Principio del Bien y el Mal.

Principio del Bien y el Mal.
Gn. 2:17

¿En qué consiste el principio del bien y mal? Si nuestra conducta es gobernada por el principio del bien y del mal, entonces, cada vez que vayamos a tomar una decisión, nos preguntaríamos si lo que vamos a hacer es bueno o malo.

Por ejemplo, cada vez que vayamos, podríamos preguntarnos “¿esta bien o mal que haga esto?”. Cuando nos hacemos esta pregunta, en efecto nos preguntamos si tenemos razón o no al hacerlo. Muchas personas entran en razonamiento tratando de determinar si algo es bueno o malo. Examinando meticulosamente lo que van a hacer para saber si les está permitido hacerlo. Se preguntan “¿Es correcto que haga esto?”. Como cristianos que son, ellos examinan cuidadosamente sus acciones tratando de determinar si lo que van a hacer es bueno y justo; por conducirse de esta manera, se consideran a sí mismo como buenos cristianos.

La Palabra de DIOS dice: Gn. 2:17e “Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comiereis ciertamente moriréis”. La práctica que menciono anteriormente no es otra cosa que discernir entre el bien y el mal; no es nada más que decidir hacer o no hacer lo malo. No obstante, esto es ajeno a la vida cristiana. El cristiano no tiene preceptos externos de lo que es bueno y malo; no tiene normas establecidas. Aunque escojamos lo bueno y rechacemos lo malo, esto no tiene nada que ver con el cristianismo.

Este tipo de práctica pertenece al Antiguo Testamento, a la ley, a las religiones del mundo, a las normas morales y a la ética humana, pero no al cristianismo.

¿En qué consiste el cristianismo? Primeramente tiene que ver con la vida de DIOS y no con el hechote preguntarnos si algo es bueno o malo. La vida cristiana consiste en consultar a DIOS cada vez que vayamos a hacer algo. ¿Qué nos dice la nueva vida que DIOS nos ha dado? Es muy extraño que muchos sólo presten atención a una norma externa, la norma de lo que es bueno y lo que es malo. Pero DIOS no nos ha dado una norma externa. El cristianismo no cuenta con otros diez mandamientos, no nos conduce a un nuevo Sinaí nos da una nueva serie de reglas o preceptos de “harás esto o no harás aquello”. La vida cristiana no nos exige que determinemos si lo que vamos a hacer es bueno o malo. Antes bien, se trata de que en cualquier cosa que vayamos a emprender, estemos atentos a la vida divina que está en nosotros, la cuál reacciona y nos habla interiormente. Si nos sentimos tranquilos en nuestro interior, si sentimos que la vida de DIOS está fluyendo intensamente, si nos sentimos firmes interiormente y percibimos la unción, entonces sabemos que tenemos la aprobación de la vida divina, muchas veces, cierta acción puede parecer buena y loable ante los ojos de los hombres, pero, contrario a lo que esperamos, la vida en nuestro interior comienza a enfriarse y a retraerse.

Debemos recordar que la Palabra de DIOS dice que la vida cristiana se basa en la vida que reside en nuestro interior, y no en una norma externa que define lo que es bueno o malo. Muchas personas inconversas, viven según las normas de vida más elevadas que puedan alcanzar: es el principio de escoger entre lo bueno y lo malo.

No obstante, si nosotros como cristianos vivimos según este mismo principio, en nada nos diferenciamos de la gente del mundo. Los cristianos no nos regimos según este mismo principio. Los cristianos y los incrédulos difieren en el sentido de que los cristianos no se rigen por una norma ética ni por una ley externa. Lo que nos preocupa no es la moralidad ni los conceptos del hombre. No tratamos de determinar si algo es bueno o malo según el criterio y las opiniones humanas; en lugar de ello, deberíamos hacernos esta pregunta “¿qué dice al respecto la vida que mora en mi interior?”. Si sentinos que la vida que mora en nuestro interior se fortalece y se activa, entonces podemos proceder, pero se percibimos que ésta se enfría y se retrae, debemos detenernos. El principio por el cual nos regimos opera dentro y fuera de nosotros. Este es el único y verdadero por el cual debemos guiarnos; todo otro principio es falso para el genuino cristiano. Quizás otros digan que es correcto hacer ciertas cosas y tal vez yo también tenga que hacer lo mismo, pero ¡qué nos dice el respecto la vida en nuestro interior? Es posible que la vida divina en nuestro interior no esté de acuerdo. Si aun así llevamos a cabo dicho asunto, no recibiremos recompensa alguna, y si no lo hacemos, no debemos sentirnos avergonzados, pues simplemente hemos dejado de acatar normas externas a nosotros. Sólo podemos determinar que algo es correcto cuando el Espíritu de DIOS nos lo confirme en nuestro interior. Lo que determina si algo es bueno o malo, correcto o incorrecto, no es una norma exterior a nosotros, sino la vida que está en nuestro interior

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