Lecturas diarias: 9 de Julio – Se va haciendo necesario sonreír

Martes, 9 de julio de 2013
Semana 14ª durante el año
Memoria Obligatoria – Blanco (Argentina y Colombia)
Feria – Verde (resto del mundo)
Génesis 32, 23-33 / Mateo 9, 32-38
Salmo Responsorial Sal 16, 1-3d. 6-7. 8b.15
R/. “¡Contemplaré tu rostro, Señor!”

Santoral:
Nuestra Señora de Itatí, Nuestra Señora del Rosario
de Chiquinquirá, Santa Verónica, Mártires
de Orange, Santos Teodorico y Nicasio,
San Gregorio Grassi, San Joaquín Ho

Se va haciendo necesario sonreír

No te piden nada imposible si te ruegan que sonrías.
Lo siento, pero en mi caso se ha convertido
en una obsesión: necesito que las personas
aprendan a usar una serie de músculos
de la cara que nos caracterizan como humanos.
Sonreír es el camino de la conversión de la cara
en rostro, porque desde ese sencillo gesto
se expresa la aprobación hacia el mundo,
y hacia los que formamos parte de ese mundo
de un modo más intenso: las personas.

Quizás por eso la sonrisa es de las pocas cosas
que no deben aprender los niños tras nacer:
la saben sola; es cierto que también lloran,
y que se enrabietan, pero lo hacen como defensa,
como reacción ante el dolor y ante el miedo
que provoca lo que todavía no se entiende.
Y en cambio, su boca se torna en chiste
por el abrazo materno, a causa de esa caricia
del padre que –movido por el reír de su hijo–
se ve en la obligación de hacerle fiestas,
y decirle cosas, y cantarle… y entonces el niño
–que no se empapa de nada– sonríe todavía
más fuerte hasta que se duerme.

Y es que así es como se afirman las cosas y las personas:
ver a quien se quiere provoca que se diga ya desde
el gesto del rostro un «¡qué bueno es que existas!»,
o «te apruebo, y te quiero, y te quiero aquí,
en este momento, a pesar del montón
de cosas que tengo entre las manos».

Abrir la puerta, mirarte trabajando, que me recibas
sonriente, con alegría: ¡qué delicia cuando me das un beso!
porque de ese modo sé que es a mí a quien recibes,
a mi nombre propio con su leve historia que es única,
y no a uno más de esos que se llaman compañeros.

Los niños sonríen solos. Los adultos quizás tenemos
que aprender, porque nos ha engañado este mundo
que –con sus rutinas; con sus victorias y derrotas;
con las comparaciones amargas– nos convence
de que cambiando de rictus llegaremos más lejos,
o de que lo contrario a la «cara de lunes» implicaría
masoquismo, carencia de solidaridad, o mostrarse
poco profesional y poco serio.
Sonríe, despierta, repite que vivir es un regalo.

Una característica más: quien sonríe acoge,
produce confianza, hace de su rostro una casa
en la que los demás tienen cabida, y por eso mismo
es causa y origen del cariño.
¡Ojalá, al menos hoy, no desaprovecháramos ese don!

Liturgia – Lecturas del día

Martes, 9 de Julio de 2013

Te llamarás Israel
porque has luchado con Dios y has vencido

Lectura del libro del Génesis
32, 23-33

Jacob regresó de Jarán a la tierra de Canaán. Una noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Iaboc. Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también todas sus posesiones.
Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban. Luego dijo: «Déjame partir, porque ya está amaneciendo». Pero Jacob replicó: «No te soltaré si antes no me bendices».
El otro le preguntó: «¿Cómo te llamas?»
«Jacob». respondió.
Él añadió: «En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».
Jacob le rogó: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?» Y allí mismo lo bendijo.
Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida».
Mientras atravesaba Peniel, el sol comenzó a brillar, y Jacob iba rengueando del muslo. Por eso los israelitas no comen hasta el presente el nervio ciático que está en la articulación del fémur, porque Jacob fue tocado en la articulación del fémur, en el nervio ciático.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 16, 1-3d. 6-7. 8b.15

R. ¡Contemplaré tu rostro, Señor!

Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad. R.

Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto:
si examinas mi corazón y me visitas por las noches,
si me pruebas al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R.

Yo te invoco, Dios mío, porque Tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
Tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha. R.

Escóndeme a la sombra de tus alas;
por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar,
me saciaré de tu presencia. R.

EVANGELIO

La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
9, 32-38

Le presentaron a Jesús un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel».
Pero los fariseos decían: «Él expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Palabra del Señor.

Reflexión

Gen. 32, 22-32. Sólo la oración humilde y confiada, nacida del amor de saber que no somos siervos sino hijos, será lo que llegue hasta Dios y le haga volver su mirada misericordiosa hacia nosotros para concedernos su Gracia.
Jesús nos dice que oremos sin descanso. Dios concederá su Espíritu a quienes clamen a Él día y noche.
Así como el oro es probado y purificado en el crisol, así el Señor prueba y purifica a quienes ama. En medio de las grandes pruebas, nuestra unión con el Señor por medio de la fe y la oración, será lo que nos ayude a serle fieles.
Muchos santos hablan de la terrible noche oscura por la que tuvieron que pasar; fueron momentos en los que incluso pudieron hacer suyas las palabras de Cristo en la cruz: Dios mío, Dios, mío, ¿por qué me has abandonado? Al final, permaneciéndole fieles, salieron más que victoriosos, no por sus propias fuerzas, sino porque el Espíritu de Dios les fortaleció para que no dieran marcha atrás en su confianza en Dios.
Esa confianza sin límites ha de llevar a la persona de fe a decirle a Dios: No sé por dónde vas; sólo sé que no te estás equivocando; así que, con amor y confianza, seguiré por tus caminos.
Jacob también tuvo una noche oscura, noche de lucha continua, de no bajar la guardia, de seguir confiando, de seguir amando. Abraham, su abuelo, le había dado un gran ejemplo cuando, en su propia noche oscura y en camino obediente ante la voluntad incomprensible de Dios en que le pide sacrificar a su querido hijo único, no desconfía del cumplimiento de las promesas divinas.
Jesús mismo, en la cruz, ante la gran prueba a la que fue sometido, terminará encomendando su espíritu en las manos de Dios, su Padre. Aprendamos de ellos a vivir fieles a Dios, nuestro Padre, aún en los momentos más difíciles.

Sal. 17 (16). Ojalá y con toda seguridad pudiésemos orar como el salmista: pruébame a fuego y no hallarás malicia en mí. Sin embargo, nos dice san Juan: Si alguien dice que no tiene pecado, es un mentiroso; y en otro lugar la Escritura nos dice: el justo peca siete veces al día.
Tal vez como el publicano, tengamos que arrodillarnos en un rincón del templo, poner nuestra frente en el suelo, golpearnos el pecho y orar con humildad diciendo: apiádate de mí, Señor, porque soy un pecador.
También podemos hacer nuestras las palabras de Pedro: Señor, Tú lo sabes todo; pero Tú bien sabes que te quiero.
Sin embargo a pesar de nuestras miserias Dios siempre está dispuesto a escuchar a quien lo invoca con fe. Él saldrá en nuestra defensa, ya que ha enviado a su Hijo para liberarnos de nuestros enemigos y mostrarnos que Él no es un enemigo a la puerta, sino el Santo y Misericordioso que está siempre junto a nosotros para que, libres del pecado, vivamos como hijos suyos por nuestra unión a su Hijo único.

Mt. 9, 32-38. ¿Quién será el poseído por el mal? ¿Acaso Aquel que ha sido enviado a salvar todo lo que estaba perdido y cumple su misión, a pesar de las críticas, burlas y persecuciones?
¿No serán más bien aquellos que, habiendo recibido una misión para vivir como buenos pastores del pueblo, han dejado extenuadas a las ovejas porque se han aprovechado de ellas para sus propios intereses y, en lugar de protegerlas las han dejado desamparadas, a merced de cualquier peligro que pone en riesgo su salvación?
Jesús, en el Evangelio de Mateo, da una respuesta a los fariseos no con palabras, sino con obras; con la Palabra que se hace vida, que nos hace cercano a Dios, el Dios del amor y de la misericordia, muchas veces proclamado, pero muy pocas veces hecho presente, en medio de nosotros, a través de quienes han de ser un signo real del Señor en quien dice creer.
Jesús nos pide mayor lealtad a nuestra fe, no dejar de pasar haciendo el bien a imagen de Quien, siendo el Salvador de todos, nos liberó de la esclavitud del mal sin importarle las críticas de los demás.
La Eucaristía de este día nos recuerda que la verdadera persona de fe es aquella que, en verdad, toma su cruz de cada día y sigue a Cristo.
La celebración del Memorial del Misterio Pascual de Cristo nos habla del compromiso que Él ha vivido en favor nuestro.
Ir tras de Cristo no es tomar una actitud romántica, pietista; es vivir la lealtad al Señor cuando le hemos dicho sí, aceptando su Vida y su Misión en nosotros.
Debemos estar preparados para la prueba, pues habrá momentos en que la vida se nos complique a causa del Señor. Pero, tengamos ánimo, el Señor ha vencido al mundo; y quienes vamos tras sus huellas haremos también nuestra esa victoria.
Dichosos seremos cuando, por el Señor, nos insulten y digan cosas falsas de nosotros; saltemos entonces de contento, pues nuestros nombres están inscritos en el Reino de los Cielos.
Recordemos que si al Dueño de la Casa le llamaron Beelzebbul, ¡Cuánto más a sus domésticos!
Jesús nos hace partícipes de su Misión, que se convierte en una entrega de amor en favor de los demás; no rehuyamos a ese compromiso queriendo sólo dar culto al Señor; no podemos arrodillarnos ante Dios y después esclavizar a quienes nos rodean ni pasar de largo ante su sufrimiento.
El que se ha hecho uno con Cristo debe amar como Él nos ha amado a nosotros.
Nuestra fe probada es aquella que, por obra de Dios en nosotros, nos hace cada día llegar a una mayor madurez en Cristo. Esa madurez se ha manifestado de un modo especial en los mártires que veneramos como a hermanos nuestros que llegaron a un grado heroico de santidad. Ellos a pesar de los grandes peligros que se les avecinaban, no dieron marcha atrás en la proclamación del Evangelio, en hacerse ellos mismos un Evangelio viviente. Tomemos ejemplo de ellos; delante de nosotros va el mismo Cristo con su entrega.
A pesar de las críticas; a pesar de los rechazos, seamos las personas más honestas, más responsables. Esforcémonos por hacer llegar el amor de Cristo a los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra vida. No tengamos miedo a quienes matan el cuerpo, pero no pueden matar el espíritu.
Si los que hemos depositado nuestra fe en Cristo no le damos un nuevo rumbo a la historia, habría que preguntarnos qué sentido tiene creer en Él, qué sentido tiene vivir en su Iglesia.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la capacidad de amar como Cristo nos ha amado; y de creer no sólo con los labios, sino con la vida misma, dando un firme testimonio de nuestra fe que nazca de la Fuerza del Espíritu de Dios, que habita en nosotros. Amén.

Homiliacatolica.com

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