Guión solemnidad del Corpus Christi

Corpus Christi

Guión solemnidad del Corpus Christi

DOMINGO FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI/CICLO A

18 DE JUNIO DE 2017 

“Construir espacios de esperanza, justicia y solidaridad”

Son muchas cosas las que oscurecen la esperanza de multitud de personas en nuestra sociedad: el paro, la pobreza, la pérdida de derechos, la falta de ayudas, la exclusión, el desamparo, la falta de futuro… Los que seguimos a Jesús debemos construir y potenciar lo comunitario, porque éste es el único camino de humanización y de esperanza para incidir en todo aquello que atenta contra los derechos de las personas. Construir comunidades, grupos humanos solidarios, donde todos están vinculados los unos a los otros, porque sienten que la suerte que pueda correr su prójimo es su misma suerte; lo que a él le ocurre, a mí mi ocurre.

Debemos hacer posible que nuestras comunidades y grupos sean de acogida y fraternidad, donde las personas sean capaces de vivir y convivir juntas, donde seamos capaces de crear espacios comunitarios, solidarios y proféticos que hagan realidad otro mundo posible, otra forma de relacionarse y convivir desde valores como la generosidad, la solidaridad, el espíritu de cooperación y participación, la justicia y la gratuidad. Una comunidad, un grupo humano, que viva y conviva así, será una comunidad de esperanza que contagie Esperanza con mayúscula.

 

 

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DE LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio 8,2-3. 14b-16a 
Habló Moisés al pueblo y dijo:
– Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus padres- para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Moisés, según el texto del Deuteronomio, quiere hacer reflexionar a los israelitas para que piensen en la actitud que el Señor ha tenido con ellos. Aunque han pasado por acontecimientos de sufrimiento, también los han pasado de liberación. Dios siempre ha estado con ellos en su largo caminar por el desierto y les ha saciado el hambre y la sed, aunque “no sólo de pan vive el hombre, sino de la palabra venida de sus labios”.

Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
 

Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R:

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina;
él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R:

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R:

2ª LECTURA

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,16-17 
Hermanos:
El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo exhorta a los cristianos de la comunidad de Corinto a evitar la idolatría no participando en los sacrificios que los paganos hacen a sus dioses. Para el apóstol la Eucaristía es el vínculo de unión entre los cristianos y Cristo y de los cristianos entre sí, que produce y ayuda a construir la unidad del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. El pan y el vino, dice San Pablo, son signo de unidad y nos hacen miembros de un mismo cuerpo, fraternales y solidarios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,51-58 
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.
Disputaban entonces los judíos entre sí:
– ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
– Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús nos dice que “Él es el pan que da vida eterna” y manifiesta que si no comemos el “pan que es su Cuerpo”, no tendremos vida en nosotros. El Cuerpo de Cristo (el pan sacramental) nos ofrece la vida eterna. Jesús nos ofrece un pan y un vino que es “signo, fe y sacramento”. La Eucaristía es el centro de vida cristiana.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

DE LA MISA A LA EUCARISTÍA

Durante siglos, misa ha sido el término familiar empleado en occidente para designar la reunión eucarística. Este viejo nombre está lleno de resonancias socio-religiosas y es indicador de una determinada mentalidad que ha configurado la práctica religiosa de muchos cristianos (“oír misa”, “decir misa”, “sacar misas”, “misa homenaje”, “misa polifónica”, “misas gregorianas”). Hoy se observa una tendencia generalizada a sustituir el viejo nombre de misa por el de eucaristía, término más antiguo, de raíces bíblicas más hondas y que significa “acción de gracias”. Este cambio de palabras no es un capricho de teólogos y liturgistas. Está surgiendo todo un cambio de actitudes, el descubrimiento de unos valores nuevos y una voluntad de vivir esta celebración en toda su riqueza.

El cambio apunta a ir pasando de una misa entendida como acto religioso individual hacia una eucaristía que alimenta y constituye toda la comunidad. De un asunto que concierne fundamentalmente al clero que “dice misa” mientras los demás la “oyen” pasivamente, se pasa a una celebración vivida por todos de manera activa e inteligible; de una obligación sagrada, bajo pecado mortal, a una reunión gozosa que la comunidad necesita celebrar todos los domingos para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo resucitado; de una misa que ha servido de marco para toda clase de aniversarios, fiestas, homenajes o lucimiento de coros o solistas, a la celebración de la Cena del Señor por la comunidad creyente; de una conmemoración del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz, a una celebración que recoja también las demás dimensiones de la eucaristía como banquete, comunión fraterna y acción de gracias a Dios; del cumplimiento de un deber religioso que nada tiene que ver con la vida, a una celebración que es exigencia de amor solidario a los más pobres y de lucha por un mundo más justo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Ciclo C

Génesis 14, 18-20 / 1 Corintios 11, 23-26

/ Lucas 9, 11b-17
Salmo Responsorial   Sal 109, 1-4
R/.  “’Glorifica al Señor, Jerusalén!”

Secuencia

 

En los países en los que la Solemnidad de

Corpus Christi se celebró el jueves 26 de mayo

DOMINGO IX DEL TIEMPO ORDINARIO

1 Reyes 8, 41-43 / Gálatas 1, 1-2. 6-10 / Lucas 7, 1-10
Salmo responsorial   Sal 116, 1-2
R/.  “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”

 

Santoral:

Santa Ripsimena, San Germán de París,

San Pablo Han y Beata Margarita Pole

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 29 DE MAYO DE 2016

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

 

Ofreció pan y vino

 

Lectura del libro del Génesis

14, 18-20

 

En aquellos días:

Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, y bendijo a Abrám, diciendo:

«¡Bendito sea Abrám “‘

de parte de Dios, el Altísimo,

creador del cielo y de la tierra!

¡Bendito sea Dios, el Altísimo,

que entregó a tus enemigos en tus manos!»

 

Y Abrám le dio el diezmo de todo.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                        109, 1-4

 

  1.    Tú eres Sacerdote para siempre,

        a la manera de Melquisedec.

 

Dijo el Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

mientras yo pongo a tus enemigos

como estrado de tus pies». R.

 

El Señor extenderá

el poder de tu cetro:

«¡Domina desde Sión,

en medio de tus enemigos!» R.

 

«Tú eres príncipe desde tu nacimiento,

con esplendor de santidad;

Yo mismo te engendré como rocío,

desde el seno de la aurora». R.

 

El Señor lo ha jurado

y no se retractará:

«Tú eres sacerdote para siempre,

a la manera de Melquisedec». R.

 

 

Siempre que lo coman y beban

 proclamarán la muerte del Señor

 

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

11, 23-26

 

Hermanos:

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía».

Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que Él vuelva.

 

Palabra de Dios.

 

 

SECUENCIA

 

Esta secuencia es optativa. Si se .la canta o recita, puede decirse íntegra o en forma breve desde:

* Este es el pan de los ángeles.

 

* Éste es el pan de los ángeles,

convertido en alimento de los hombres peregrinos:

es el verdadero pan de los hijos,

que no debe tirarse a los perros.

 

Varios signos lo anunciaron:

el sacrificio de Isaac,

la inmolación del Cordero pascual

y el maná que comieron nuestros padres.

 

Jesús, buen Pastor, pan verdadero,

ten piedad de nosotros:

apaciéntanos y cuídanos;

permítenos contemplar los bienes eternos

en la tierra de los vivientes.

 

Tú, que lo sabes y lo puedes todo,

Tú, que nos alimentas en este mundo,

conviértenos en tus comensales del cielo,

en tus coherederos y amigos,

junto con todos los santos.

 

 

 

EVANGELIO

 

Todos comieron hasta saciarse

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

9, 11b-17

 

Jesús habló a la multitud acerca del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser sanados.

Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto».

Él les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».

Porque eran alrededor de cinco mil hombres.

Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de alrededor de cincuenta personas». y ellos hicieron sentar a todos.

Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

 

Palabra del Señor.

 

 

 

Reflexión

 

LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA DE CRISTO

1.- Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre. Dentro del pensamiento paulino, tal como leemos hoy en la primera carta de san Pablo a los Corintios, escrita bastantes años antes de la publicación de los evangelios, la eucaristía es la mejor expresión de la nueva alianza que Cristo hizo con su Padre, ofreciéndole el sacrificio de su propia sangre. En el Antiguo Testamento se habla de otras alianzas que Dios hizo con su pueblo. Los sacerdotes de las antiguas alianzas ofrecían a Yahvé la sangre de algún animal sacrificado y era la sangre de ese animal sacrificado y ofrecido a Dios la que sellaba la alianza que Dios hacía con su pueblo. En la nueva alianza es la propia sangre de Cristo la que sella de una manera definitiva y para siempre la alianza de Dios con los hombres. Dios ya no quiere sacrificios de toros, ni otras ofrendas, para perdonar los pecados del pueblo; es la sangre –la vida, pasión y muerte de Cristo– ofrecida sobre el ara de la cruz, lo que perdona nuestros pecados. En la eucaristía, cada vez que comemos el pan sacramentado y bebemos el vino, renovamos esta nueva alianza, en la que Dios perdona nuestros pecados por la sangre de Cristo.

2.- Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Si seguimos con san Pablo, cada vez que nos acercamos a recibir el cuerpo de Cristo, debemos ser conscientes de que estamos comulgando con el Cristo que se entregó, libre y voluntariamente, por nosotros. Recibimos un cuerpo entregado, ofrecido libremente a Dios, para obtener el perdón de nuestros pecados. No es que Cristo buscara la muerte por amor a la muerte; Cristo, como ser humano que era, temía la muerte, pero aceptó con amor la muerte y ofreció su vida al Padre, porque esa era la condición necesaria para quitar el pecado del mundo. Cristo, cordero inmolado, aceptó una muerte humanamente cruel e injusta, entregándose por nosotros, para salvarnos a nosotros. La muerte de Cristo fue una muerte redentora, una muerte por amor a sus hermanos los hombres. Por eso, cada ver que nosotros anunciamos la buena noticia de Cristo, su evangelio, debemos ser conscientes de que estamos anunciando la vida y muerte de una persona que sacrificó su vida luchando contra el mal y contra la injusticia del mundo, precisamente para salvar al mundo. De todo esto debemos ser muy conscientes cada vez que nos acercamos a comulgar con el cuerpo y la sangre de Cristo, un cuerpo entregado por nosotros…

3.- Haced esto en memoria mía. Sigue diciéndonos san Pablo que Cristo mandó a sus discípulos que cada vez que se reunieran para comer el pan y beber el cáliz lo hicieran en memoria suya. La eucaristía es la renovación del sacrificio de Cristo; como venimos diciendo, la eucaristía es la memoria del sacrificio de la vida de Cristo. Cristo fue el primer mártir del cristianismo, lo mataron porque no se acobardó ante la persecución injusta de los que le mataron, sino que, por amor a su Padre, Dios, eligió la muerte, antes que ceder ante las presiones de sus enemigos. Si de verdad celebramos conscientemente nuestras eucaristías, debemos hacerlo recordando la primera eucaristía que Cristo celebró con sus discípulos, inmediatamente antes de recorrer el camino hacia el calvario, donde ofrecería su vida al Padre, sobre el ara de la cruz.

4.- Dadles vosotros de comer. En el evangelio de hoy hemos leído el relato de la multiplicación de los panes y los peces. En esta fiesta del Corpus, debemos entender este relato también en lenguaje eucarístico. Nuestras eucaristías nos dicen que Cristo ofreció su vida para salvar a todos los hombres, sin excepción alguna. Nuestras eucaristías no pueden quedarse en un acto piadoso individual, sino que deben implicar un propósito de salvar al mundo, especialmente a los más necesitados, poniendo nuestras vidas al servicio de la vida de aquellas personas que más nos necesitan. Hoy es el día del amor fraterno y nuestra eucaristía de hoy debe animarnos a querer salvar, por amor, a todas las personas necesitadas. En nuestra tierra hay recursos suficientes para que nadie se muera de hambre, es nuestro egoísmo, el egoísmo humano, el que condena a la muerte por hambre a muchas personas. En esta eucaristía de la fiesta del Corpus, ofrezcamos cada uno de nosotros todo lo que podamos, para que nadie se muera de hambre por culpa de nuestro egoísmo. Demos nosotros de comer a las personas que nos necesitan, cada uno según sus posibilidades.

 

Gabriel González del Estal

www.betania.es

 

DADLES VOSOTROS DE COMER

1.- Rey de justicia y de paz. Melquisedec es presentado en el relato del Génesis como «rey de justicia», que reina en «ciudad de paz»; sacerdote del Dios altísimo, que ofrece pan y vino y bendice a Abrahán. Puestos a buscar una figura del Mesías, pocas tan conseguidas como Melquisedec. Cuando el autor de la carta a los Hebreos quiso buscar una justificación del sacerdocio de Cristo, enseguida se acordó de este importante personaje. También el salmo 109 había aplicado al Mesías este sacerdocio. Figura misteriosa y luminosa. Es símbolo de las mejores aspiraciones y esperanzas de los hombres, encuentro vivo de la paz y la justicia. Su ciudad parece abierta a las mejores relaciones humanas, donde se acoge al peregrino y se comparte el pan y el vino de la fraternidad, donde se ha olvidado el sentido de las armas, donde se está abierto a la trascendencia. Todo el que acoge, bendice y comparte, será rey de justicia y de paz, y será sacerdote del Dios altísimo o, mejor, cercanísimo.

2.- Un nuevo reino y un nuevo sacerdocio. La segunda lectura es el texto más antiguo referente a la institución de la Eucaristía. Recoge una tradición venerable que llega hasta Jesús. La Eucaristía está ahí, en el centro de la historia: recordando, por una parte, la muerte del Señor y el gran amor que lo llevó hasta la entrega; anunciando, por otra parte, el retorno del Señor. Un recuerdo que compromete y se hace esperanza, pues el retorno del Señor tenemos que prepararle. Lo que Melquisedec simbolizaba se hace realidad en Cristo, verdadero rey de justicia y de paz, el que es todo bendición, el que ofrece el pan y el vino de más hondo significado, memorial del amor más grande, signo de la unión más perfecta y anuncio de los bienes definitivos. En Cristo empieza un nuevo reino y un nuevo sacerdocio.

3.- “La nueva imaginación de la caridad”. La multiplicación de los panes y de los peces aparece en los cuatro evangelistas. El relato está configurado como un diálogo entre Jesús y los doce. Los doce consideran inviable la propuesta de Jesús de dar de comer a tanta gente, pero estarían dispuestos a poner los medios para hacerla viable: ante la imposibilidad de dar de comer a todos con cinco panes y dos peces, proponen ir a comprar al pueblo. El diálogo se desarrolla, pues, en términos de propuestas y contrapropuestas normales; no hay nada que haga pensar en una intervención milagrosa, ni siquiera cuando Jesús pide a sus discípulos que hagan sentar a la gente. Sólo al final aparece la intervención milagrosa de Jesús. Literariamente hablando, se trata de una intervención inesperada. Esto quiere decir que Lucas no está interesado en resaltar lo extraordinario de la escena, aunque indudablemente lo presupone. Una vez más, Lucas ha elaborado el relato en perspectiva catequética. Catequesis a los doce sobre cómo tienen que actuar en la comunidad cristiana. Esta actuación no debe ser el desentendimiento (¡que se las arreglen como puedan!), por muy comprensible y razonable que pueda éste parecer. Su actuación debe ser la entrega, la disponibilidad, la búsqueda de soluciones, por muy costosas que éstas sean. “Dadles vosotros de comer”, les pide Jesús. Es entonces cuando se produce el milagro. El milagro de una comunidad donde no hay necesidades, donde todo fluye a raudales y que incluso sobra. El milagro que se produjo allí es el compartir. Ya el Papa Benedicto XVI nos había hablado de la nueva “imaginación de la caridad”. La Eucaristía, como Jesús la entendió, es la gran señal de una comunidad en torno a una misma mesa, donde a nadie le falta nada y donde todo es alegría de vivir. Así lo expresó también San Agustín:

“Danos los bienes eternos, danos los temporales. La Eucaristía, en consecuencia, es nuestro pan de cada día; pero recibámoslo de manera que no sólo alimentemos el vientre, sino también la mente. La fuerza que en él se simboliza es la unidad, para que agregados a su cuerpo, hechos miembros suyos, seamos lo que recibimos. Entonces será efectivamente nuestro pan de cada día”.

 

José María Martín OSA

www.betania.es

 

CORPUS DE LA MISERICORDIA

El Papa Francisco, en su convocatoria del Año Santo Jubilar, nos afirmaba que “la caridad es la viga de la vida cristiana”. Es así: caridad hacia Dios (para no perderlo) y caridad hacia los demás (para no olvidar que la fe es compromiso).

Hoy, con Cáritas, caemos en la cuenta que una cosa lleva a la otra: ir a la fuente a por agua implica, a continuación, compartirla con el que siente sed. Encontrarse con Cristo, en la oración, en la eucaristía o en los sacramentos, nos exige buscar esos otros “cristos” que deambulan por el ancho mundo reclamando justicia, pan, derechos o una mirada de amor.

  1. La festividad del Corpus Christi, no obstante, nos hace colocar en el centro de la atención de este día el Misterio de la Eucaristía: el Cuerpo y la Sangre del Señor. En Jueves Santo, Jesús, se nos dio y nos mandó perpetuar este Misterio. ¿Qué hemos hecho de él? ¿Rutina o vida? ¿Obligación o necesidad? ¿Encuentro o rito?

La misericordia de Dios se expresa especialmente, y visceralmente, en la Eucaristía. Es donde caemos en la cuenta de los quilates del amor de Dios. ¿Qué Padre es capaz de ofrecer a su único para y por salvar a alguien? Dar la vida por los demás por unas horas, por un mes o por un año…resulta fácil. ¿Y darnos totalmente? ¿O entregarnos en cuerpo y alma? ¿Y dejarnos clavar, insultar, lacerar o escupir por la salvación de los demás?

A la Eucaristía, por si lo hemos olvidado, no venimos para que nos entretengan. Mucho menos venimos a que, un grupo de guitarras o el coro de turno, nos la hagan más llevadera. Eso, entre otras cosas, sería un insulto a lo más sagrado que ella tiene y ella encierra: Cristo. Sería tanto como acudir a un gran banquete, en el mejor de los restaurantes, y una vez servida la comida llamar al camarero y decirle: “Por favor; ¿puede conectar la música de ambiente porque, la comida, no me gusta?”. Nos hace falta fe, y mucha, para gustar, sentir y disfrutar este Misterio. ¿Cómo vamos a manifestarlo en la calle, en la solemne procesión del Corpus, cuando tal vez por dentro y por fuera nos ha dejado indiferentes?

2.- En el Año de la Misericordia, contemplando a Cristo en el centro de nuestras custodias, caemos en la cuenta de que hemos de ser nosotros los portadores de Jesucristo. El futuro de la fe en nuestra sociedad, en nuestra familia y en nuestros ambientes, depende muchísimo del cómo la vivimos primero nosotros. Sin Eucaristía, la de cada domingo, nos convertimos en simples autómatas del bien (lo hacemos pero porque está de moda el encumbrar ciertos valores altruistas). Nos situamos al margen de Dios (como si comprometernos por el otro fuese responsabilidad nuestra y sin iniciativa de Dios). Nos agotamos en el intento (porque, a la primera de cambio, sentimos que la caridad no es recompensada ni agradecida por un mundo egoísta y egocéntrico).

El “Tomad y comed” y “Tomad y bebed” llena nuestras entrañas y nuestras venas del mismo Cuerpo y Sangre de Cristo y, cuando así lo creemos y sentimos, vemos que nuestros cuerpos y nuestra sangre se mueven y se desviven por lo mismo que conmovió a Jesucristo: la gloria de Dios y el bienestar de los hermanos.

No es lógico, por lo tanto en este día del Corpus Christi, acentuar exclusivamente el dolor de los cuerpos de los hermanos (aunque tengamos que salir en su auxilio). Hoy, especialmente hoy, clavamos nuestros ojos en el Cuerpo de Cristo, saboreamos su Sangre redentora para que, luego, nos infunda su valor, su valentía y su radicalidad para luchar lo que haga falta, donde haga falta para que, nuestra misericordia, sea humana y divina, constante y sin tacha, alegre y virtuosa, respetuosa y humilde, silenciosa e ilimitada. ¿Cómo? Con el Sacramento de la Eucaristía.

Salgamos con el Señor a las calles y, luego, seamos –por supuesto– manos que luchen por la justicia, que repartan generosidad y que trabajen por la fraternidad entre todos.

 

Javier Leoz

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