Evangelio del día 19 de marzo – Lecturas del tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Evangelio del día 19 de marzo – Lecturas del tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

3º DOMINGO DE CUARESMA/CICLO A

19 DE MARZO DE 2017

 

 

 

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

Son bastantes las personas que han eliminado de su vida toda experiencia religiosa. Ya no se comunican con Dios. Esta ruptura con Dios no es buena. No hace a la persona más humana ni da más fuerza para vivir. Dios es invisible. “Nadie lo ha visto”, dice la Biblia. Es un Dios escondido. Según Jesús, ese Dios oculto se revela, no a los grandes e inteligentes, sino a los pequeños y sencillos, estén dentro o fuera de la Iglesia. Dios es inefable. No es posible definirlo ni explicarlo con conceptos. No podemos hablar de él con palabras adecuadas. Pero podemos hablarle y, lo que es más importante, Él nos habla, incluso aunque no abramos nunca las páginas de la Biblia.

Dios es gratuito. Ningún hombre o mujer queda lejos de su ternura, viva dentro o fuera de una comunidad creyente. A veces podemos captar su cercanía en nuestra propia soledad. Si escuchamos hasta el fondo nuestro propio desamparo, tal vez percibamos la presencia del Amigo fiel que acompaña siempre. ¿Por qué no abrirnos a él? Cuando nos vemos atrapados por el miedo o amenazados por la depresión y la tristeza, Él está ahí. Su presencia es respeto, amor y comprensión. ¿Por qué no invocarle?

Podemos intuirlo incluso en nuestras dudas y confusión. Cuando todo se nos hunde y no acertamos ya a creer en nada ni en nadie, queda Dios. Dios nos entiende y nos atrae hacia el bien. ¿Por qué no confiar en él? Dios está también en las mil experiencias positivas de la vida: en el hijo que nace, en la fiesta compartida, en el trabajo bien hecho, en el acercamiento íntimo a la pareja, en el paseo que relaja, en el encuentro amistoso que renueva. ¿Por qué no elevar el corazón hasta Dios y agradecerle el don de la vida?

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL 3º DOMINGO DE CUARESMA/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17,3-7 
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
– ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
– ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
– Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros? Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El pueblo de Israel es liberado de la esclavitud en la que se encontraba en Egipto, pero no queda contento ni saciado con una “simple esperanza en Dios”. Sufre verdadera crisis de fe. Duda de que Dios les esté ayudando, se quejan del abandono en que les tiene el Señor y se entregan a la adoración de otros dioses que puedan ofrecerles la felicidad que ansían.

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 

  • Venid, aclamemos al Señor,                                                                     demos vítores a la Roca que nos salva,
    entremos a su presencia dándole gracias,                                                  aclamándolo con cantos. R:
  • Entrad, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía. R:
  • Ojalá escuchéis hoy su voz:
    «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando vuestros padres me pusieron a prueba
    y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2. 5-8 
Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El hombre está hecho para Dios y solamente en Dios encontrará saciados todos sus anhelos y colmadas sus apetencias. La fe nos da paz y armonía en nuestras dudas y desasosiegos, la esperanza no nos puede defraudar, porque sabemos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y se nos da por los sacramentos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42 
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
– Dame de beber.
La samaritana le dice:
– ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Jesús le contestó:
– Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
– Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta:
– El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
– Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Jesús le dice:
– Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
– Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
– Soy yo: el que habla contigo. Palabra del Señor.

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

La mujer samaritana cambia el rumbo de su vida al encontrarse con Jesús, quien le ofrece un agua de valor eterno: la paz y su gracia. Ella, no solamente la acepta, sino que se hace apóstol de Cristo compartiendo con sus vecinos la paz y la luz que ha encontrado en Jesús. La samaritana ha experimentado el encuentro personal con Jesús.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

¿EN QUÉ SE NOTA QUE SOY HIJO DE DIOS?

Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen encanto especial. Son alegres y acogedores. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre personas de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos, pacificadores, cálidos y cercanos, personas de toda confianza. Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.

  • No aman las riquezas por encima de todo. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios. • No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacíos de sí mismos. Son sufridos y sensibles al sufrimiento de los demás. Saben llorar con los que lloran. • No toleran la injusticia. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos.
  • No aman la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres. Reconocen sus fallos y sus errores.• No utilizan la violencia. Irradian paz, y la crean, la defienden. Son amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.

 

 

 

 

Evangelio del día 8 de marzo – Lecturas del tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo B

Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo (20,1-17):

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y bisnietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Palabra de Dios
Salmo
Sal 18,8.9.10.11

R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor
es fiel e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor
es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.R/.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,22-25):

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para lo judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados –judíos o griegos–, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios
Evangelio
Evangelio según san Juan (2,13-25), del domingo, 8 de marzo de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-25):

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor

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