Lecturas diarias 14 de Mayo – V Domingo de Pascua

Lectura del día 14 de Mayo - Domingo Quinto de Pascua

Lectura del día 14 de Mayo – Domingo Quinto de Pascua

 

SABEMOS EL CAMINO

Los discípulos de Jesús sólo habían convivido con Él dos años y unos meses, pero junto a Él habían aprendido a vivir con confianza. Ahora, al separarse, Jesús quiere dejar bien grabado en sus corazones estas palabras, es su gran deseo: “No os turbéis. Creed en Dios. Creed también en mí”.

Jesús comienza entonces a decirles palabras que nunca han sido pronunciadas así en la Tierra por nadie: “Voy a prepararos sitio en la casa de mi Padre”. La muerte no va a destruir nuestros lazos de amor. Un día estaremos de nuevo juntos. “Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”.

Los discípulos le escuchan desconcertados. ¿Cómo no van a tener miedo? Si hasta Jesús que había despertado en ellos tanta confianza les va a ser arrebatado enseguida de manera injusta y cruel. Al final, ¿en quién podemos poner nuestra esperanza última? Tomás interviene para poner realismo: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?”. Jesús le contesta sin dudar: “Yo soy el camino que lleva al Padre”. El camino que conduce desde ahora a experimentar a Dios como Padre. Los demás no son caminos. Son evasiones que nos alejan de la verdad y de la vida.

La vida de Jesús: su bondad, su libertad para hacer el bien, su perdón, su amor a los últimos… hacen visible y creíble al Padre. Su vida nos revela que en lo más hondo de la realidad hay un misterio último de bondad y de amor. Él lo llama Padre.

Siempre que nos atrevemos a vivir algo de la bondad, la libertad, la compasión… que Jesús introdujo en el mundo, estamos haciendo más creíble a un Dios Padre, último fundamento de nuestra esperanza.

 

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL V DOMINGO DE PASCUA/A

 

1ª LECTURA

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7 
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
– No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles se nos presenta el modo de proceder y el comportamiento de las primeras comunidades que iban creciendo cada día más. Crecía el número de discípulos y se iban multiplicando las comunidades de fe, oración y vida. Por ello, se reúne la comunidad en orden a resolver las diferencias surgidas y nombran a siete hombres “llenos del Espíritu Santo” para que atiendan -de momento- las necesidades materiales de la comunidad cristiana.

Los Apóstoles afirman que deben dar primacía a la proclamación de la Palabra de Dios y a la oración, sin descuidar la labor asistencial.

 

Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19 
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
 

  • Aclamad, justos, al Señor,
    que merece la alabanza de los buenos.
    Dad gracias al Señor con la cítara,
    tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R:
  • Que la palabra del Señor es sincera,y todas sus acciones son leales;
    él ama la justicia y el derecho,                                                                y su misericordia llena la tierra. R:
  • Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
    en los que esperan en su misericordia,
    para librar sus vidas de la muerte
    y reanimarlos en tiempo de hambre. R:

 

2ª LECTURA

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2,4-9 
Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado».
Para vosotros los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropezar y en roca de estrellarse.
Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros, en cambio, sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El Apóstol Pedro insiste en que la Iglesia, la comunidad cristiana, es una nación consagrada a Dios y un pueblo elegido por Dios para proclamar el carácter salvador de Jesús.

El seguidor de Jesús tiene una misión sacerdotal que, siendo una y única, se orienta en dos direcciones: el servicio a Dios y el testimonio-anuncio para los hombres.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-12 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
– Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
– Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice:
– Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica:
– Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

 

En los últimos momentos de Jesús entre los suyos les va anunciando su “partida del mundo” y su vuelta “al Padre”. Pero estas cosas sus discípulos no las entienden, todavía no le conocen. Jesús tiene que ayudarles diciéndoles “que no pierdan la calma; que sigan creyendo en Dios y en Él”. Solamente la fe esperanzada y firme en el Señor les hará ver que ha sido acertada su elección por Él y no quedarán defraudados porque es el camino, la verdad y la vida. Jesús se ofrece como la solución a sus preocupaciones.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

 

¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO?

Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos. Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse “iglesias”, es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús. En otras partes, al cristianismo lo llamaban “el camino”. Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un “camino nuevo y vivo” para enfrentarse a la vida. El camino “inaugurado” por Jesús y que hay que recorrer “con los ojos fijos en él”.

No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio. Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.

En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Este es el punto de arranque del cristianismo.

Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida. Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir: indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas, solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos, intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos, olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos, fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.

 

14 de mayo ciclo C
San Matías, apóstol
Hechos 1, 15-17. 20-26 / Juan 15, 9-17
Salmo responsorial Sal 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
R/. “El Señor lo hizo sentar entre los nobles de su pueblo”

Santoral:
San Matías, San Pacomio, San Miguel Garicoïts,
Santa Aglae y San Bonifacio, San Isidoro,
San Poncio

Claves para vivir mejor

1. Conduce tu vida
Recuerda que nadie puede hacer más por nuestro bienestar
que nosotros mismos. Asume la responsabilidad de salir adelante,
deja de esperar a que otros carguen contigo y decide hacer
cuanto sea necesario para triunfar.

2. Busca el lado positivo de las cosas
Enfrenta con una visión optimista y positiva todas las situaciones
que se presenten en tu vida; esto hará que los momentos difíciles
sean más llevaderos y fáciles de resolver.

3. Cultiva a tus amigos
Los amigos muchas veces se convierten en la extensión de nuestra
familia. Encuentra el tiempo para compartir con ellos, hazles sentir
que pueden contar contigo. Los detalles, las frases amables
y el apoyo incondicional nos ayudan a reconocer la amistad.

4. Reconoce tus debilidades
Querer ser el mejor en todo puede ser el camino más corto para
experimentar la frustración. Reconoce las áreas débiles
de tu personalidad y fortalécelas. Cuando aceptas tus limitaciones
y potencias tus capacidades te sientes más a gusto contigo mismo.

5. Haz cosas divertidas
Romper con la rutina de vez en cuando, dejándonos llevar
por un impulso sano, le dará color a nuestra vida. No seas
tan rígido, date permiso para hacer cosas diferentes y divertidas.
Si no se te ocurre algo, déjate llevar por la creatividad de tu pareja.

6. Mantén el contacto con la naturaleza
Esta es una fórmula mágica para controlar el estrés y recuperar
tu equilibrio emocional. Pasa momentos al aire libre, ve a un parque
o a la playa. Abraza un árbol, imaginando que le entregas todas
tus preocupaciones. Quédate ahí hasta que te sientas aliviado.

7. Cuida tu relación de pareja
No permitas que el estrés causado por situaciones externas afecte
tu relación de pareja. Las frases amorosas, las caricias, la intimidad,
la diversión compartida, el respeto y la comunicación son algunas
de las claves para mantener el amor y fortalecer la relación.

8. Haz ejercicio
Dedica treinta o cuarenta y cinco minutos a realizar algún tipo
de actividad física, al menos tres veces a la semana. El ejercicio
eleva el ánimo gracias a la emisión de endorfinas, baja el estrés,
libera la tensión y recupera la vitalidad. Al mismo tiempo te ofrece
la posibilidad de compartir con tu parejao con tus hijos un rato
de diversión e intimidad.

9. Aprende a disfrutar los pequeños placeres de la vida
Disfruta cuando te des una ducha de agua templada, siente el sol
sobre tu cara por unos minutos, escucha tu música preferida…
Hay cantidad de pequeños placeres que pueden hacerte
la vida más liviana.

10. Comparte tiempo con tus hijos
Nuestros hijos crecen muy rápido. Encuentra momentos de calidad
para acompañarlos, para conversar con ellos, para acariciarlos,
interésate en sus asuntos y acompáñalos de cerca para que vivan
sus propias experiencias. Recuerda que tus palabras de reconocimiento,
aceptación, respeto y amor significan todo para ellos.

11. Recuerda que todo pasa
No vale la pena sufrir por una situación difícil. Muchos de nuestros
problemas son producto de nuestros miedos. Todos los males
son pasajeros. Llénate de valor, optimismo y confianza para mirar
el futuro de una forma positiva.

12. Conéctate con Dios
Cierra los ojos por unos minutos y reconoce la presencia de Dios
en tu interior, agrádesele por todos sus regalos y pídele por aquello
que te haga falta para afrontar y disfrutar la vida. Llénate
de su presencia y tradúcelo en amor, seguridad, fortaleza,
sabiduría, autenticidad, valor, responsabilidad y alegría
para vivir mejor cada día.

Suelta el pasado, no te preocupes por el futuro,
vive el presente, la vida es maravillosa y…
¡Todo va a salir bien!

Liturgia – Lecturas del día

Martes, 14 de Mayo de 2013

SAN MATÍAS
Apóstol
La elección cayó sobre Matías,
que fue agregado a los once apóstoles

Lectura de los Hechos de los apóstoles
1, 15-17. 20-26

Después de la Ascensión del Señor, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo:
«Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. Él era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: “Que su casa quede desierta y nadie la habite”. Y más adelante: “Que otro ocupe su cargo”.
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la Ascensión, sea constituido con nosotros testigo de su resurrección».
Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. Y oraron así: «Señor, Tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía» .
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

R. El Señor lo hizo sentar entre los nobles de su pueblo.

Alaben, servidores del Señor,
alaben el Nombre del Señor.
Bendito sea el Nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. R.

Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el Nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. R.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra? R.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles,
entre los nobles de su pueblo. R.

EVANGELIO

No son ustedes los que me eligieron a mí,
sino Yo el que los elegí a ustedes

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
15, 9-17

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
Como el Padre me amó,
también Yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos,
permanecerán en mi amor,
como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes,
y ese gozo sea perfecto.
Éste es mi mandamiento:
Ámense los unos a los otros,
como Yo los he amado.
No hay amor más grande
que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos
si hacen lo que Yo les mando.
Ya no los llamo servidores,
porque el servidor ignora lo que hace su señor;
Yo los llamo amigos,
porque les he dado a conocer
todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí,
sino Yo el que los elegí a ustedes,
y los destiné para que vayan y den fruto,
y ese fruto sea duradero.
Así, todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,
Él se lo concederá.
Lo que Yo les mando
es que os amen los unos a los otros.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hech. 1, 15-17. 20-26. Jesús es el único que hace el llamado y el que elige a quienes han de ser sus apóstoles. La comunidad discierne sobre las condiciones necesarias para ser un buen candidato, y puede presentar ante Dios a quienes considere dignos; sólo el Señor tendrá la última palabra. Requisitos: Ser testigo de la resurrección de Jesús; que haya acompañado a los apóstoles mientras convivió con ellos el Señor Jesús, desde que Juan Bautizaba hasta el día de la ascensión.
Nadie puede hablar, con toda verdad, acerca de lo que no conoce. Y en cuanto a la proclamación de la fe en Jesús no puede hacerse si no nace de una verdadera experiencia personal con el Señor.
Hemos de cuestionarnos si la fe en Jesús la hemos reducido a una serie de reflexiones, tal vez muy profundas, para convencernos y después convencer a los demás sobre la existencia y la divinidad de Jesús; o si en verdad Jesús es una Persona con quien nos relacionamos en la vida.
Caminar en la fe significa tener la certeza de que el Señor permanece en medio de nosotros hasta el final del tiempo y que, aun cuando nuestros ojos carnales no lo contemplen, con los ojos de la fe lo contemplamos, lo escuchamos, aceptamos su perdón y su obra de salvación y nos dejamos guiar por su Espíritu.
Mientras la fe se reduzca a un convencimiento intelectual estamos perdidos, pues no nos van a salvar las razones sobre Jesús, sino la Persona de Jesús, que está en y con nosotros.
El verdadero apóstol de Jesús es testigo de su amor, de su entrega, de su muerte, de su resurrección; y lo experimenta, no por imaginación, sino en la realidad de sentirlo vivo, actuante y presente en cada momento de la propia vida. Sólo entonces se proclamará el Evangelio y se continuará con la construcción del Reino de Dios de un modo eficaz, con la eficacia que viene, no de nuestros planes y medios humanos, sino del Señor que permanece con nosotros y acompaña a su Iglesia.

Sal. 113 (112). Pareciéramos encontrarnos ante un antepasado del cántico de María, el Magnificat. Dios, el Todopoderoso, el Trascendente, el que está por encima de todos los cielos y naciones, ha vuelto su mirada hacia los humildes; ha levantado del polvo al desvalido y sacado al indigente del estiércol, para hacerlo sentar entre los grandes, los jefes de su pueblo.
Dios nos ha creado para que estemos con Él eternamente. ¿Quién de nosotros puede negar su propia realidad de pecado? Quienes están al servicio de la comunidad como Pastores del Pueblo de Dios no pueden alegar influencias especiales o méritos propios ante el Señor como para que Él se haya fijado en ellos y los haya escogido. Dios ha elegido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes; ha elegido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para aniquilar a quienes creen que son algo. De este modo nadie puede presumir ante Dios.
Por eso nadie puede vivir en el orgullo, ni esperando recompensas pasajeras, ni reconocimientos humanos. Hemos sido llamados para servir y esa es la única misión que tenemos todos los que creemos en Cristo y conformamos esta Iglesia, servidora a la altura de como Cristo se hizo Siervo y el último de todos.

Jn. 15, 9-17. Cadena de amor. La forma en que yo soy amado por mi Padre, es la forma en que yo los amo a ustedes; ustedes se han de amar como yo los he amado. La fidelidad a los mandamientos divinos, a la voluntad de Dios, es lo que lo hace a uno grato a Dios y el poder permanecer no sólo con Él sino en Él.
La falta de fidelidad a esa voluntad divina es lo que provocó la expulsión del paraíso. Pero Dios ha tenido misericordia de nosotros; en efecto, Dios ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos.
En Jesús Dios ha salido a nuestro encuentro para comprarnos a precio de su propia sangre derramada por nosotros; por eso somos propiedad del Señor que por nosotros murió y resucitó. Sin embargo, Él no nos quiere siervos sino amigos. Y a pesar de que nuestro pasado esté salpicado de puntos tal vez demasiado oscuros, Él nos ha elegido; para Él no cuenta nuestro pasado sino su amor, que es pura misericordia para con todos.
Llamados, elegidos y santificados por Él, nos ha destinado para que vayamos y demos fruto y nuestro fruto permanezca. Cuando uno trabaja a impulsos del Espíritu la obra de Dios, que realiza Él y no nosotros, continúa como una obra de amor a pesar de que nosotros desaparezcamos. Cuando, en cambio, la obra fue nuestra, todo se derrumbará y causará muchas divisiones cuando, por alguna circunstancia, dejemos de estar presentes.
Pidámosle al Padre que nos conceda vivir unidos a su Hijo y, así, poder gozar de toda la vida que el Hijo recibe del Padre.
Que el Espíritu de Dios nos fortalezca para que podamos dar testimonio, con nuestras obras, de esa Vida nueva que el Señor nos ha participado.
En la Eucaristía, al entrar en comunión de vida con Cristo, somos hechos partícipes de la misma Vida que el Señor recibe del Padre. Esa vida no puede quedar en nosotros de un modo estéril, sino que debe producir frutos abundantes de amor, de comprensión, de ayuda, de cariño, de trabajo por la paz, de capacidad de perdonar, de ser luz que ilumine el camino de nuestro prójimo.
En esta Eucaristía escuchamos la voz de Dios que nos manifiesta su voluntad para que la hagamos nuestra y la vivamos cada momento de nuestra pequeña historia personal.
Él nos ha hablado cuando se ha proclamado la Escritura. Siempre que la escuchemos hemos de tener la disponibilidad de quien dice: Señor, ¿Qué quieres que yo haga? ¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!
Pero el Señor, además, nos habla por medio del Signo Sacramental que es su Pascua celebrada en esta Eucaristía; Él quiere que caminemos, cargando nuestra cruz de cada día, tras sus huellas, muriendo a todo aquello que nos impida ser un signo claro de su amor, y resucitando a una vida nueva, libre de la corrupción y de la muerte y guiados, únicamente, por su Espíritu.
Vivificados en Cristo volvemos a nuestras actividades diarias con el corazón renovado por el Espíritu Santo, y comprometido en la construcción del Reino de Dios. Seremos testigos de lo que aquí hemos vivido: La entrega del Señor por nosotros, frágiles y pecadores; seremos testigos del amor con que nos ha llamado no sólo para que lo adoremos, sino para que lo amemos sirviendo a nuestros hermanos; y, principalmente, seremos testigos del fruto más grande que nos ha ofrecido el Señor: su vida entregada por nosotros, a quienes Él ama.
Nuestro camino en la vida, es el mismo de Cristo. Si queremos ser amados por Dios vivamos, en la vida ordinaria, proclamando el Evangelio con nuestras obras y actitudes, pues este es el mandato que de Él hemos recibido, que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado a nosotros; y esta es la mejor forma de proclamar el Evangelio del Señor.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de poder ser testigos creíbles de su Evangelio por ser los primeros en vivir lo que proclamamos. Amén.

Homiliacatolica.com

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