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Lecturas diarias: 13 de Agosto

Misi 19 domingo del tiempo ordinario

Lecturas diarias: 13 de Agosto – Domingo 19 del tiempo ordinario

FE Y CONFIANZA

El relato del evangelio de este domingo es como una parábola de los temores que asaltan de vez en cuando a los seguidores de Jesús.

Los que viven ajenos a Jesús el Señor, entonces como ahora necesitan que Él les devuelva la esperanza: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.

El evangelio de hoy nos transmite el eco de tres expresiones de los discípulos, que pueden ser las nuestras:

  • ”Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua”. Entre el temor y la esperanza, el creyente añora la cercanía de su Señor. Resignarse a la lejanía no es una buena señal para la fe. La fe genera confianza y ésta se manifiesta en la osadía que vence al miedo.
  • “Señor, sálvame”. El creyente se hunde cuando se apoya sólo en sus fuerzas o sus razones. No es el propio poder ni el propio saber lo que nos mantiene a flote, sino la fuerza del Señor. Es buena la autoestima con tal de que no degenere en autosuficiencia.
  • “Realmente eres Hijo de Dios”. Ésta es la clave de la fe cristiana. A esta confesión se nos invita ya desde el bautismo. Y ése es el anuncio que se espera de nuestros labios y también de nuestra vida entera, que ha de ser coherente con esa proclamación.

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO/A

 

1ª LECTURA

Lectura del 1º libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, al llegar Elías al monte de Dios, al Horeb, se refugió en una gruta. El Señor le dijo:
– Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.

Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro.

Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la gruta.

Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El profeta Elías es perseguido y se refugia en una cueva del monte Horeb, el “monte de Dios”, busca a Dios como refugio en su angustia, quiere encontrarse con Él y lo encuentra en el silencio, en el interior de sí mismo. Es cierto que Dios está en todas partes, pero para encontrarse con Él es preciso buscarle dentro de uno mismo en el silencio.

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

  1. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
  • Voy a escuchar lo que dice el Señor:                                                  «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
    La salvación está ya cerca de sus fieles                                                        y la gloria habitará en nuestra tierra. R:
  • La misericordia y la fidelidad se encuentran,                                                 la justicia y la paz se besan;
    la fidelidad brota de la tierra                                                                      y la justicia mira desde el cielo. R:
  • El Señor nos dará la lluvia,                                                                           y nuestra tierra dará su fruto.
    La justicia marchará ante él,                                                                        la salvación seguirá sus pasos. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol S. Pablo a los Romanos 9,1-5

Hermanos:
Como cristiano que soy, voy a ser sincero; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

San Pablo ha experimentado en su propia vida que Jesús es el Mesías anunciado, el Redentor. El drama interior que vive San Pablo lo expresa de un modo exagerado diciendo que “quisiera estar separado de Cristo y que cayera sobre él la maldición de Dios” con tal que sus compatriotas aceptaran la salvación venida de Cristo-Jesús. Afirma que “desea ser condenado si con ello alcanza la salvación de sus hermanos”. Si “los llamados a poseer las promesas de Dios” no aceptan al Salvador, otros ocuparán su puesto.

Como dice San Pablo, si nosotros, que somos cristianos de toda la vida y se nos ofrece el mensaje evangélico de salvación, no lo aceptamos coherentemente, será ofrecido a otros que ahora están alejados de ese mensaje salvador.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,22-33

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó:
– Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.
Él le dijo:
– Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
– Señor, sálvame.

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
– Realmente eres Hijo de Dios.

Palabra de Dios 

 

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

 

Fiarse de Jesús no cabe duda que es arriesgado, como lo era el atreverse a andar sobre las aguas, pero solamente quien es capaz de correr el riesgo de fiarse de Jesús será salvado, como lo fue el apóstol Pedro.

Jesús nos invita a no tener miedo, nos invita a creer en Él, a fiarnos de su Palabra, a seguir su camino, a proclamar su Evangelio. Jesús, presente en la comunidad, vence los peligros y los miedos que la paralizan, y le impulsa a confesar: “realmente eres el Hijo de Dios”. “Sé bien de quién me he fiado”

 

 

 

LAS DUDAS DEL CREYENTE

No es fácil responder con sinceridad a esa pregunta que Jesús hace a Pedro en el momento mismo en que lo salva de las aguas: “¿Por qué has dudado?”. A veces las más hondas convicciones se nos desvanecen y los ojos del alma se nos turban sin saber exactamente por qué. Principios aceptados hasta entonces como inconmovibles comienzan a tambalearse y se despierta en nosotros la tentación de abandonarlo todo sin reconstruir nada nuevo. Otras veces, el misterio de Dios se nos hace agobiante y abrumador. La última palabra sobre mi vida se me escapa y es duro abandonarse al misterio. Mi razón sigue buscando insatisfecha una luz clara e irrefutable que no encuentra ni podrá jamás encontrar. No pocas veces, la superficialidad y ligereza de nuestra vida cotidiana y el culto secreto a tantos ídolos nos sumergen en largas crisis de indiferencia y escepticismo interior, con la sensación de haber perdido realmente a Dios.

Si somos sinceros, hemos de confesar que hay una distancia enorme entre el creyente que profesamos ser y el creyente que somos en realidad. ¿Qué hacer al constatar en nosotros una fe a veces tan frágil y vacilante? Lo primero es no desesperar ni asustarse al descubrir en nosotros dudas y vacilaciones. La búsqueda de Dios se vive casi siempre en la inseguridad, la oscuridad y el riesgo. A Dios se le busca «a tientas». Y no hemos de olvidar que muchas veces «la fe genuina sólo puede aparecer como duda superada». Lo importante es aceptar el misterio de Dios con el corazón abierto. Nuestra fe depende de la verdad de nuestra relación con Dios. No hay que esperar a que nuestros interrogantes y dudas se encuentren resueltos, para vivir en verdad ante ese Dios. Por eso, lo importante es saber gritar como Pedro: «Señor, sálvame».

 

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