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ANIMACIÉN PARA EL SEGUIMIENTO DE JESUCRISTO
Publicado por Admin el 17/10/2013 (2556 lecturas)
Ignacio Madera Vargas, sds
www.cirm.org.mx

REFLEXI?N



2. ?C?mo tipificamos el seguimiento de Jesucristo?



-una palabra que llama. Por ello se anima para la vivencia de la Palabra. El animador debe con su testimonio entusiasmar a su comunidad para la lectura cotidiana y asidua de la Escritura. Invitar a la comunidad a experimentar la lectio divina como un modo habitual de vivir ir? dando gusto a la habitaci?n en la casa de Jes?s. Por ello, la lectio debe ser primordialmente de los textos del Nuevo Testamento.

-esa palabra se toma en serio: para discernir las situaciones de la vida, las que son fruto de la libertad como las que se nos imponen por las situaciones del momento. El o la animadora debe insinuar y formar a la comunidad en el discernimiento a la luz de la escritura. La conciencia de resurrecci?n, o si queremos, la fe en la resurrecci?n consiste en vivir de tal manera que las actitudes, las acciones y los valores se transforman ante la pregunta que nos hace la Palabra de Jesucristo. Si vive es porque esta palabra es viva, genera preguntas y suscita comportamientos porque es la palabra de un viviente y no de un muerto ilustre, es palabra del Resucitado



-la gratuidad de la llamada: es iniciativa, es don, es gracia. La animaci?n conlleva el que con cierta periodicidad tomemos conciencia de la gratuidad de esta llamada. Somos hombres y mujeres fr?giles, y por esa fragilidad nuestra se muestra la grandeza del Dios que nos llama y salva.



-la libertad de la respuesta: "si quieres", es igualmente gratuita. Sentirse libres en el seguimiento de Jesucristo, tomar conciencia comunitaria de que somos religiosos y religiosas en plena y absoluta libertad, porque queremos y porque nos fascina. Es una tarea de verdadera animaci?n en este tiempo de tanta desilusi?n y desencanto.



-el componente m?stico y el componente pr?ctico son inseparables. Cuando ellos se separan viene la esquizofrenia en la vida religiosa o en cualquier vida cristiana. O la contemplaci?n que aliena o el activismo que esteriliza.



3. La persona y la causa de Jes?s: fascinaci?n del seguidor



La fascinaci?n por Cristo es la que refunda la relaci?n de autoridad. La conflictividad del momento hist?rico trasmite como por ?smosis, con buena voluntad, comportamientos sociales que hacer la relaci?n muy compleja.



No es por la ca?da del modelo dominador dominado y la b?squeda de implantaci?n del modelo dialogal que debemos decir que la autoridad esta en crisis, sino porque hemos pasado de un modelo fundado en criterios sociales y humanos al modelo de Jes?s.



Refundar la relaci?n es saber que la autoridad no tiene que ver con el poder sino con la calidad del testimonio. Es la b?squeda com?n de testimonio lo que da autoridad en la vida religiosa y no la capacidad de mandar o dominar.







C?mo enfrentar los conflictos en la relaci?n con la autoridad?



-acept?ndolos

-mir?ndolos serenamente

-reconociendo lo que ellos traen de pecado: negaci?n de la fraternidad, de la armon?a, del amor.

-buscando sanar las heridas causadas: paciencia evang?lica.

-sabiendo reconocer la propia limitaci?n: para no enga?arnos creyendo que podremos resolver todas las dificultades que se presentan. Algunas deben remitirse a otras personas, o a profesionales (cuestiones sicol?gicas) o a directores espirituales o a superiores (as) mayores. Ello no desdice de mi capacidad sino antes bien me ubica en la limitaci?n de mi propia b?squeda.

-orando juntos: el gran logro de un (a) animador es mantener la necesidad de orar y el lograr orientar la oraci?n a partir de la vida, de los sue?os, de los deseos insatisfechos, de las ilusiones y esperanzas, de las tristezas y fracasos, una oraci?n pascual y encarnatoria.

-aceptando la bondad de los hermanos, su espontaneidad. Estrictamente hablando nadie est? lleno de malas intenciones. Generalmente, los hermanos y hermanas crueles o rebeldes o hist?ricas o neur?ticos son personas que llevan su situaci?n como una carga. Una madre en el hogar soporta a su hijo o hija deficiente, le busca soluciones, un padre en el hogar siente en su propia carne el sufrimiento de su hijo descarriado. En la vida religiosa necesitamos algo de esa mentalidad del hogar.



En la superaci?n del modelo conventual


Entiendo por superaci?n del modelo conventual una vida regida por horarios, reglamentos, normas que todos y todas debemos cumplir. Si algo falla en el cumplimiento de lo anterior, entonces consideramos que la vida religiosa se est? destruyendo. Algunos y algunas creen que la vida religiosa est? en dificultades porque no ha sabido mantener el rigor y la estrictez del pasado. Olvidan que este tiempo es otro, que nacieron en la cultura del libro y estamos en la cultura de la imagen, que nacieron en los tiempos de los principios y de los grandes relatos y estamos en los tiempos de los peque?os relatos, de la fragmentaci?n, de la imposibilidad de asegurar con radicalidad tantas cosas.



El modelo de hogar lo entiendo en los t?rminos de la familia nuclear tradicional. En donde las relaciones se tejen a partir del amor de sangre y en donde todo se mira desde ese mismo amor. Por ello, la familia incluye las discusiones, las desavenencias, la angustia ante las dificultades de uno de los hijos o hijas pero prevalece el sentido del bien de la persona, de su cuidado, de su preservaci?n. Se ama y por ello no se escatiman esfuerzos para encontrar y buscar soluciones o salidas a las dificultades. Y se soporta y se tolera. Aqu? si que vale el decir de la carta de Pablo, el amor es comprensivo.



Del convento legalista al hogar como casa religiosa en donde se busca la espontaneidad y la libertad. En donde los momentos de oraci?n no pueden ser fardos pesados pero tampoco ser momentos que se buscan seg?n el libre arbitrio o libre voluntad de cada uno. En donde se comprende que una hermana o hermano llegue cansado y no despierte con la misma rapidez que otra, que sea necesario llamar con cari?o para recordar la hora, porque es bueno para todos y todas y no porque es necesario cumplir con un reglamento que parece mas importante que los altibajos de la vida cotidiana.



No estamos en una b?squeda de cumplimiento de unas determinadas maneras de organizar la vida. La vida religiosa es toda la vida, por lo tanto, no podemos estar prendidos de normas sino de un esp?ritu que se conquista a lo largo de la vida toda. Que nos hace comprensivos incluso con aquel o aquella que definitivamente han descubierto que deben darle otras oportunidades a sus vidas.



HACIA UNA RELACI?N SANA



La relaci?n de autoridad es lo contrario de la arbitrariedad. Y la relaci?n refundada es precisamente una superaci?n de muchas formas de arbitrariedad que han hecho carrera en la vida religiosa contempor?nea. Por ello, mientras mas autoridad tiene un animador o animadora menos necesidad tiene de medios materiales de presi?n para hacerse obedecer y lo contrario.



La relaci?n de autoridad supone por lo tanto que ella es reconocida y aceptada que todos asumimos un servicio para el crecimiento comunitario y la organizaci?n de la vida cotidiana en funci?n del seguimiento de Jes?s y el crecimiento carism?tico. Por ello no hay autoridad si ella no es reconocida y aceptada. La autoridad es el ?poder? de obtener sin recurso a la represi?n f?sica cierto comportamiento de parte de aquellos con quienes compartimos la vida. Excluyendo la fuerza. Lo que genera autoridad es la aceptabilidad de las propuestas hechas. Por ello, si se excluyen las relaciones de fuerza, entonces las relaciones que se establecen deben ser de confianza. Sin confianza, el poder no es m?s que opresi?n.



El animador desde una perspectiva refundacional puede identificar su servicio a trav?s de cuatro verbos: animar, organizar, informar, formar, promover



Animar: es dar ?anima?, es decir, suscitar un Esp?ritu. Qu? esp?ritu? El de un (a) seguidor (a) de Jesucristo. Estimular el seguimiento de Jes?s es la tarea primera del animador (a); orientar hacia dos grandes vertientes: ir a vivir en la casa de Jes?s y caminar por las sendas de la misi?n. Animaci?n por lo tanto para una vivencia intensa y profunda de Jes?s: espiritualidad y para un compromiso con la causa de Jes?s, su reino: misi?n. Se anima para la espiritualidad y la misi?n. Por ello el animador (a) debe ser ante todo un hombre o mujer identificados con la espiritualidad y misi?n de la comunidad. Esta es su primera capacidad y debe ser el criterio primero para su nombramiento o remoci?n.



Dar alma, es decir, una unidad, un dinamismo, una vida. No hay organizaci?n sin animaci?n. Conlleva una optimizaci?n de la vida de la comunidad por el recurso a la Palabra y al discernimiento en orden a lo que ella nos pide de manera que las relaciones entre los hermanos y hermanas crezcan en seriedad, serenidad y realismo humano. Esta optimizaci?n de la vida interior del grupo y de sus relaciones con el medio en el cual se proyecta orientar? las energ?as de todos hacia un objetivo com?n.



Organizar: es pasar de un conjunto ca?tico a un conjunto estructurado, poner en forma y dinamizar, dar sentido (significaci?n y orientaci?n a la vez) a los elementos y fuerzas que hasta el momento no lo han tenido. Todo esto, dando a los miembros la capacidad de manifestarse adultamente y de realizarse en sus potencialidades. Esta funci?n de organizar conlleva las capacidades de prever, encomendar, coordinar, controlar.



Informaci?n: comunica a todos lo referente a la vida de la Comunidad internacional, nacional y local. No se queda con ninguna informaci?n que sea para compartir porque con ello est? motivando y estimulando la participaci?n de los dem?s hermanos y hermanas y cultivando su inter?s y sentido de pertenencia.



Formaci?n: se trata de trasmitir la propia experiencia. De formarse y crecer juntos en el sentido de la vida elegida. De comunicar la conciencia de las propias fragilidades y los caminos que los dem?s pueden iluminar para la superaci?n de los mismos. Estar siempre en disposici?n de captar los decires de Dios a trav?s de los acontecimientos y compartirlos para ir creciendo de manera permanente en la vida del Esp?ritu.



Promoci?n: suscitando el paso a niveles cada vez mayores de responsabilidad en los hermanos o hermanas. Ello le pide un juicio l?cido sobre las capacidades de los mismos actuando en funci?n del bien general. Es verdad que no todos tienen las mismas capacidades o posibilidades de desarrollo pero tambi?n lo es que cada uno pueda dar el m?ximo de si mismo. Por ello el buen animador promueve a los hermanos que van desarrollando sus habilidades por la actualizaci?n, la especializaci?n o proponi?ndolos para niveles de responsabilidad local o provincial.



Teniendo como ejes articuladores la Palabra Santa de la Escritura y el Carisma y la espiritualidad de la comunidad, un superior (a) que asumen las actitudes descritas en estos cinco verbos realiza su servicio a partir de lo fundamental: con autoridad y no como los escribas.
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