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EL MARXISMO: OR?GENES, M?STICA Y HERENCIA ACTUAL
Publicado por Admin el 28/5/2010 (1156 lecturas)
Autor: Luis Alonso Somarriba
Fuente: Arvo.net, 01.05.2010

El llamado socialismo cient?fico o marxismo naci? en el siglo XIX, a partir de las ideas de Marx y Engels, en pleno desarrollo de la Revoluci?n industrial. Aquella Revoluci?n, la misma que habr?a de iniciar una era de progreso material para la civilizaci?n, se fund? sobre uno de los cap?tulos m?s negros de la historia, el de las injusticias sufridas por una nueva clase social, el proletariado o clase obrera. Centenares de miles de hombres, mujeres y ni?os se vieron obligados para subsistir a trabajar y vivir en penosas condiciones: con sueldos de hambre, jornadas laborales agotadoras de 14 horas, expuestos a los accidentes y los despidos arbitrarios, sin seguros m?dicos, descanso o jubilaci?n, hacinados en peque?os e insalubres apartamentos y amenazados siempre por la mortal tuberculosis.

Contra esta situaci?n de aut?ntica explotaci?n se alzaron dos voces, muy distintas en sus or?genes, naturaleza, ideas y objetivos: la Iglesia cat?lica y el ya citado marxismo. La Iglesia fue desarrollando un cuerpo de doctrina, la Doctrina Social, cuyo documento m?s representativo fue la enc?clica de Le?n XIII, Rerum novarum (1891). La Doctrina Social de la Iglesia conden?, a la vez, los abusos del liberalismo econ?mico y el marxismo, y fue tambi?n el origen de numerosas iniciativas personales y organizaciones que defendieron los derechos de la clase obrera y trabajaron por mejorar sus condiciones de vida. Pese a todo, el socialismo se impuso en los ambientes obreros desde finales del siglo XIX.

El marxismo naci? con la publicaci?n, en 1848, del Manifiesto comunista, obra de Karl Marx y Friedrich Engels. M?s tarde, vendr?an las internacionales obreras (1864 y 1889), los partidos y sindicatos socialistas y la ansiada Revoluci?n: la Revoluci?n Rusa, en octubre de 1917, dirigida por Lenin, que habr?a de instaurar el primer r?gimen comunista o de socialismo real, la Uni?n Sovi?tica (1917-1991).

El socialismo de Marx fue concebido como una filosof?a materialista y atea, en la que la historia se interpretaba como un enfrentamiento entre clases opresoras y oprimidas. Para Marx, en su tiempo, la sociedad se presentaba dividida en dos clases antag?nicas: la burgues?a -los opresores- y el proletariado -los oprimidos-. El marxismo entend?a que el pueblo trabajador deb?a tomar ?conciencia de clase? y lanzarse al enfrentamiento contra la burgues?a. Era pues necesaria ?la lucha de clases? y la ?Revoluci?n?, es decir, la toma del poder pol?tico por la fuerza. Obtenido el poder, se instaurar?a la ?Dictadura del Proletariado? que habr?a de imponer el fin de las clases y de la propiedad privada. Finalmente, la Dictadura del Proletariado, transformando la sociedad, llevar?a a una sociedad perfecta, al Para?so en la Tierra.

El marxismo se defini? como ateo y enemigo de la religi?n, declarando que ?la religi?n era el opio del pueblo?. Sin embargo, en los temas planteados por esta ideolog?a descubrimos ciertos inquietantes paralelismos con la fe cristiana. Tendr?amos, por ejemplo, un Pecado Original consistente en el surgimiento de la propiedad privada, una Redenci?n a trav?s del sufrimiento del proletariado, la v?ctima que habr? de rescatar con su pasi?n a toda la Humanidad, o un Partido que se concibe a modo de Iglesia con un Comit? Central que ejerce de sagrado magisterio (1). El sucesor de Lenin, Stalin, que hab?a sido en su juventud seminarista, supo dotar al socialismo de una liturgia perfectamente representada en numerosos actos y manifestaciones del Partido Comunista, como los desfiles del 1 de mayo en la Plaza Roja de Mosc?, que tanto recuerdan a las procesiones con iconos de la Iglesia ortodoxa rusa. Por no hablar del culto establecido en torno al cuerpo ?incorrupto? de Lenin.

Estamos pues ante una religi?n laica cuyo cielo no est? en el otro mundo sino que es preciso buscarlo en la Tierra. La lucha por conseguir ese objetivo, el Para?so en la Tierra, ha llenado de sentido la vida de muchos hombres a lo largo del siglo XX, inyect?ndoles un fervor y una fuerza solo comparable a la que se puede observar en los fieles de una aut?ntica religi?n, de una fan?tica religi?n. Benedicto XVI cuando era cardenal recordaba que el ?bien absoluto? del marxismo, es decir, ?la implantaci?n de una justa sociedad socialista, viene a constituirse como norma moral que justifica cualquier cosa, incluso la violencia, la muerte y la mentira cuando sean necesarias?. De este modo podemos entender el espantoso genocidio al que fueron sometidos los pa?ses en los que se implantaron reg?menes comunistas. El entonces cardenal Ratzinger conclu?a: ?Este es uno de tantos aspectos por donde se comprueba c?mo la humanidad, cuando se aparta de Dios, llega a las consecuencias m?s disparatadas. La raz?n del individuo puede dar en cada caso a sus acciones los m?s varios, imprevistos y peligrosos objetivos. Y lo que parec?a ser liberaci?n muestra en realidad el diab?lico rostro de lo m?s contrario? (2).

Paralelamente al establecimiento de los totalitarismos de izquierda despu?s de la II Guerra Mundial (Desde 1945, primero en Europa del Este y posteriormente en China y otras zonas del mundo), en diversos pa?ses, desde EEUU y Canad? hasta Europa occidental, pasando por Australia y Nueva Zelanda, la evoluci?n pol?tica, econ?mica y social fue desarrollando y consolidando un nuevo tipo de sociedad, cuya principal novedad hist?rica ha sido, no s?lo conseguir un alto grado de riqueza, sino ante todo que esa riqueza est? bien repartida entre la mayor parte de la poblaci?n. Lo que hace rico al primer mundo son sus clases medias, un sector que supone en torno al 80% de los ciudadanos. Los niveles de renta conseguidos por estas clases medias unido al establecimiento de diferentes sistemas de Seguridad Social han permitido unos niveles de vida generalizados impensables en 1900. Es el Estado del Bienestar, que ha sabido sobrevivir a todas las crisis econ?micas que se han sucedido desde 1973. Un buen ejemplo lo representa la Espa?a de los a?os 60, donde en poco m?s de una d?cada se pas? de una sociedad rural y subdesarrollada a una sociedad urbana de clases medias, formadas tanto por aquellos que proced?an de los antiguos grupos privilegiados como por los que ascend?an desde los sectores hasta entonces m?s desfavorecidos (obreros y campesinos). En la Espa?a de finales de los 60 y principios de los 70 muchas familias comenzaron a disfrutar, por vez primera, de vivienda propia, vacaciones pagadas, electrodom?sticos y autom?vil, o enviaron -tambi?n por primera vez- a uno de los suyos a la Universidad.

Si explico todos estos cambios, es para entender una parte de la herencia transmitida por el marxismo en los pa?ses ricos. Porque, aunque hace veinte a?os (1989) cayera el Muro de Berl?n y poco despu?s se desmoronaran la Uni?n Sovi?tica y la mayor parte de los reg?menes comunistas, mostrando el rotundo fracaso del socialismo real, la ideolog?a marxista -que durante m?s de un siglo trabaj? con esfuerzo- ha dejado, despu?s de su ca?da, su poso, una pegajosa pel?cula contaminante adherida a distintos ?mbitos sociales, de la cultura, la pol?tica y la religi?n.

Quiero destacar una de esas envenenadas herencias del marxismo, la que podemos encontrar en la mentalidad dominante de ciertos ambientes sociales. Es el caso de muchas familias que, disfrutando hoy de unos niveles econ?micos propios de clase media, se saben descendientes de los antiguos sectores desfavorecidos de la sociedad. Puede ser que sus ingresos provengan todav?a del trabajo manual (la f?brica, el campo, etc.) o que, a trav?s de la preparaci?n acad?mica, ejerzan una profesi?n de m?dico, abogado, docente, etc. Da igual, de alg?n modo estas familias han logrado transmitir a sus miembros, de generaci?n en generaci?n, la condici?n de ?pobres?, de una manera muy parecida a la practicada por la aristocracia: se hereda la categor?a de ?pobre? como si fuera la sangre azul o un t?tulo de nobleza. As? pues, se puede ser ?pobre?, o como tambi?n suele decirse ?de familia obrera?, poseyendo, por ejemplo, una vivienda propia -o dos- con todos los electrodom?sticos, un autom?vil, viajando habitualmente con la familia a lugares de vacaciones, disfrutando de ropa de marca, etc., etc. Adem?s, esa ?humilde condici?n? es generalmente presentada con orgullo y aireada notoriamente con tono victimista siempre que se presenta la ocasi?n. Se trata de la impronta dejada por ?la conciencia de clase?.

Parece como si aquel pasado, cada vez m?s lejano, de penuria y sufrimientos, hubiera convertido a los antepasados proletarios en santos m?rtires y a sus descendientes en una casta de venerables. No olvidemos que el marxismo exalt? a la clase trabajadora transform?ndola en una especie de ?pueblo santo? o ?raza elegida?. Si el nazismo proclam? a la raza germana como superior contraponi?ndola a los jud?os, el marxismo ensalz? al proletariado enfrent?ndole al enemigo burgu?s, ?al enemigo de clase?.

Esta mentalidad ?obrera? se traduce actualmente en numerosos prejuicios y, sobre todo, en un fuerte clasismo. A menudo cuando pensamos en el clasismo solemos tirar del t?pico de un rico mirando por encima del hombro a un pobre, pero olvidamos que ese af?n por marcar el territorio y despreciar al otro puede tambi?n surgir entre los que se sienten socialmente inferiores y reaccionan contra el que creen est? por encima. Es el resultado de ?la lucha de clases? propuesta por Marx, y que a?n hoy predispone a muchos individuos que, casi inconscientemente, dividen la sociedad en buenos -los pobres- y malos -burgueses, ricos, fachas-, obrando en consecuencia, es decir, rechazando, excluyendo, discriminando. Es curioso como estas actitudes de rechazo, que en muchas ocasiones derivan en serias injusticias, parecen ser compatibles con las viejas proclamas que giran entorno al ideal de la solidaridad. En definitiva, un enorme bagaje -un hervidero- de sentimientos negativos -odio, orgullo, complejos y rencores- atizados en el pasado por el fuego del marxismo y hoy mantenidos por los rescoldos de dicha ideolog?a, que constituyen un muro invisible, un factor de divisi?n que dificulta, a veces gravemente, la cohesi?n social, la comunicaci?n entre personas y grupos.

El tema de la herencia del marxismo en el mundo actual es extenso. Para terminar, podemos indicar algunos de sus cap?tulos. Por ejemplo, el tan querido enfrentamiento de buenos contra malos, oprimidos contra opresores, lo encontramos en el movimiento indigenista difundido por Hispanoam?rica y defendido, entre otros, por el boliviano Evo Morales, o en el feminismo y la ideolog?a de g?nero. Igualmente, lo detectamos en ?mbitos educativos, donde el profesorado y los alumnos aventajados pueden ser vistos con recelo y sospecha pues son asimilados a las ?lites opresoras. Incluso, por parecidas razones, la cultura human?stica tiende a ser arrinconada y el conocimiento se presenta para algunos casi como un pecado.

Luis Alonso Somarriba
Santander, abril del 2010.



NOTAS:

(1) WETTER, Gustav, S.J.; citado por GRAF HUYN, Hans: Ser?is como dioses, EIUNSA, Barcelona, 1991, p?gs. 126-127.
(2) RATZINGER, Joseph: Informe sobre la fe, BAC Popular, Madrid, 2005, p?g. 100.
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