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Lecturas diarias 11 de Mayo – Pascua

Lecturas diarias 11 de mayo

Lecturas diarias 11 de Mayo – Pascua

Jueves de la cuarta semana de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,13-25.
Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén,
pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.
Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: “Hermanos, si tienen que dirigir al pueblo alguna exhortación, pueden hablar”.
Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: “Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios.
El Dios de este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí
y los cuidó durante cuarenta años en el desierto.
Después, en el país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus tierras,
al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les dio Jueces hasta el profeta Samuel.
Pero ellos pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años.
Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad.
De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús.
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
Y al final de su carrera, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias’.

Salmo 89(88),2-3.21-22.25.27.
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
«Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga poderoso.»
Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Evangelio según San Juan 13,16-20.
Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo:
“Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía.
Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.
No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí.
Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy.
Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió”.

 

 

11 de mayo ciclo C
Sexta Semana de Pascua
Hechos 18, 23-28 / Juan 16, 23b-28
Salmo responsorial Sal 46, 2-3. 8-10
R/. “¡EI Señor es el Rey de toda la tierra!”

Santoral:
Santa Juana de Arco, San Mamerto, Santa Estrella,
San Mayolo, San Francisco de Jerónimo,
San Ignacio de Làconi, San Mateo Le Van Gam,
Beato Gregorio Celli, Beato Domingo Iturrate
y Beatos Juan Rochester y Jacobo Walworth

Año de la Fe, con María

1.- Reza durante todo el mes de mayo, al inicio de la comida,
un Ave María.
Conseguirás, entre otras cosas, recordar y consolidar esta salutación
mariana salida de los labios del Ángel San Gabriel hacia la Virgen María.
¿Rezas el Ángelus a las 12 del mediodía?
¿Y tres avemarías antes de acostarte?

2.- Desde tiempos inmemoriales, la peregrinación, es un buscar
la presencia de Dios en lugares que nos hablan y nos acercan al Misterio.
Un santuario mariano puede ser un rincón en el que profesar y alimentar
aún más nuestra fe. ¿Cuánto hace que no “viajas” a un lugar donde la Virgen
te puede ayudar a encontrarte con Jesús?

3.- Recuperar la devoción mariana incluye, entre otras cosas, la escucha
de la Palabra de Dios.
Sin ella nuestro afecto a María quedaría incompleto. Siempre que participes
en una procesión o acto mariano, no olvides que el centro de todo ello
es la Eucaristía y, dentro de ella, la Palabra de Dios es esencial.
No podemos quedarnos en el amor a la Madre sabiendo que, Dios,
está por encima de todo. ¿Tienes a mano el evangelio o la biblia?

4.- El Rosario, lejos de ser una práctica desfasada (aunque lo sea
muchas veces centenaria) es una forma práctica de fijar en el
pensamiento las principales estampas de la vida de Cristo.
Sus misterios de gozo, dolor, luz y gloria nos ayudan a sintetizar y meditar
el núcleo de nuestra fe. ¿Sabes rezar el rosario? ¿Lo haces frecuentemente?
¿Lo enseñas a los que te rodean?

5.- El culto a la Virgen María, a la fuerza, ha de desembocar en la
adoración al Señor. Cruz y María, Pascua y Virgen van siempre de la mano.
¿Recurres a María como intercesora en los momentos más trascendentales
de tu vida? ¿Existe en tu hogar una imagen que recuerde que, la vida cristiana,
está cimentada en Cristo pero empujada por María?

6.- El papel de la Virgen María es inseparable de Cristo.
Avanzó con Él y estuvo con Él hasta el mismo momento en el que la cruz
se levantó en el calvario. ¿Permaneces al pie de los dolores de los más cercanos?
¿Eres consciente de que, como María, tú también puedes interceder ante Dios
para que ayude a los demás en sus pruebas o fracasos aparentes?

7. Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora
de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para
la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad.
Colaboró por su fe, obediencia, disponibilidad y sencillez. ¿Te ofreces
a tu parroquia para que la obra de la evangelización siga adelante
en la caridad, la liturgia, la enseñanza o cualquier otro tipo de ejercicio
en el apostolado? ¿Eres de los que participas (como María) o de los que
miras (como el centurión)?

8. La misión maternal de María para con los hombres de ninguna
manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo,
sino que manifiesta su eficacia.
En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación
de los hombres (LG60). ¿Quién es para ti María? ¿La colocas en el lugar
que le corresponde? ¿Después de mirar hacia ella…diriges tus ojos
hacia el sagrario que es donde está la fuente de todo bien?

9. En este Año de la Fe, al decir Creo en Dios, Creo en Cristo o Creo
en el Espíritu…
¿Recurres a María para que tu fe sea más valiente, entusiasta, convencida,
purificada y consolidada en el amor y por el amor? ¿Amas, como María,
a Dios, a Cristo y al Espíritu…con toda tu alma y todo tu ser?

10 ¡Díselo con flores! Un detalle vale poco y dice mucho.
¿Cuánto hace que no ofreces un ramo de flores a la Virgen de tu parroquia?
¿Cuánto hace que no llevas una estampa de la Madre de Dios en tu cartera,
en tu automóvil? ¿Cuánto hace que suprimiste de tu escritorio o de tu despacho
una imagen de María porque te daba vergüenza manifestar tu condición cristiana?

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

Sábado, 11 de Mayo de 2013

SEXTA SEMANA DE PASCUA

Apolo demostraba por medio de las Escrituras
que Jesús es el Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
18, 23-28

Después de haber permanecido un tiempo en Antioquía, Pablo partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos.
Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan Bautista.
Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible.
Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquéllos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 46, 2-3. 8-10

R. ¡EI Señor es el Rey de toda la tierra!

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones,
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y Él se ha elevado inmensamente. R.

EVANGELIO

El Padre los ama,
porque ustedes me aman y han creído

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
16, 23b-28

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro
que todo lo que pidan al Padre
en mi Nombre, Él se lo concederá.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre.
Pidan y recibirán,
y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas.
Llega la hora
en que ya no les hablaré por medio de parábolas,
sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día
ustedes pedirán en mi Nombre;
y no será necesario que Yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que Él mismo los ama,
porque ustedes me aman
y han creído que Yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo.
Ahora dejo el mundo y voy al Padre.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hech. 18, 23-28. Nada de celos apostólicos. Todos debemos involucrarnos en el anuncio del Evangelio. Más aún, quienes tienen más clara la doctrina del Señor tienen obligación de enseñarla a sus hermanos, no para atiborrarlos de conceptos en su cabeza, sino para ayudarlos a dar un testimonio cada vez más creíble y eficaz del Nombre del Señor; testimonio nacido no sólo del estudio, sino de la experiencia personal del Señor que dará una nueva orientación a la vida de su enviado.
Esto nos debe llevar a preocuparnos con toda lealtad de la mutua evangelización, así como nos dedicamos a la evangelización de los no creyentes, pues la Iglesia no sólo debe ser evangelizadora, sino también evangelizada como fiel discípula tras las huellas de su Señor.
Tal vez haya muchos sectores de nuestra Iglesia que vivan casi como paganos; círculos en los que ya no se conozca a Dios. El Señor nos envía a evangelizar a quienes jamás han oído hablar de Él porque, aun cuando se les bautizó, jamás se les habló del Señor y se dejó que su vida de fe se marchitara demasiado pronto.
Abramos nuestros ojos hacia el interior de la Iglesia para que procuremos trabajar en favor de la salvación, no sólo del mundo, sino también de nosotros mismos.

Sal. 47 (46). Dios, que está por encima de todo lo creado, ha elegido a su Pueblo Santo para manifestar en Él su amor y su misericordia. Pero esa elección de Dios no puede encerrarse en un sólo grupo. Dios llama a todos los pueblos, junto con sus gobernantes, para que participen de la salvación que Él ofrece a todos. Pues Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.
Por eso debemos dirigirnos al mundo entero cuando cumplimos con la misión de evangelizar a todos, conforme al mandato del Señor.

Jn. 16, 23-28. Orar, orar en el Nombre de Jesús. Esto significa que Él será el que, como Hijo, se dirija al Padre Dios desde nosotros. Y el Padre Dios nos ama porque hemos creído en Aquel que Él nos envió, y que sabemos que procede del Padre. Por eso Él escucha la oración que su Hijo eleva desde nosotros.
Pidamos que nos conceda en abundancia su Espíritu; pidamos que nos dé fortaleza en medio de las tribulaciones que hayamos de sufrir por anunciar su Evangelio.
No nos centremos en cosas materiales. Ciertamente las necesitamos; y, sin egoísmos, desde nuestras manos Dios quiere remediar la pobreza de muchos hermanos nuestros. Pero pidámosle de un modo especial al Señor que nos ayude a vivir y a caminar como auténticos hijos suyos, para que todos experimente la paz y la alegría desde su Iglesia, sacramento de salvación para el mundo entero.
Reunidos en esta celebración del Memorial del Misterio Pascual de Cristo, estando en comunión de vida con Él, desde Él dirigimos nuestra oración de alabanza y de súplica a nuestro Dios y Padre. El Señor escucha el clamor de sus hijos. Él nos concederá todo lo que le pidamos, siempre y cuando no vengamos a Él con un corazón torcido, buscando sólo nuestros intereses egoístas.
Dios nos quiere como testigos suyos en el mundo. Él nos concederá todo lo que necesitemos para cumplir fiel y eficazmente con esa Misión que nos confía.
Por eso la celebración de la Eucaristía más que un acto de piedad es todo un compromiso para llenarnos de Dios y para poder llevarlo a la humanidad entera, desde la experiencia que de Él hayamos tenido en su Iglesia.
Al recibir los dones de Dios nosotros también debemos escuchar el clamor de los pobres y de los más desprotegidos.
En la medida de todo aquello que el Señor nos ha concedido, debemos concederle a nuestro prójimo el cumplimiento de sus legítimos deseos, expresados como una oración cuando contemplamos las diversas desgracias en que ha caído.
Dios quiere continuar salvando, haciendo el bien y socorriendo a la humanidad que ha sido deteriorada por el pecado y azotada por la pobreza. Seamos un signo creíble del amor de Dios para nuestros hermanos.
Por eso no sólo debemos pretender ser escuchados por Dios; también nosotros debemos escuchar a los demás para remediar sus males y fortalecerlos en el camino de la vida.
Aprendamos a estar a los pies de Jesús por medio de la escucha fiel de aquellos que, como sucesores de los apóstoles, nos transmiten la verdad sobre Jesucristo. Pero no nos guardemos lo aprendido y vivido. Llevémoslo a los demás con el ardor de la fe y del amor que proceden del Espíritu que Dios ha derramado en nuestra propia vida.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de sabernos amar como verdadero hermanos, buscando siempre el bien unos de otros, hasta que juntos podamos gozar de los bienes eternos, como hijos amados de nuestro único Dios y Padre. Amén.

Homiliacatolica.com

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