Lecturas diarias – 21 de Octubre – Me llaman loco…

Evangelio del día 21 de octubre

Lecturas diarias – 21 de octubre Ciclo C año par

Carta de San Pablo a los Efesios 4,1-6.
Hermanos:
Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido.
Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.
Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.
hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.

Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

Evangelio según San Lucas 12,54-59.
Jesús dijo a la multitud:
“Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.
Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.”

 

21 de octubre Ciclo C año impar
Semana 29ª durante el año
Feria – Verde
Romanos 4, 20-25 / Lucas 12, 13-21
Salmo responsorial Lc 1, 69-75
R/. “¡Bendito sea el Señor; Dios de Israel!”

Santoral:

San Hilarión, Santa Úrsula , Santa Celina,
San Gerardo María Mayela
y San Antonio María Gianelli

Me llaman loco…

Me llaman loco…
porque busco las estrellas
en la noche,
porque me gusta el invierno cuando pienso
que nos trae la alegre primavera,
porque lanzo mis rosas por el viento,
seguro de que llegarán a alguna parte…

Me llaman loco…
porque sonrío a los ancianos por la calle,
porque corro con los niños cazando mariposas,
y jugando a ser libres y felices,
porque grito con los gritos de los jóvenes
y escribo en mi pancarta que “el amor es lo que importa”.

Me llaman loco…
porque creo que es posible
que esta tierra sea hermosa,
porque digo que los hombres son hermanos,
porque tengo la certeza de que hay vida
en el surco aparentemente muerto,
porque tiendo la mano y me encuentro
con Alguien que es más grande
que el vacío, la noche, el desencanto…

Me llaman loco… ¡No me importa!
Yo seguiré recogiendo amapolas en los campos
cantando salmos a la vida,
llorando cuando un niño se haga daño,
esperando que los hombres sean buenos,
creyendo, trabajando,
amando, dando…

Me llaman loco…
De acuerdo. ¡Yo estoy loco!
Sólo me gustaría tener un compañero.
Alguno de ustedes:
¿se apunta a esta locura?
Tal vez tú ya estés loco…

¿Caminamos unidos?

Liturgia – Lecturas del día

Lunes, 21 de Octubre de 2013

La Escritura se refiere también a nosotros,
que tenemos fe en Él

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Roma
4, 20-25

Hermanos:
Abraham no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
Pero cuando dice la Escritura: “Dios tuvo en cuenta su fe”, no se refiere únicamente a Abraham, sino también a nosotros, que tenemos fe en Aquél que resucitó a nuestro Señor Jesús, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 69-75

R. ¡Bendito sea el Señor; Dios de Israel!

Nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas. R.

Para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza. R.

Del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedemos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada,
durante toda nuestra vida. R.

EVANGELIO

¿Para quién será lo que has amontonado?

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
12, 13-21

Uno de la multitud dijo a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia»,
Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».
Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha” Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”,
Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir, ¿y para quién será lo que has amontonado?”
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Palabra del Señor.

Reflexión

Rom. 4, 19-25. Los Israelitas, liberados de la esclavitud en Egipto, sólo vieron cumplida la promesa hecha por Dios a Abraham cuando tomaron posesión de la tierra prometida.

Así también, quienes mediante la Muerte de Cristo hemos sido liberados de la esclavitud al pecado, sólo veremos plenamente realizada nuestra salvación, nuestra justificación, cuando participamos eternamente de la Glorificación de Cristo resucitado. Entonces llegará a su plenitud la promesa de justificación, de salvación para nosotros, pues ésta no se realiza sólo al ser perdonados, sino al ser glorificados junto con Cristo, pues precisamente este es el Plan final que Dios tiene sobre la humanidad.
Aceptar en la fe a Jesús haciendo nuestro su Misterio Pascual nos acreditará como Justos ante Dios, el cual nos levantará de la muerte de nuestros pecados y nos hará vivir como criaturas nuevas en su presencia. No perdamos esta oportunidad que hoy nos ofrece el Señor.

Lc. 1, 69-75. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo, pues se ha manifestado hacia nosotros con un amor constante y fiel. Por medio de su Hijo nos ha liberado de la esclavitud de nuestros pecados y de la mano de todos los que nos odian. Haciéndonos hijos suyos ha cumplido las promesas hechas a nuestros antiguos padres.

Justificados en Cristo y en Él hechos hijos de Dios sirvamos, alabemos y bendigamos el Nombre de Dios desde ahora y para siempre.

Lc. 12, 13-21. La vida no depende de las riquezas. Llegado el momento de partir de este mundo todos los bienes acumulados se quedan, y los disfrutan quienes no los ganaron con el sudor de su frente. ¿Por qué no disfrutarlos honestamente y compartirlos con los que nada tienen? El Señor nos dice al respecto: Gánense amigos con los bienes de este mundo. Así, cuando tengan que dejarlos, los recibirán en las moradas eternas.

El amor que nos lleva a partir nuestro propio pan para alimentar a los hambrientos, a vestir a los desnudos, a procurar una vivienda digna a los que viven en condiciones infrahumanas, son los bienes acumulados que nos hacen ricos a los ojos de Dios. Si vivimos así, en un amor comprometido hacia los demás, al final serán nuestras las palabras del Señor: Muy bien, siervo bueno y fiel, entra a tomar posesión del gozo y de la vida de tu Señor.

En esta Eucaristía el Señor nos hace partícipes de la riqueza más grande que Él posee: La Vida eterna recibida de su Padre Dios. Por eso no vengamos sólo como espectadores a esta Celebración. Tampoco vengamos sólo con la intención de rezar, pidiéndole a Dios infinidad de cosas para llenar con ellas únicamente nuestras manos.
Más que con las manos, vengamos con el corazón abierto hacia Dios, para que Él habite en nosotros.

Su presencia en nuestro interior, además de hacer realidad nuestra justificación, nos impulsará para que llevemos a los demás la misma Vida que Él nos ha comunicado.

Entremos, pues, en comunión de vida con el Señor. Permitamos que su Vida se haga realidad en nosotros. Dejemos que su Espíritu guíe nuestros pasos por el camino del bien.

Llamados a ser portadores de la Vida, que hemos recibido por nuestra comunión con Cristo, hemos de pasar haciendo siempre el bien a todos. Hemos de morir a nosotros mismos para dar vida a los demás. Y nuestra muerte más que física, ha de convertirse en un despego de las cosas temporales para ayudar a los que nada tienen a vivir de un modo más humano.

Pero también hemos de morir a nuestros egoísmos, a nuestras miradas miopes que cierran nuestros ojos ante el dolor ajeno.

Si en verdad queremos vivir como quien ha sido justificado por Cristo, no podemos destruir a los demás; no podemos despreciarlos ni causarles más dolor, pues quien lo hace, con ello está indicando que aún permanece en la esclavitud y que no ha iniciado, siquiera, su camino hacia su libertad en Cristo.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la gracia de tener una verdadera apertura a su Palabra, a su Vida y a su Espíritu, de tal forma que, renovados en Él, nos convirtamos, por nuestras buenas obras, en un signo creíble del amor de Dios para todos. Amén.

Homiliacatolica.com

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