Reflexión para el quinto Domingo de Cuaresma

Quinto domingo de Cuaresma

Reflexión para el quinto Domingo de Cuaresma

NUESTRA ESPERANZA

El relato de la resurrección de Lázaro es sorprendente. Se nos presenta a Jesús humano, frágil y entrañable en este momento en que se le muere uno de sus mejores amigos y por otra parte se nos presenta como el Jesús con poder salvador: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá… ¿Crees esto?»

Jesús, cuando llega a la casa de estos tres hermanos de Betania, se encuentra con que Lázaro lleva cuatro días enterrado. Ya nadie le podrá devolver la vida. La familia está rota, lloran la muerte de su hermano y Jesús no puede contenerse y también se echa a llorar. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. ¿Quién nos podrá consolar?

Hay en nosotros un deseo insaciable de vida. Nos pasamos los días y los años luchando por vivir. Nos agarramos a la ciencia y, sobre todo, a la medicina para prolongar esta vida biológica, pero siempre llega una última enfermedad de la que nadie nos puede curar. Tampoco nos serviría vivir esta vida para siempre. Sería horrible un mundo envejecido, lleno de viejos y viejas, cada vez con menos espacio para los jóvenes, un mundo en el que no se renovara la vida. Lo que anhelamos es una vida diferente, sin dolor ni vejez, sin hambres ni guerras, una vida plenamente dichosa para todos.

Hoy vivimos en una sociedad que ha sido descrita como “una sociedad de incertidumbre”. Nunca había tenido el ser humano tanto poder para avanzar hacia una vida más feliz. Y, sin embargo, nunca tal vez se ha sentido tan impotente ante un futuro incierto y amenazador. ¿En qué podemos esperar?

Como los humanos de todos los tiempos, también nosotros vivimos rodeados de tinieblas. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cómo hay que vivir? ¿Cómo hay que morir? Antes de resucitar a Lázaro, Jesús dice a Marta esas palabras que son para todos sus seguidores un reto decisivo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que crea en mí, aunque haya muerto vivirá… ¿Crees esto?»

A pesar de dudas y oscuridades, los cristianos creemos en Jesús, Señor de la vida y de la muerte. Sólo en él buscamos luz y fuerza para luchar por la vida y para enfrentarnos a la muerte. Sólo en él encontramos una esperanza de vida más allá de la vida.

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL 5º DOMINGO DE CUARESMA/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del profeta Ezequiel 37,12-14 
Esto dice el Señor:
– Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago. Oráculo del Señor. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En la 1ª lectura vemos al pueblo de Dios desterrado y alejado del Señor a causa de su infidelidad, de su pecado. Su horizonte es la muerte y su meta el sepulcro. Pero Dios promete infundirle su espíritu y así recobrará la esperanza y la vida. Retornar a su tierra es como recobrar la vida. Por la fe en Dios y la fidelidad a sus preceptos, logrará vivir a pesar de las dificultades por las que atraviesa.

Sal 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8 
R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
 

  • Desde lo hondo a ti grito, Señor:Señor, escucha mi voz;
    estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R:
  • Si llevas cuenta de los delitos, Señor,¿quién podrá resistir?
    Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. R:
  • Mi alma espera en el Señor,espera en su palabra;
    mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R:
  • Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora;
    porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
    y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,8-11 
Hermanos:
Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo les dice a los cristianos de Roma que no estén en pecado porque así no agradan a Dios, que tengan el Espíritu de Cristo y se dejen llevar por Él y así gozarán de la vida. Los bautizados en Cristo tienen en sí la vida de Dios, su espíritu hace brotar la vida, de modo copioso.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 11,1-45 
En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo.
Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo:
– Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo:
– Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Después añadió:                 – Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
– Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo:
– Tu hermano resucitará.
Marta respondió:
– Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice:
– Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó:
– Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
– Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Jesús, muy conmovido preguntó:
– ¿Dónde lo habéis enterrado?
Le contestaron:
– Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar.
Los judíos comentaban
– ¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron:
– Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. Dijo Jesús:
– Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
– Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
Jesús le dijo:
– ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
– Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado.
Y dicho esto, gritó con voz potente:
– Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
– Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Palabra del Señor.

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Jesús, al vencer a la muerte nos dirá que Él es la vida y que quien cree en Él tendrá vida eterna. Así nos ofrece la base y fundamento de nuestra gran esperanza: vivir para siempre. Pero para tener vida es preciso tener “fe en Jesucristo”. Quien no le acepte como Salvador; quien no le acoja como Redentor, permanecerá muerto.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

 

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

El Evangelio de este domingo de Cuaresma es un canto a la vida. Es la proclamación de que el Dios en quien nosotros creemos es el Dios de la vida. Una vida que nos la da gratuitamente para que la cuidemos, la disfrutemos, la defendamos y la aprovechemos bien, encontrando en todo momento motivos para bendecirle y glorificarle. A pesar de ello, nosotros experimentamos de forma dolorosa el hecho de la muerte y muchos aspectos que la rodean, que nos hacen

sufrir y que muchas veces no entendemos. Como a Marta, Jesús me dice: “Yo soy la resurrección y la vida… Quien cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

Esta es nuestra fe. Ésta es la fe que a lo largo de la Cuaresma nos ha empujado y animado a salir corriendo, como Marta, al encuentro del Señor. Y si hemos buscado ese encuentro con sinceridad y constancia, el Señor nos ha ido resucitando, nos ha ido renovando y llenando de su Vida, y se ha ido afianzando nuestra fe en la Resurrección. Sigamos haciendo cada día el esfuerzo de salir al encuentro del Señor, y con la misma fe y confianza que Marta digámosle: ¡Sí, Señor. Yo creo! Y con humildad y confianza pidámosle que aumente nuestra fe.

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