decencia p?blica muestra claramente que la libertad no puede equipararse al libertinaje.

- La ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no ampliaci?n para la protecci?n del bien com?n, en particular de la moralidad de los j?venes.

- Confusi?n y apat?a por parte de muchos, incluso miembros de la comunidad religiosa, los cuales se consideran err?neamente a s? mismos extra?os a la problem?tica de la pornograf?a y de la violencia en los media, o sin posibilidad de contribuir a la soluci?n del problema.

21. La propagaci?n de la pornograf?a y de la violencia a trav?s de los medios de comunicaci?n social es una ofensa a los individuos y a la sociedad y plantea un problema urgente que exige respuestas realistas por parte de las personas y los grupos. El leg?timo derecho a la libertad de expresi?n y al intercambio libre de informaci?n ha de ser protegido. A1 mismo tiempo, hay que salvaguardar el derecho de los individuos, de -las familias y de la sociedad a la vida privada, a la decencia p?blica y a la protecci?n de los valores esenciales de la vida.

22. Se har? referencia a siete sectores con especiales deberes en la materia: profesionales de la comunicaci?n, padres, educadores, juventud, p?blico en general, autoridades p?blicas e Iglesia y grupos religiosos.

23. Ser?a desleal sugerir que todos los medios y todos los comunicadores est?n implicados en este negocio nocivo. Son muchos los comunicadores que se distinguen por sus cualidades personales y profesionales. Tratan de asumir su responsabilidad aplicando en fidelidad las normas morales, y les anima un gran deseo de servicio al bien com?n. Se merecen nuestras admiraciones y est?mulo, especialmente los que se dedican a la creaci?n de sanos esparcimientos familiares.

Se invita encarecidamente a estos comunicadores a unirse para la elaboraci?n y aplicaci?n de c?digos ?ticos en materia de comunicaci?n social y publicidad, inspirados en el bien com?n y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos c?digos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisi?n, que permite que las im?genes entren en los hogares, all? donde los ni?os se encuentran a su aire y sin vigilancia. El autocontrol es siempre el mejor control, as? como la autodisciplina, en el seno de los propios medios, es la primera y m?s deseable de las l?neas de defensa contra quienes buscan provecho mediante la producci?n de programas pornogr?ficos y violentos que envilecen los medios de comunicaci?n y corrompen la sociedad misma.

Se urge vivamente a los comunicadores a que, tambi?n a trav?s de estos medios, hagan conocer las medidas necesarias que pongan un dique a la marea de la pornograf?a y de la exaltaci?n de la violencia en la sociedad.

24. Se invita a los padres a que multipliquen sus esfuerzos en orden a una completa formaci?n moral de ni?os y j?venes. La cual supone una educaci?n en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la pr?ctica de la autodisciplina. Una vida familiar equilibrada, en la que los padres sean fieles practicantes y totalmente entregados el uno al otro y a sus hijos, constituir? la escuela ideal para la formaci?n a los sanos valores morales.

Los ni?os y j?venes de nuestro tiempo necesitan la educaci?n que les permita discernir los programas y madurar en su condici?n de usuarios responsables de la comunicaci?n. El ejemplo de los padres es determinante en esta materia. La pasividad o autoindulgencia de cara a ciertos programas ser? fuente de malentendidos perjudiciales para la juventud. Hay que dar especial importancia-para el bien de los j?venesal ejemplo de los padres en lo que concierne a la autenticidad de su amor y a la ternura que sepan manifestar en su vida matrimonial; as? como a su disponibilidad a discutir con los hijos las cuestiones de inter?s en una atm?sfera amable y afectuosa. Conviene no olvidar que, cuando se est? educando, `se obtiene m?s con una explicaci?n que prohibiendo' (Communio et progressio, 67).

25. Los principales colaboradores de los padres en la formaci?n moral delosj?venessonloseducadores. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores ?ticos y sociales, de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedad.

Los programas de mayor valor ser?n, en el contexto educativo, aquellos que formen a los j?venes a una actitud cr?tica y a una capacidad de discernimiento en el uso de la televisi?n, de la radio y de los otros medios de comunicaci?n social. De este modo los j?venes ser?n tambi?n capaces de resistir a las manipulaciones y sabr?n luchar contra los h?bitos meramente pasivos en la escucha y visi?n de estos medios.

Hay que subrayar la importancia de que las escuelas sepan poner de relieve el respeto a la persona humana, al valor de la vida familiar y la importancia de la integridad moral personal.

26. Los j?venes contribuir?n a poner muros al avance de la pornograf?a y la violencia en los medios si saben responder positivamente a las iniciativas de sus padres y educadores y asumir sus responsabilidades en lo que reclama capacidad de decisi?n moral, as? como en la elecci?n de sus diversiones.

27. El p?blico en general debe tambi?n hacer o?r su voz. Los ciudadanos -incluidos los j?venes- tienen la tarea de expresar individual y colectivamente su punto de vista respecto a productores, intereses comerciales y autoridades civiles. Se hace urgente mantener un di?logo continuado entre los comunicadores y los representantes del p?blico, a fin de que quienes act?an en las comunicaciones sociales est?n al corriente de las exigencias reales e intereses de los usuarios.

28. Los legisladores, los encargados de la administraci?n del Estado y de la justicia est?n llamados a dar una respuesta al problema de la pornograf?a y de la violencia s?dica difundidas por los medios de comunicaci?n. Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar las leyes que ya existen.

Dadas las implicaciones internacionales que presentan la producci?n y distribuci?n de material pornogr?fico, hay que actuar a nivel regional, continental e internacional de cara a controlar con ?xito este insidioso tr?fico. Quienes han tomado ya iniciativas de este tipo merecen todo nuestro apoyo y est?mulo. (La Comunidad Econ?mica Europea, el Consejo de Europa y la UNESCO, entre otras organizaciones, est?n actuando en este sentido).

Las leyes y los agentes de la ley tienen el deber sagrado de proteger el bien com?n, especialmente el que concierne a la juventud y a los miembros m?s vulnerables de la comunidad.

Ya hemos se?alado algunos de los efectos negativos de la pornograf?a y la violencia. Cabe sacar tambi?n la conclusi?n de que se pone en tela de juicio y amenaza el bien com?n, especialmente cuando este material se produce, expone y distribuye sin restricciones ni reglamentos.

La autoridad civil est? obligada a emprender una r?pida acci?n de cara al problema all? donde exista, y a emanar criterios preventivos en donde la cuesti?n comience a plantearse o todav?a no haya llegado a ser angustiosa y urgente.

29. La primera responsabilidad de la Iglesia consiste en la ense?anza constante y clara de la fe y, asimismo, de la verdad moral objetiva, incluidas aquellas verdades referentes a la moral sexual. Una era de permisividad y de confusi?n moral como la nuestra pide que la voz de la Iglesia sea prof?tica, lo que har? aparecer a menudo como signo de contradicci?n.

La llamada `?tica' de la gratificaci?n individual inmediata se opone fundamentalmente a la realizaci?n plena e integral de la persona humana. La educaci?n a la vida familiar y a la inserci?n responsable en la vida social exige la formaci?n a la castidad y la autodisciplina. La pornograf?a y la violencia generalizada tienden a ofuscar la imagen divina en cada persona humana, debilitan el matrimonio y la vida familiar y da?an gravemente a los individuos y a la sociedad.

En donde sea posible, la Iglesia est? llamada a colaborar con otras Iglesias cristianas, comunidades y grupos religiosos a fin de ense?ar y promover el mensaje. Debe igualmente empe?ar a sus personas e instituciones en una acci?n formativa al uso de los medios de comunicaci?n social y su papel en la vida individual y social. En este campo los padres merecen una asistencia y atenci?n especial.

Por estos motivos, la formaci?n a la comunicaci?n debiera ser parte de los programas educativos de las escuelas cat?licas y de otras iniciativas educativas de la Iglesia, as? como en la formaci?n en los seminarios (Cf CONGREGACI?N PARA LA EDUCACI?N CAT?LICA, Orientaciones para la formaci?n de los futuros sacerdotes en los medios de comunicaci?n social, Ciudad del Vaticano 1988). Cabe decir lo mismo para los programas de formaci?n permanente del clero y la catequesis parroquial de j?venes y adultos. Tanto sacerdotes como religiosos y religiosas que trabajan en la educaci?n pastoral debieran comenzar por ellos mismos, dando ejemplo de discernimiento en medios escritos y audiovisuales.

30. Por ?ltimo, una actitud de pura restricci?n o de censura por parte de la Iglesia de cara a estos medios no resulta ni suficiente ni apropiada. La Iglesia tiene, al contrario, que iniciar un di?logo continuo con los comunicadores conscientes de sus responsabilidades. Debe animarles y sostenerles en su misi?n all? donde sea posible y deseable. Los comunicadores cat?licos y sus organizaciones, con sus perspectivas y experiencias propias, est?n llamados a jugar un papel decisivo en tales conversaciones.

31. La cr?tica y las organizaciones cat?licas, al evaluar concienzudamente las producciones y publicaciones en funci?n de criterios morales claros y sustanciales, ofrecen una valiosa asistencia a los profesionales de la comunicaci?n y a las familias. Asimismo, las orientaciones que ofrecen los documentos ya existentes sobre comunicaci?n social merecen ser cuidadosamente estudiadas y objeto de aplicaci?n sistem?tica.

32. El presente documento quiere ser una respuesta a las preocupaciones ampliamente expresadas por familias y pastores de la Iglesia, a quienes se invita a una reflexi?n -de car?cter ?tico y pr?ctico- cada vez m?s amplia acerca del problema de la pornograf?a y la violencia en los medios de comunicaci?n social. Al tiempo que se anima a todos a poner en pr?ctica la advertencia de san Pablo: `No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien' (Rom 12,21)".

N. Bl?zquez

4. L?NEAS PARA UNA VALORACI?N MORAL. Los contenidos que afloran en el esbozo de definici?n- que hemos intentado l arriba, 1, son los que hemos considerado m?s corrientes en un fen?meno como la pornograf?a, que se repite, vive de esa repetici?n y presume desenvolverse en ella.

Creemos que, sin caer en un moralismo de viejo cu?o, se puede afirmar en s?ntesis cuanto sigue:

a) La pornograf?a es un fen?meno complejo, cuyas expresiones no hay que valorar nunca bas?ndose en aprioris; un caso no ha de valorarse bas?ndose en consideraciones hechas para otros casos; hay que juzgar cada caso. Esto por lo que ata?e al juicio sobre su obscenidad real o presunta o sobre la ofensa que supone o no para el sentir com?n del pudor.

b) La pornograf?a es ciertamente un fen?meno din?mico, pero s?lo en apariencia un fen?meno en progreso cualitativo; es m?s bien un fen?meno que se repite. Los mismos contenidos est?n presentes en el escenario mundial desde hace mucho, y no parece que el descubrimiento de nuevas t?cnicas haya permitido evitar la repetitividad.

c) El uso de la pornograf?a es uno de los muchos modos de no interactuar entre los hombres; la pornograf?a es fruto maduro del individualismo liberal. Desde este punto de vista es un proceso continuo de objetivaci?n del hombre y (mucho m?s) de la mujer, pues implica la aceptaci?n de la relaci?n con el hombre y la mujer del papel de la pel?cula, de la canci?n, de la diapositiva, etc. Es claro, pues, que el producto pornogr?fico s?lo ofrece un sustituto de consumo del ser humano, produce la integraci?n con la mujer cosa y con el hombre cosa, y no con el hombre y la mujer en cuanto seres personales.

d) En per?odos y/ o en contextos en los que ha faltado la informaci?n y la educaci?n de la psicosexualidad se puede atribuir a la pornograf?a un efecto de difusi?n de informaci?n -por m?s perversa que se la pueda juzgar- sobre la sexualidad (hay que andar muy cautos para afirmar sobre la psicosexualidad, es decir sobre la gratificaci?n sexual que, adem?s de la gratificaci?n de los sentidos interesados y de los cuerpos, suponga tambi?n la de las personas con todo aquello de que son portadoras a nivel de sentimiento y de afectividad racional); dudamos mucho que esta informaci?n tenga la posibilidad intr?nseca de llegar a la formaci?n propiamente dicha. Pero indudablemente la pornograf?a induce comportamientos sexuales -cualquiera que sea la naturaleza de que puedan serm?s o menos estandarizados y masificados. Desde este ?ngulo se puede por lo menos poner en duda que ayude a la pareja que interact?a sexualmente, en su irrepetible unicidad, a buscar y encontrar la armon?a.

e) Con esto tocamos el gran tema de la socializaci?n realizada por la pornograf?a, es decir, sobre la difusi?n y sobre el aprendizaje que produce de modelos de actitud y de comportamientos, sobre todo en los varones, ya que por varones est? constituida, seg?n los observadores e investigadores, la casi totalidad de los consumidores. A nuestro parecer, la pornograf?a contribuye a construir un var?n consumidor de sexo, y un consumidor que s?lo respeta sus dimensiones orgi?sticas, sin que tenga poco o nada en cuenta las de la mujer. Esta ?ltima observaci?n lleva a considerar la pornograf?a como hecho que socializa al var?n en no respetar la psicolog?a de la mujer, la cual se ve por eso obligada a obedecer siempre o casi siempre las leyes orgi?sticas del var?n sin tener en cuenta sus propias din?micas femeninas, cualitativa y temporalmente diversas. De ah? que la presunta frigidez femenina sea atribuible sobre todo a este falso enfoque vinculado a la supuesta necesidad consumista del var?n, en el que insiste sustancialmente la pornograf?a.

f) La pornograf?a -o "el sexo de papel", como se la llama tambi?n, o el sexo de celuloide o de cualquier otro material, si se quiere abarcar las diversas modalidades materialesha acompa?ado a la humanidad en toda su historia (incluso cuando el papel y las restantes t?cnicas a?n no exist?an); desde este punto de vista, cualquier "actitud de cruzados" en favor o en contra de la pornograf?a tiene sus l?mites. Que vaya a desaparecer es una utop?a; que pueda superar ciertos l?mites lo es igualmente. El erotismo seguir?, porque forma parte del juego de la psicosexualidad. Las manifestaciones pornogr?ficas que m?s sobrevivir?n ser?n las menos etiquetadas con el adjetivo pornogr?fico, pero de hecho las m?s pornogr?ficas; las m?s estigmatizadas como pornogr?ficas (y que quiz? tengan tambi?n contenidos verdaderamente art?sticos) tendr?n siempre "cruzados" que las defender?n, y con toda probabilidad son las menos nocivas, aunque se las pueda considerar las m?s difundidas. Sin embargo, es claro que no todas tienen el mismo contenido de verdadera humanidad, si y en la medida en que est?n al servicio del juego econ?mico con sus estrategias.

g) La pornograf?a, adem?s, reduce los confines entre l?cito e il?cito -diferentes en los diversos contextos sociales-, debilitando, en consecuencia; todo el sistema de los derechos y deberes, al menos en lo que ata?e al sector de la sexualidad. Si consideramos tambi?n que ese debilitamiento influye luego negativamente en el conjunto m?s vasto de los derechos y deberes de responsabilidad que interpela al ser humano unitariamente entendido -es decir, no el hombre o la mujer, sino ambos-,cualquiera puede ver que la discriminaci?n suscitada por la pornograf?a (t?ngase presente cuanto hemos dicho arriba ene) no har? sino ahondar cada vez m?s la desigualdad entre hombre y mujer y la discriminaci?n a que esta ?ltima est? sujeta desde siempre, y a la cual la pornograf?a precisamente no est? dispuesta a renunciar por formar parte de su mecanismo de vida. Las consecuencias a nivel psicol?gico, social, ?tico y jur?dico de interacci?n entre hombre y mujer, etc., se pueden individuar tambi?n actualmente; para el futuro habr? que tener en cuenta el incremento o bien el descenso a que estar? sujeta la producci?n de material pornogr?fico, y el consiguiente aumento o disminuci?n de consumo del mismo entre las j?venes generaciones.

h)
Deber?a estar bastante claro que la pornograf?a, justamente porque establece una relaci?n consumidor-mujer (el hombre es el consumidor y la mujer la mercanc?a), se ha de considerar una actividad econ?mica como tantas otras que tiene sus efectos t?picos, como la soledad del individuo a nivel de consumo, si bien este hecho no parece afectar a la actividad de los croes, de los cabar?s, de los night clubs y similares (pero tampoco aqu? se sale de la soledad privada). Si luego se a?ade que a nivel de pareja no es cierto que la pornograf?a contribuya a salir del narcisismo -subespecie del individualismo de t?pica marca liberal-burguesa, aunque ideol?gica y pol?ticamente el narcisista pueda pertenecer a grupos y asociaciones lo m?s comunistas o comunitarios que se pueda imaginarse ve entonces que el individualismo d? la pornograf?a es como el agua para el pez, al menos en la sociedad occidental.

5. EN CONCLUSIoN, se debe afirmar que la educaci?n en el humanismo integral parece constituir el ?nico ant?doto contra la propagaci?n de la pornograf?a.

El magisterio de la Iglesia ha insistido siempre en la funci?n de la sexualidad como momento de un proceso m?s amplio de crecimiento del hombre; ver en bibl. al pie de la voz l Matrimonio, la secci?n "Documentos del magisterio". Cualquier intento de parcelar al hombre y de absolutizar uno u otro comportamiento es un intento de destruir la persona humana, y en cuanto tal se ha de evitar, y por tanto desaconsejar.

Educar en saber utilizar la imagen y la imaginaci?n forma parte de los nuevos cometidos de la formaci?n moral del hombre, adem?s de las limitaciones y las prohibiciones.

El documento vaticano sobre Pornograf?a y violencia en los "mass media" (bibl.) dedica la parte ?ltima (mi. 24-31) a la problem?tica educativa concerniente al tema pornograf?a).

[/Educaci?n sexual; /Pudor; /Sexualidad].

P. Quattrocchi

BIBL.: AA.VV., Sexo y moralidad. Informe para el Consejo Brit?nico de las Iglesias,
Mester, Madrid 1968; AA.VV., El erotismo en el cine, 4 tomos, Amaika, Barcelona 1983; AA.VV., Erotismo, natura e mito, Coines, Roma 1973 BATAILLE G., El erotismo, Tusquets, Barcelona 1988 BLANCH A., Erotismo y pornograf?a, en "Raz?n y Fe" 197, (1978) 477-489; CENTRO DE ESTUDIOS SOCIALES, La pornograf?a, V. de los Ca?dos Madrid 1977; DE ARCEROBLEDO C., El insaciable eros, Picazo, Barcelona 1971; FOUREZ G., M?s all? de lo prohibido, Verbo Divino, Estella 1974; FUCECH I., Pornograf?a e violenza nei "mass-media", en "CC" 141 (1990) II, 573 580; GIACHETn R., Porno-Power (Pornograf?a y sociedad capitalista), Fontanella, Barcelona 19782; GIUNCHEDI F., Erotismo e pornograf?a: considerazioni morali, en "Rivista di Sessuclogia" 11 (1987) n. 2, 68-71; GUBERu R., La imagen pornogr?fica y otras perversiones ?pticas, Akal, Madrid 1989; HILLMANN J., Saggio su Pan, Adelphi, Mil?n 1972 HUIZINGA J., Homo ludens, Alianza, Madrid 1972; L?PEZ IBOR J. J., Vida sexual, Danae, Barcelona 1971; MARCUSE H., Eros y civilizaci?n, Seix Barral, Barcelona 19799 OSBORNE R., La pornograf?a como "delito sin v?ctima" y la cr?tica feminista, en "Sistema" 57 (1983), 97-106; ID, El liberalismo y el feminismo ante la pornograf?a, en "Sistema" 98 (1990) 71 85; PASTOR DOMINGUEZ J. L. Pornografa en G. E. R., vol. 18, Madrid 1974, 797-798; PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Pornograf?a 'y violencia en los "mass-media" (7 de mayo de 1989); ROE CARBALLO J., En torno al erotismo, en AA.VV., ?Qu? aporta el cristianismo al hombre actual.? Mensajero, Bilbao 1969, 139-171; TIERNO GALV?N E., Desde el espect?culo a la trivializaci?n, Tecnos, Madrid 1987.

P. Quattrocchi y N. Bl?zquez
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