Papa Francisco, para cambiar el mundo, hay que hacer el bien sin esperar nada a cambio

PAPA FRANCISCO

Papa Francisco, Para cambiar el mundo, hay que hacer el bien sin esperar nada a cambio

Francisco agradece a la marina italiana la labor de rescate a inmigrantes

«La regla de la hospitalidad es sagrada: que nunca falte un plato y una cama para el que lo necesita»

José Manuel Vidal, 10 de septiembre de 2014 a las 10:03
«La misericordia de la Iglesia supera todo muro, toda barrera, la misericordia cambia el corazón y la vida»
(José M. Vidal).- Audiencia y catequesis papal en torno al pasaje del Juicio final, uno de los textos programáticos del cristianismo: las obras de misericordia. Porque son «lo esencial del Evangelio» y una de las claves del pontificado de Francisco. Porque, «para cambiar el mundo, hay que hacer el bien sin esperar nada a cambio» y practicar la «sagrada regla de la hospitalidad», para que «no falte nunca un plato y una cama para el que lo necesita».

Evangelio de Mateo, con el pasaje del juicio final: «El rey dirá a los sentados a su derecha: Venid benditos de mi Padre al reino preparado para vosotros desde los comienzos del mundo. Porque tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, fui foratero y me hospedásteis, estuve desnudo y me vestísteis, enfermo y me visitásteis, en la cárcel y vinísteis a verme».

Algunas frases del discurso del Papa

«La Iglesia es madre y nos hace crecer con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios y nos indica el camino de la salvación»

«Hoy quiero subrayar un aspecto participar de la acción educativa de nuestra madre la Iglesia: que nos enseña las obras de misericordia»

«Un buen educador apunta a lo esencial, no se pierde en los detalles»

«Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia»

«Dios se hizo hombre para salvarnos, para darnos su misericordia»

«Sed misericordiosos como vuestro Padre»

«La Iglesia tiene que repetir lo mismo a sus hijos: Sed misericordiosos»

«La Iglesia no da lecciones teóricas sobre el amor y la misericordia, no difunde en el mundo una filosofía…»

«El cristianismo es todo esto, pero la madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo y las palabras sirven para iluminar el significado de sus gestos»

«Lo hace con el ejemplo de tantos santos y santas, que hicieron esto de modo ejemplar y de tantísimos papás y mamás que enseñan a sus hijos que todo lo que nos sobra a nosotros es para los que le falta lo necesario»

«Sagrada la regla de la hospitalidad: que nunca falte un plato y una cama para el que lo necesita»

Y cuenta una anécdota de la «otra diócesis»: Una madre con tres hijos pequeñitos está comiendo con sus pequeños un bistec con patatas fritas. Llaman a la puerta y era un mendigo que pedía comida. Le dice la madre: qué hacemos. Se lo damos, se lo damos, dicen los niños. ¿Cogemos la mitad de vuestro bistec, entonces? No, eso, no. Y la madre contestar: Hay que dar de lo vuestro. Coge la mitad del plato de cada hijo y se lo da al pobre.

«Enseñar a los hijos a compartir sus cosas con los que lo necesitan»

«La misericordia de la Iglesia supera todo muro, toda barrera»

«La misericordia cambia el corazón y la vida»

Cita el ejemplo de la Madre Teresa, que acompaña a los moribundos.

«Madre Teresa le daba el a rivederci a los moribundos y allí le esperan para abrirle la puerta del cielo»

«No basta amar a los que nos aman, no basta hacer el bien al que nos hace el bien»

«Para cambiar el mundo, hay que hacer el bien a quien no es capaz de agradecérnoslo»

«Hacer el bien sin esperar nada a cambio»

«¿Cuánto hemos pagado por nuestra redención»

«¡Qué bello es vivir en la madre Iglesia, que nos enseña estas cosas, que nos enseñó Jesús»

«Ella nos enseña la vía de la misericordia, que es la vía de la vida»

Texto íntegro del saludo del Papa en español

Queridos hermanos:
Un aspecto particular de la maternidad de la Iglesia es que ella nos educa a través de las obras de misericordia. Como buena madre y educadora, ella se fija en lo que es esencial; y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Pero la enseñanza de la Iglesia no es algo meramente teórico, no da lecciones, sino que se transmite con el ejemplo. Ella nos ofrece el ejemplo de los santos, pero también el de tantos hombres y mujeres sencillos.

La Iglesia nos enseña a dar de comer y beber a los que tienen hambre y sed; vestir al que está desnudo. Nos enseña a estar cerca del enfermo, ya sea en un hospital, en una residencia o en la propia casa. Nos enseña a visitar al encarcelado, mirándolo en su humanidad, pues sólo la misericordia puede cambiar el corazón y hacer que una persona vuelva a insertarse en la sociedad. Por último, la Iglesia nos enseña también a estar cerca del abandonado o del que muere solo.

Ahora bien, no basta con amar sólo al que nos ama. Para cambiar el mundo es necesario hacer el bien a quien no puede darnos nada a cambio, como Dios Padre hizo con nosotros entregándonos a Jesús.
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Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Colombia, Perú, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Les animo a agradecer al Señor que nos haya dado a la Iglesia como madre, y a recorrer con generosidad el camino de la misericordia. Muchas gracias y que Dios los bendiga.

Saludo en árabe

«La Iglesia afronta el odio con el amor, derrota la violencia con el perdón; responde a las armas con la oración».

«El Señor recompense vuestra fidelidad, os infunda coraje en la lucha contra las fuerzas del Maligno y abra los ojos de los que están cegados por el mal, para que pronto vean la luz de la verdad y se arrepientan de los errores cometidos»

Saludo en italiano

Recuerda a San Pio X

Saluda a los marinos de la operación Mare Nostrum y «su admirable obra en favor de tantos hermanos que buscan la esperanza. Gracias, muchas gracias»

Próximo viernes, memoria del Santísimo nombre de María. «Rezadle, sobre todo en el momento de la cruz y del sufrimiento»

Texto completo de la catequesis papal

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre la Iglesia, estamos considerando que la Iglesia es madre. La vez pasada hemos subrayado cómo la Iglesia nos hace crecer y con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios, nos indica el camino de la salvación y nos defiende del mal. Hoy quisiera subrayar un aspecto particular de esta acción educativa de nuestra madre Iglesia, es decir, cómo ella nos enseña las obras de misericordia.

Un buen educador se concentra en lo esencial. No se pierde en los detalles sino que quiere transmitir lo que verdaderamente cuenta, para que el hijo o el alumno encuentren el sentido y la alegría de vivir. Es la verdad. Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Lo esencial del Evangelio es la misericordia. Dios ha enviado su hijo, Dios se ha hecho hombre para salvarnos, es decir, para darnos su misericordia. Los dice claramente Jesús, resumiendo su enseñanza para los discípulos. «Sean misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso» (Lc, 6,36). ¿Puede existir un cristiano que no se misericordioso? No. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso, porque esto es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede más que repetir la misma cosa a sus hijos: «Sean misericordiosos», como lo es el Padre y como lo ha sido Jesús. Misericordia.

Y entonces, la Iglesia se comporta como Jesús. No nos da lecciones teóricas sobre el amor, sobre la misericordia. No difunde en el mundo una filosofía, una vía de sabiduría…Cierto, el Cristianismo también es todo esto, pero como consecuencia, como reflejo. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras sirven para iluminar el significado de sus gestos.

La madre Iglesia nos enseña a dar de comer y dar de beber a quien tiene hambre y sed, a vestir a quien está desnudo. Y ¿cómo lo hace? Lo hace con el ejemplo de tantos santos y santas que han hecho esto en modo ejemplar: pero lo hace también con el ejemplo de tantísimos papás y mamás, que enseñan a sus hijos que lo que nos sobra, es para quien no tiene lo necesario. Es importante saber esto. En las familias cristianas más simples ha sido siempre sagrada la regla de la hospitalidad: no falta nunca un plato y una cama para quien tiene necesidad. Una vez, una mamá me contaba, en la otra diócesis, que quería enseñar esto a sus hijos y les decía que hay que ayudar y dar de comer a quien tiene hambre. Tenía tres hijos, Y un día en el almuerzo – el papá estaba afuera, en el trabajo – ella estaba con los tres hijos, chiquitos: siete, cinco y cuatro años, más o menos. Y llaman a la puerta y estaba un señor que pedía de comer. Y la mamá le dijo: «espera un momento». Entró y les dijo a los hijos: «hay un señor allí que pide de comer ¿qué hacemos? ¡Le damos mamá, le damos! Cada uno tenía en el plato un bife con papas fritas. Y «le damos, le damos»… Muy bien. Tomemos la mitad de cada uno de ustedes y le demos la mitad del bife de cada uno de ustedes. «¡Ah, no mamá, así no va! Es así, tú debes dar de lo tuyo. Y así, esta mamá, enseñó a los hijos a dar de comer de lo propio. Éste es un hermoso ejemplo que a mí me ha ayudado tanto. «Pero, no me sobra nada…» Pero ¡da de lo tuyo! Así nos enseña la madre Iglesia. Y ustedes, tantas mamás que está aquí: saben que es lo que tienen que hacer para enseñar a sus hijos para que ellos compartan sus cosas con el que tiene necesidad.

La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está enfermo. ¡Cuántos santos han servido a Jesús en este modo! Y cuántos simples hombres y mujeres, cada día, ponen en práctica esta obra de misericordia en una habitación de hospital, o en una casa de reposo, o en la propia casa, asistiendo a una persona enferma.

La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está en la cárcel. «Pero padre, no, esto es peligroso, es gente mala». ¡Pero cada uno de nosotros es capaz! Escuchen bien esto: cada uno de nosotros es capaz de hacer lo mismo que ha hecho aquel hombre o aquella mujer que están en la cárcel. Todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida. ¡No es más malo de ti o de mí!

La misericordia supera todo muro, toda barrera y te lleva a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona, y es la misericordia que cambia el corazón y la vida que puede regenerar una persona y permitirle de integrarse de nuevo en la sociedad.

La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está abandonado y muere solo. Es lo que ha hecho la beata Teresa por las calles de Calcuta; es lo que han hecho y hacen tantos cristianos que no tienen miedo de apretar la mano a quien está por dejar este mundo. Y también aquí, la misericordia dona la paz a quien parte y a quien se queda, haciéndonos sentir que Dios es más grande que la muerte y que permaneciendo en Él, también la última separación es un «hasta pronto». Lo había entendido bien esto la beata Teresa. Pero le decían: «Madre, esto es perder el tiempo». Y ella encontraba gente moribunda por la calle, gente a la cual los ratones de la calle le comenzaban a comer el cuerpo. Y ella, los llevaba a casa para que murieran limpios, tranquilos, acariciados, en paz. ¡Ella les daba el «hasta pronto» a todos ellos, eh! Y tantos hombres y mujeres, como ella, han hecho esto. ¡Los esperan, allí en la puerta, para abrirles la puerta del Cielo! Ayudar a la gente a morir bien, en paz.

Queridos hermanos y hermanas, así Iglesia es la madre, enseñando a sus hijos las obras de misericordia. Ella ha aprendido de Jesús este camino, ha aprendido que esto es lo esencial para la salvación. No basta amar a quien nos ama. Jesús dice que esto lo hacen los paganos. No basta hacer el bien a quien nos hace el bien. Para cambiar el mundo y mejorarlo, es necesario hacer el bien a quien no está en condiciones de correspondernos, como ha hecho el Padre con nosotros, donándonos a Jesús. Pero ¿cuánto hemos pagado nosotros por nuestra redención? ¡Nada! ¡Todo gratis! Hacer el bien sin esperar otra cosa en cambio, así, en contracambio. Así ha hecho el Padre con nosotros y nosotros debemos hacer lo mismo. ¡Haz el bien y sigue adelante! ¡Qué hermoso es vivir en la Iglesia, en nuestra madre Iglesia que nos enseña estas cosas que nos ha enseñado Jesús!

Demos gracias al Señor, que nos da la gracia de tener como madre a la Iglesia, ella, que nos enseña el camino de la misericordia, que es el camino de la vida. Demos gracias al Señor.