Jesús es la respuesta

Vida de Jesús de Nazaret

JESÚS ES LA RESPUESTA

La actividad misionera de Jesús consistía  en enseñar, anunciar la Buena Noticia y curar. Es un resumen de los capítulos anteriores donde San Mateo ha presentado a Jesús anunciando el Reino de Dios y haciéndolo presente a través de su enseñanza y de sus signos. Las palabras de Jesús relatadas ponen de manifiesto la situación en que se encuentra Israel: “como ovejas sin pastor”.

Un pueblo cansado y abatido que inspira compasión y hace evidente la necesidad de pastores que le anuncien la liberación y le saquen de su postración.
Presenta además la necesidad de rogar al dueño de la mies, lo cual subraya que esta tarea no depende exclusivamente de nosotros, sino que es obra de Dios; aquí Mateo invita a la comunidad a contemplar la misión desde la perspectiva y los criterios de Dios, y a orar antes de emprender la tarea de anunciar el evangelio.

Esta tarea misionera, a la cual Jesús envía a los apóstoles,  está precedida de una conmoción personal de Jesús, de una constatación de la realidad de la gente y de una oración. Tres elementos que unidos levantan la pasión de Jesús por su pueblo. No es el pueblo el que le pide evangelizadores. La solución o respuesta a la necesidad viene del mismo Jesús. Ve mejor el Señor la necesidad de la comunidad que el mismo pueblo. Tiene Jesús la respuesta antes de que el pueblo se plantee la pregunta.
Esta respuesta la da Jesús eligiendo a sus discípulos para que estuvieran con él y enviarlos a predicar; los doce discípulos que llama y envía simbolizan el nuevo pueblo de Dios. A la cabeza se nombra a Simón, al que ya el evangelista llama Pedro y que tendrá un lugar especial en el evangelio de San Mateo y en las primeras comunidades cristianas. Jesús entrega a este grupo su misma autoridad para expulsar espíritus y curar. De esta manera la misión de los discípulos es continuación de las del Maestro. Son delegados de su mismo poder y proclaman con palabras y con signos su mensaje: la llegada del reino de los cielos.
Hoy nos ha elegido a nosotros los bautizados como sus discípulos y nos toca seguir el ejemplo de Jesús para “ver”, para “rogar” al Señor de la mies y para “enviar” misioneros y adelantarnos a las necesidades de abandono que padecen tantos hermanos.
Ver la necesidad del otro y sentirla como misión es la clave de la dinámica de la evangelización. Ver la necesidad del otro es un acto de fe que nace en el corazón del discípulo que hace oración. Sin seguidores y hombres de fe tocados por la oración será difícil tener repuesta para los demás, para los desafíos del mundo. Desde allí podremos experimentar la pasión que vivió Jesús por su pueblo necesitado, desde la oración de rodillas.
La gran tentación está en acostumbrarnos a ver las necesidades de nuestro pueblo como algo normal de todos los días, y llenarnos de argumentos para no conmovernos sin buscar experimentar las necesidades del otro, del más pobre y vulnerable. Solo con oración hay conmoción y prontitud de respuesta ante las necesidades de los otros.
El seguidor de Jesús que recorra los caminos de la misión, se le exige un corazón compasivo y que se enternezca ante las necesidades del hermano, y desde allí replicar la misma pasión que Jesús tiene por su pueblo. Hoy nos ha elegido a nosotros, y ese es el reto, en medio de la mies que es mucha y los obreros pocos.
+ Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, 
Obispo de Querétaro

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