Lecturas diarias 2 de Mayo – Tiempo de Pascua

Evangelio del día 2 de mayo

Lecturas diarias 2 de mayo – Tiempo de Pascua

Martes de la tercera semana de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 7,51-60.8,1a.
Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: “¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.
¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,
los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron”.
Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él.
Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios.
Entonces exclamó: “Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”.
Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre;
y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.
Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”.
Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y al decir esto, expiró.
Saulo aprobó la muerte de Esteban.

Salmo 31(30),3cd-4.6ab.7b.8a.17.21ab.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.

Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!

Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres.

Evangelio según San Juan 6,30-35.
La gente dijo a Jesús: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo”.
Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”.
Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.
Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

 

 

 

Jueves, 2 de mayo de 2013 ciclo B
Quinta Semana de Pascua
Hechos 15, 1-6 / Juan 15, 1-8
Salmo responsorial Sal 121, 1-5
R/. “¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!”

Santoral:
San Atanasio, Santa Zoe,
Santos Exuperio, Teódulo y Ciriaco

La sonrisa

La sonrisa es ese algo luminoso
con lo que nos asomamos a los demás.

La sonrisa es como una llamita interior
que se enciende a tu contacto para saludarte.

La sonrisa es como desbordarse algo
que nace dentro, que se da espontáneamente
y no se puede arrebatar, forzar ni pedir.
Brota sola y así, por su cuenta,
se prende al rostro del que elige.

La sonrisa es como una transmisión
de simpatía que nos hace sentir livianos
y alegres. Sonreír es acoger, confortar,
abrir el paso, invitar a pasar.
¡Es subir un peldaño en el amor!

La sonrisa es como una gota pequeña,
pero en esa gotita cabe el mar.
Sonreír es querer soñar dentro del otro.

La sonrisa acaricia, retiene, perdona,
Habla, es como depositar una promesa
en los que sufren y un tono alegre
en los que cantan.

La actitud más empecinada se ablanda
con ese gesto amistoso de dominación.

La sonrisa ensancha, tiene algo de sol naciente
entre los hombres, es como si nos brotara
una rosa por dentro y empezáramos a repartir
pétalos en los demás, colocándose el perfume
por los ojos, por los labios, por esa expresión
abierta y transfigurada.

Es una moneda de valor incalculable.
No tiene valor hasta que se reparte
y no enriquece hasta que se regala.

A veces la sonrisa ensancha la vida,
hace respirar hondo, como si saltara
de golpe todo lo que estaba taponando
nuestro corazón.

La sonrisa quita el hermetismo y rompe
la compuerta donde se acumulaban
tantos desechos, tantas espinitas
y tantas rozaduras.

Sonríe colocando luz, dando amor
y asomando el alma.

No escatimes tu sonrisa al que te la niegue.
Esos que la agotan por la vida y la apagan
con el viento, son los que más la necesitan.

Sonríele a ese prójimo serio, triste,
envejecido y el Señor te sonreirá,
dejando su rostro encendido
en tu corazón.

De ti puede brotar ese don, ese gesto
que redime, ese ángel que acaricia.
Bajo tu sonrisa podrán salvarse muchos
de los que pasan desesperados y podrán
curarse muchos de los que pasan enfermos.

Bajo tu sonrisa se detendrán los viajeros,
atraídos por ese pedacito de Dios
que irradia tu expresión.

La sonrisa se inventó para el milagro,
para ese milagro que de pasada
podemos hacer todos los días.

Señor, que a los míos, a los que amo
y a todos los viajeros del mundo,
¡no les falte nunca una sonrisa!

Zenaida Bacardí de Argamasilla

Liturgia – Lecturas del día

Jueves, 2 de Mayo de 2013

QUINTA SEMANA DE PASCUA

Considero que no se debe inquietar a los paganos
que se convierten a Dios

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
15, 7-21

Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se levantó y dijo a los Apóstoles y presbíteros:
«Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros días, me eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos la Palabra del Evangelio, a fin de que ellos abracen la fe. Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en favor de ellos, enviándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. Él no hizo ninguna distinción entre ellos y nosotros, y los purificó por medio de la fe.
¿Por qué ahora ustedes tientan a Dios, pretendiendo imponer a los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos soportar? Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús».
Después, toda la asamblea hizo silencio para oír a Bernabé y a Pablo, que comenzaron a relatar los signos y prodigios que Dios había realizado entre los paganos por intermedio de ellos.
Cuando dejaron de hablar, Santiago tomó la palabra, diciendo: «Hermanos, les ruego que me escuchen: Simón les ha expuesto cómo Dios dispuso desde el principio elegir entre las naciones paganas un Pueblo consagrado a su Nombre. Con esto concuerdan las palabras de los profetas que dicen:
“Después de esto, Yo volveré
y levantaré la choza derruida de David;
restauraré sus ruinas y la reconstruiré,
para que el resto de los hombres busque al Señor,
lo mismo que todas las naciones
que llevan mi Nombre”. Así dice el Señor,
que da a conocer estas cosas desde la eternidad.

Por eso considero que no se debe inquietar a los paganos que se convierten a Dios, sino que solamente se les debe escribir, pidiéndoles que se abstengan de lo que está contaminado por los ídolos, de las uniones ilegales, de la carne de animales muertos sin desangrar y de la sangre. Desde hace muchísimo tiempo, en efecto, Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores que leen la Ley en la sinagoga todos los sábados».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 95, 1-3.10

R. ¡Anuncien las maravillas del Señor!

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.

Digan entre las naciones: «¡El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud». R.

EVANGELIO

Permanezcan en mi amor,
para que el gozo de ustedes sea perfecto

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
15, 9-11

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
Como el Padre me amó,
también Yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos,
permanecerán en mi amor,
como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes,
y ese gozo sea perfecto.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hech. 15, 7-21. En la Iglesia hay algo esencial, y por tanto que no es cambiante ni perecedero: La fe en Jesús como único camino de salvación, como Aquel de quien, por unirnos a Él, recibimos el don del Espíritu Santo y, mediante su presencia en nosotros, somos gratos al Padre Dios.
Los sacramentos, Signos del amor de Dios, mediante los cuales se hace realidad nuestra unión con el Señor y con los hermanos, siendo santos como Dios es Santo, cumplen su función en nosotros en la medida en que realmente hayamos depositado nuestra fe en Cristo, de lo contrario pueden caer en el vacío.
Basta que el ministro tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia, pero basta también que quien los reciba tenga fe en Cristo, de lo contrario se estaría dando lo santo a los perros, y echando las perlas a los cerdos para que las pisoteen, y luego se enfrenten a nosotros y nos destrocen a causa de sus malas actitudes y acciones, con las que denigrarían el Santo Nombre del Señor.
A veces podríamos tener la tentación de conservar ciertas actitudes antiguas en la Iglesia, como cuando éramos niños o jóvenes; quisiéramos una Iglesia con olor a naftalina y nos olvidamos del suave aroma de Cristo.
Para hablar hoy de Cristo necesitamos audacia, valor, imaginación, libertad, no libertinaje. Todo esto nace del verdadero amor hacia Cristo y a los hombres y mujeres de hoy con su problemática, con su cultura, con sus angustias y esperanzas.
Soluciones dadas en el pasado no pueden convertirse en panacea de todos los tiempos. No podemos encadenarnos a la forma en que nuestros padres nos enseñaron a dar respuesta a nuestra fe; las personas de nuestro tiempo necesitan que el anuncio del Evangelio se realice con nuevos métodos, con nuevas expresiones y con un nuevo ardor venido del fuego del Espíritu, que se dirige a las personas de nuestros días para llamarles, desde su realidad, a dar una respuesta a la fe, al amor, a la justicia, a la esperanza que se hace camino, y a la generosidad en favor de aquellos que sufren.
Mientras nuestra fe se siga manifestando sólo en los templos y no dé el paso hacia la vida ordinaria, con una verdadera valentía de trabajar por el bien de todos, podremos llamarnos beatos y mojigatos, pero estaremos muy lejos de ser santos, cristianos, y verdaderas personas de fe.

Sal 96 (95). Dios, nuestro Dios, es el único Creador de cielos y tierra. Los ídolos, en cambio, ni piensan ni hablan, ni hacen algo por quienes confían en ellos; adorarlos es perder el tiempo.
Dios, porque nos ama, nos ha creado y nos conserva en la vida, y nos conduce hacia su Templo Santo para que estemos con Él eternamente. Por eso no sólo lo alabamos, sino que proclamamos su Nombre a todas las naciones, para que todos conozcan y reconozcan al Señor y Creador de todo como a su Dios.
Cristo, el enviado del Padre, es quien nos lo ha revelado, y nos ha confiado a nosotros ese mismo mensaje de salvación para que lo proclamemos, no sólo con las palabras, sino con las obras, ante todos los pueblos, y así toda la tierra y todos los pueblos alaben y bendigan a Dios y, teniéndolo como centro de su vida, se conviertan en testigos suyos para que muchos más reconozcan al Señor como a su Dios y, juntos, podamos unirnos algún día a la alabanza que se tributa a Dios en la eternidad.

Jn. 15, 9-11. Qué quisiéramos, que la salvación se operara en nosotros de un modo mágico, ritualista. Que bastara estar bautizado para estar ya salvados. Que pudiéramos vivir como nos venga en gana, pues siendo hijos de Dios por el bautismo, no tendíamos ningún riesgo de perder el ingreso a la casa paterna al final de nuestros días.
Jesús nos ha hablado de la posibilidad terrible de ser cortados del tronco, por manos del mismo Padre Dios, por no haber producido el fruto deseado.
Permanecer en el amor al Señor no es vivir en una permanencia romanticista, de sentir cosquillas en el corazón y escuchar campanillas en los oídos. La permanencia en Cristo es a través de la fidelidad a sus mandamientos en la misma medida en que Él es fiel a los mandatos de su Padre Dios. Si le somos fieles en el amor entonces viviremos la alegría, ya desde ahora, incluso en las grandes pruebas; al final tendremos la alegría plena y la participación de la salvación que ya nadie nos podrá arrebatar, pues viviremos eternamente envueltos en el amor de Dios como sus hijos amados, en quien el Padre Dios se complace, ya que permaneceremos eternamente unidos a su Hijo amado.
En la Eucaristía somos envueltos en el amor de Dios, entrando en comunión con Él.
Él nos acoge a pesar de nuestros caminos, a veces no tan rectos.
Todos podrían abandonarnos o traicionarnos; sin embargo el amor del Señor hacia nosotros es para siempre.
Disfrutemos de la paz, de la seguridad y de la alegría que sólo el Señor puede darnos. Que esa paz la vivamos en comunión con nuestros hermanos, con quienes hoy alabamos al Señor en su Templo.
La paz, venida de Dios, debe vivirse en la comunión con nuestro prójimo; mientras esto no se haga realidad habremos recibido la paz, pero la habremos perdido; y en lugar de vivir en alegría, viviremos en la angustia, en la división, en el riesgo de convertirnos en un signo de muerte para nuestro prójimo.
Preguntémonos si somos un signo de la Alegría Pascual para nuestro prójimo. Esa alegría pascual que viene de la criatura nueva, renovada en Cristo muerto y resucitado por nosotros; de la persona que ha dejado atrás sus caminos de maldad y de destrucción, y que se ha convertido en un signo de amor, de paz, de esperanza, de esfuerzo continuo por hacer el bien a todos.
Nosotros nos sentimos amados por Dios porque en su Hijo, hecho uno de nosotros, nos sentimos comprendidos por Él, perdonados, recibidos nuevamente en su casa. Esto nos da la paz y la alegría interior. ¿Hacemos nosotros lo mismo respecto a nuestro prójimo? Si nuestra respuesta es negativa con eso estamos indicando que hemos dejado de permanecer en el amor de Dios, que la verdad no está en nosotros y que nuestra seguridad, nuestra paz y nuestra alegría la estaremos buscando en el egoísmo y en los bienes pasajeros, convertidos en ídolos y en centro de nuestra vida.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de poder vivir no una religión basada en fidelidades meramente externas; que no alabemos al Señor sólo con nuestros labios mientras nuestro corazón permanezca lejos de Él. Que seamos sinceros, leales, fieles no sólo al arrodillarnos ante el Señor, sino también al amor hecho servicio hacia nuestro prójimo. Entonces podremos ser dignos de escuchar aquella invitación al final de nuestra vida: Muy bien siervo bueno y fiel, pasa a compartir el gozo de tu Señor. Amén.

Homiliacatolica.com

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