Exposición ‘Et in terra Pax‘, LA NAVIDAD EN EL ARTE GRANADINO DE LA EDAD MODERNA en Granada

Tenemos el placer de presentar, en estas fechas tan significativas, una serie de obras de magnífica calidad y con un tema común muy apropiado para estos días: la exposición

‘Et in terra Pax‘
LA NAVIDAD EN EL ARTE GRANADINO DE LA EDAD MODERNA
(SIGLOS XVI-XVIII)

que podrá verse en nuestra Sala Alta del Palacio de los Condes de Gabia desde el día 19 de diciembre (la inauguración será a las 20:00 horas) hasta el próximo 29 de enero de 2012.

Se trata de una muestra que contará con unas cuarenta obras, especialmente pintura y escultura de los siglos XVI al XVIII, de artistas tan destacados como Alonso Cano, Pedro de Mena, José Risueño o Atanasio Bocanegra entre otros.

Una magnífica oportunidad para poder ver de cerca muchas de las pequeñas joyas de la producción artística de la Edad Moderna granadina, que a veces pasan desapercibidas en los conventos o las iglesias de nuestra provincia, y que ahora se nos presentan de una manera cercana, para permitirnos disfrutar de su toda su magnífica calidad.

José Antonio González Alcalá

EXPOSICIÓN ‘Et in terra Pax‘
LA NAVIDAD EN EL ARTE GRANADINO DE LA EDAD MODERNA
(SIGLOS XVI-XVIII)
19 de diciembre de 2011 – 29 de enero de 2012
PALACIO DE LOS CONDES DE GABIA. SALA ALTA

FECHAS
19 diciembre 2011 – 29 enero 2012

LUGAR
Palacio de los Condes de Gabia
Plaza de los Girones 1.
18009 – Granada
HORARIO

Lunes a viernes de 18:00 a 21:00 h.
Sábados de 11:00 a 14:00 h. y de 18:00 a 21:00 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 14:00 h.
25 de diciembre de 11:00 a 14:00 h. y de 18:00 a 21:00 h.
1 de enero de 18:00 a 21:00 h.
24 y 31 de diciembre cerrado

COMISARIO
Lázaro Gila Medina

ORGANIZA
Área de Cultura. Diputación de Granada

COLABORAN
Arzobispado de Granada
Casa de los Pisa

De las tres grandes solemnidades del año litúrgico —Navidad, Pascua de Resurrección y Pentecostés— la primera, en la que se conmemora el nacimiento de Cristo, es sin duda la más universal de todas. Este singular acontecimiento y los nobles ideales y deseos de paz, amor, felicidad, etc. que lo envuelven, han propiciado que se haya ido generando y potenciando, a lo largo de los siglos, el surgimiento de una muy amplísima serie de manifestaciones culturales que los materializarán, siendo sin duda en las Bellas Artes donde se alcanzó un mayor cultivo y desarrollo.

España en general y Granada en particular, capital de uno de los más sobresalientes territorios del Antiguo Régimen, no podía estar ajena a esta fecunda corriente. En la Edad Moderna —siglos XVI al XVIII o, lo que es decir, Re-nacimiento y Barroco—, las artes plásticas —escul¬tura y pintura— conocieron una auténtica Época Áurea. Aquí se conformó una “escuela”, o centro de producción, de vanguardia dentro del panorama nacional, tanto por la genialidad de sus artistas como por la subida calidad de sus producciones, que satisfacían tanto a la demanda local como tam¬bién al exigente mercado nacional. De hecho, no fue una escuela cerrada al panorama europeo, ya que nuestros artistas estaban al tanto de lo que se hacía fuera de nuestra ciudad.
Esta muestra presenta dos grandes capítulos, aunque, dentro de cada uno de ellos, se indi¬vidualicen algunos motivos iconográficos por su especial significación.

El nacimiento de Cristo y el Niño Jesús

En este primer apartado, siguiendo una secuen¬cia cronológica, veremos algunos de los primeros episodios de la vida de Cristo en la tierra. Desde el anuncio del ángel Gabriel a María, la Encar¬nación de Cristo en su seno virginal, la Visita de María a su prima santa Isabel, su Nacimiento, la Adoración de los pastores, de los Reyes Magos, la Huida a Egipto y la Circuncisión. Todo ello repre¬sentado mediante obras de especial calidad, y no muy conocidas, pues algunas de ellas es la primera vez que salen de sus tradicionales lugares de culto. Pinturas de las parroquias de pueblos como Ga¬bia la Chica y de Granada ciudad —de la parroquia de san José, de la Curia Eclesiástica y de clausuras conventuales— son algunos de los ejemplos más preclaros.

El recorrido se interrumpe para dedicar una atención especial al tema del Niño Jesús, sin duda, el motivo iconográfico por excelencia de la Navidad. El tema es mucho más frecuente en escultura que en pintura y además por lo que tiene de entrañable y encantador alcanzó un gran desarrollo. General¬mente en imágenes de pequeño formato, que podemos observar con mayor precisión y que, al resul-tarnos más íntimas y cercanas, en consecuencia, nos despiertan aún mucho más el afecto y simpatía hacia el Divino Infante. Pero no sólo se representa al Niño Jesús como tal, sino que se trasciende en muchas ocasiones y así ya nos lo encontramos como Niño Buen Pastor, Niño Rey Bendiciendo, e in¬cluso como Niño de Pasión, preludiando, con una enorme tristeza y pena en su rostro, el que será su destino final. Singulares ejemplares, procedentes de conventos granadinos o de algunas parroquias de la archidiócesis, ilustran lo que acabamos de exponer.
Este primer ciclo se cierra, a modo de síntesis, con cuatro lienzos donde, con acierto y gracia, se nos muestra algunos de los primeros momentos de la vida de Cristo en la tierra. Nos ha parecido oportuno incluir esta serie, procedente del Museo de la Casa de los Pisas, ya que fue muy normal en esas centu¬rias el contratar una serie, más o menos extensa, de pinturas de esta primera etapa de Cristo, bien para los oratorios privados de las familias acomodadas, las parroquias con fines catequéticos o para las fun¬daciones conventuales, al objeto de ayudar a la meditación de sus miembros.

El hogar de Nazaret
El segundo apartado está dedicado ampliamente al hogar de Nazaret. Es decir a aquel largo y extenso periodo, que se ha llamado también “la vida oculta de Cristo”, en que, según el evangelista san Lucas: Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres [2, 51], dentro de una familia muy humilde: José, dedicado a las tareas de carpintero, y María a su familia y al hogar.

La vida en familia, en sus ricas y múltiples facetas de la vida cotidiana, ha sido objeto de especial es¬tima y aprecio por la religiosidad popular y, en consecuencia, fuente de inspiración para los artistas. Mas, si hasta mediados del siglo XVI, los temas aparecían envueltos y tratados en cierto aire de sacrali¬dad que les alejaba de la realidad cotidiana, a partir del Concilio de Trento (1545-1563), y a su petición las imágenes se humanizan a fin de que, al comprenderse con mayor claridad, despertaran en los fieles los más nobles sentimientos religiosos y les sirvieran de eficaces modelos a seguir.

Es aquí donde el arte granadino encontró un filón inagotable, produciendo empeños que, sin duda, podemos considerar obras maestras dentro de su género y de su momento. Unas veces es sólo María y el Niño —la Virgen de Belén por antonomasia—, y en cuatro momentos básicos: Cambiándole los pañales, como cualquier madre, a lo que éste agradecido le acaricia la cara; intentando darle el pecho; velando su sueño, aunque ya su cara denote cierta pena al rememorar el triste final que le espera, y ensimismada contemplando al hijo que descansa en su rodilla. Como ejemplos emblemáticos, en el primer caso, tenemos la escultura de la Virgen de Belén del museo de la catedral, de Pedro de Mena; en el segundo, el cuadro de la Virgen del anillo, de fray Juan Sánchez Cotán; en el tercero el lienzo de la Virgen de la Vela de la Curia Eclesiástica, también del fraile cartujo y, por fin, en el cuarto, la excelsa talla de la Virgen de Belén del museo catedralicio, realizada por Alonso Cano en origen para el facistol.

En otras ocasiones aparecerá sólo san José con el Niño, como en el delicioso grupo escultórico de Pe¬dro de Mena —a partir del siglo XVI san José empieza a tener una gran relevancia en el santoral—. En otros casos será la Sagrada Familia al pleno, bien en escultura como el grupo también de Pedro de Mena, o en pintura, cual el espléndido y soberbio cuadro de Alonso Cano. Incluso, la familia se amplía hasta un segundo grado en la Santa Parentela de la Capilla Real de Granada, obra del escultor Bernabé de Gaviria. El grupo lo componen además de Jesús, María y José, san Joaquín y santa Ana, sus abue¬los maternos. Finalmente, no podía faltar ésta última, la Abuela, por la gran ascendencia que tiene sobre los nietos, de ahí que haya sido también objeto, hasta tiempos aún muy recientes, de una gran devoción a nivel popular. Mas lo normal, en este caso, es que el grupo lo formen santa Ana, la Virgen y el Niño, modalidad iconográfica conocida popularmente como “santa Ana Triple”, que aquí está muy bien representada por la talla de la iglesia parroquial del Padul.

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