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Evangelio del día 8 de agosto – Ciclo C [Vídeo]

Evangelio del día 8 de agosto

Evangelio del día 8 de agosto – Ciclo C

Ezequiel 1, 2-5. 24-28c / Mateo 17, 22-27
Salmo responsorial Sal 148, 1-2. 11-14bc
R/. “¡Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria!”

Santoral:
Santo Domingo, San Ciríaco, San Pablo Ge Tingzhu,
Beata María de la Cruz y Beata María Margarita

Florece en tu ambiente

¿No has visto florcitas que brotan entre las piedras,
entre la maleza? Florcitas que brotan en los lugares
más inverosímiles y que uno dice: ¿Cómo es posible
que una flor como esta haya nacido en semejante lugar?
Sí, ¡qué hermoso es ver como una flor puede brotar
en un ambiente adverso! Quiero decirte que también
tú puedes florecer en cualquier ambiente.
No es el lugar lo que hace a la persona,
es la persona la que hace el lugar.

San Pablo escribe en Filipenses: “He aprendido
a hacer frente a cualquier situación. Yo se vivir tanto
en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho
absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre,
a tener de sobra como a no tener nada.
Yo lo puedo todo en aquel que me conforta”. (Fl 4, 11-13)

¡Cuánta gente se queda de su matrimonio,
de su familia, de sus hijos, de sus padres,
de su ciudad, de su pueblo, de su trabajo!
Y están siempre deseando otra cosa, añorando
otros ambientes, otras personas, otras circunstancias.
¡Qué tristeza y qué dolor! Siempre quejándose
de lo que tienen. No se gana nada con eso.
Tú puedes florecer en el ambiente en que te tocó estar.
No depende de las circunstancias, depende de tí.
¡Tú estás sentado en una mina de diamantes!

Yo he conocido personas que en circunstancias
muy difíciles han florecido y son un auténtico jardín de Dios.
Son alabanza de la gloria de Dios. Es la persona
la que hace el éxito y construye un futuro maravilloso.

¿Dónde nació Ghandi? ¿Dónde desarrolló su vida?
En ambientes de ciudades y aldeas pobres de la India.
¿Dónde nació Jesús? En Belén, en una cueva
y vivió parte de su infancia en los ghettos judíos de Egipto.
Mucha gente grande ha nacido en lugares pequeños
y han desarrollado su vida en ambientes pobres.
No es donde estamos sino lo que somos.
Si tú piensas en las posibilidades escondidas y latentes
que están en tu ambiente y haces un recuento de todo
aquello positivo que está allí y de todo aquello que puedes
usar para superarte, te darás cuenta de cosas increíbles.
Verás que allí puedes florecer. Mira las posibilidades
que tienes en este mismo instante a tus pies;
hay hectáreas de diamantes esperando ser hallados por ti.
Diamantes de gozo, de felicidad y de metas en tu vida.
Lo que necesitas para descubrir todo eso es una actitud
dinámica y positiva.

Apóyate confiadamente en Dios y verás cómo florecerás,
no importa dónde. Todo depende de cómo te enfrentes a la vida.
Puedes estar seguro que Dios quiere que cada flor florezca,
que cada semilla brote, que cada persona experimente gozo
y también tú estás incluido en el programa de Dios.
Florece allí donde te ha tocado estar y no te olvides:
¡Con Dios tú eres…INVENCIBLE!

Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Liturgia – Lecturas del día

Lunes,
8 de Agosto de 2016

era el aspecto, la semejanza de la gloria del Señor

Lectura de la profecía de Ezequiel
1, 2-5. 24-28c

El día cinco del mes -era el año quinto de la deportación del rey Joaquín- la palabra del Señor llegó a Ezequiel, hijo del sacerdote Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Quebar. Allí la mano del Señor descendió sobre él.
Yo miré, y vi un viento huracanado que venía del norte, y una gran nube con un fuego fulgurante y un resplandor en torno de ella; y de adentro, de en medio del fuego, salía una claridad como de electro. En medio del fuego, vi la figura de cuatro seres vivientes que por su aspecto parecían hombres.
Yo oí el ruido de sus alas cuando ellos avanzaban: era como el ruido de aguas torrenciales, como la voz del Todopoderoso, como el estruendo de una multitud o de un ejército acampado. Al detenerse, replegaban sus alas. Y se produjo un estruendo sobre la plataforma que estaba sobre sus cabezas.
Encima de la plataforma que estaba sobre sus cabezas, había algo así como una piedra de zafiro, con figura de trono; y encima de esa especie de trono, en lo más alto, una figura con aspecto de hombre. Entonces vi un fulgor como de un rayo, algo así como un fuego que lo rodeaba desde lo que parecía ser su cintura para abajo; vi algo así como un fuego y una claridad alrededor de él: como el aspecto del arco que aparece en las nubes los días de lluvia, así era la claridad que lo rodeaba.
Éste era el aspecto, la semejanza de la gloria del Señor. Al verla, cal con el rostro en tierra.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
148, 1-2. 11-14bc

R.
¡Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria!

Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos. R.

Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños.
Alaben el Nombre del Señor. R.

Alaben el Nombre del Señor.
Porque sólo su Nombre es sublime;
su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y Él exalta la fuerza de su pueblo. R.

¡A Él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos! R.

EVANGELIO

Lo matarán y resucitará.
Los hijos están exentos del impuesto

a
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
17, 22-27

Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo mataran y al tercer día resucitara». Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?» «Sí, lo paga», respondió.
Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?» Y como Pedro respondió: «De los extraños», Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti».

Palabra del Señor.

Reflexión

Ez. 1, 2-5. 24-28. Dios jamás abandonará a los suyos. Los Israelitas han sido deportados, lejos de su tierra. En medio de la añoranza por la tierra y por el templo de Dios, el Señor se hace presente en medio de ellos, cercano, como en figura humana, para consolarlos, invitarlos a la conversión y librarlos de la mano de sus enemigos. Por muy pecadores que seamos, el Señor siempre nos seguirá amando y saldrá a buscarnos con gran amor, hasta encontrarnos y llevarnos de vuelta a casa. Tanto amó Dios al mundo, que le envió a su propio Hijo para librar al mundo del pecado. Por medio de Cristo Jesús, Dios, hecho hombre, se hizo cercano a nosotros. En Cristo hemos conocido la Gloria de Dios, pues, amándonos, Dios se nos manifestó como el Dios misericordioso y compasivo para con cada uno de nosotros. Y ese es el camino de la Iglesia, manifestar el Rostro amoroso y misericordioso de Dios a la humanidad entera.

Sal. 148. Ojalá y no sólo el cielo y la tierra estén llenos de la gloria de Dios para que la contemplemos, sino que lo esté también en nuestra vida toda, para que disfrutemos al Señor como centro de todo nuestro ser. Entonces no sólo alabaremos al Señor, sino que toda nuestra vida será una continua alabanza de su Santo Nombre. ¿Cómo no alabar a nuestro Dios y Padre, con un corazón agradecido, especialmente por la Redención realizada por Jesucristo? ¿Cómo no alabarlo porque por medio de la Iglesia esa Redención llega hasta nosotros con todo su poder salvador? ¿Cómo no alabarlo porque por medio de los sacramentos, especialmente por medio de la Eucaristía, nos hace sus hijos, nos conforma a la imagen de su Hijo Unigénito por obra del espíritu Santo y se convierte en el Pan que nos da Vida eterna, porque nos une a sí mismo como las ramas están unidas al tronco, para que produzcamos frutos abundantes de buenas obras? Elevemos nuestro corazón a Dios, démosle gracias y alabemos todos juntos su poder, su amor y su Santo Nombre por todo el bien que nos ha hecho.

Mt. 17, 22-27. Jesús, entregado en manos de los hombres, padece, de parte de ellos, la muerte. Jesús, entregado en manos de su Padre Dios, recibe, de parte de Él, la resurrección para entrar nuevamente en la Gloria que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre. La muerte de Cristo es el tributo que Él paga para rescatarnos del pecado y de la muerte y hacernos, junto con Él, hijos de Dios; de tal forma que en adelante ya no hemos de vivir para nosotros, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó. La Gracia de la Redención ha sido puesta en manos de la Iglesia especialmente por medio de la Eucaristía, Memorial del Misterio Pascual de Cristo. La Iglesia ofrece esta Moneda de gran valor para el perdón de las faltas cometidas por la humanidad pecadora, con la que Cristo quiso hacerse solidario para clavar en la cruz el documento que nos condenaba.
En la Eucaristía el Señor entrega, como Memorial, su vida para el perdón de nuestros pecados. Él se acerca a nosotros en los signos sacramentales del Pan y del Vino, convertidos en su Cuerpo y en su Sangre. Él nos habla por medio del Ministro consagrado, tal vez signo demasiado pobre, pero escogido por Dios y puesto al frente de su Pueblo para conducirlo a la salvación. No son las apariencias, sino la fe la que nos une a nuestro Dios y Padre. Él sabe de nuestro alejamiento; ante Él no podemos ocultar nuestros pecados. Y sin embargo Él nos sigue amando. Él se acerca a nosotros para ofrecernos su perdón, su vida y su paz. Él nos quiere con Él eternamente. Vivamos con una fe auténtica estos momentos en que nos unimos al Señor, y en que Él se nos da como alimento de Vida eterna. Hagamos nuestra su vida y su misión. Hechos uno con Él vayamos al mundo para manifestarle la Gloria de Dios desde una vida llena de amor, de alegría, de paz y de misericordia para con todos.
¿En verdad nosotros también entregamos nuestra vida para que la salvación llegue a todos? Ojalá y no nos conformemos únicamente con anunciar el Nombre del Señor con las palabras. El Evangelio se ha de encarnar en cada uno de nosotros. Así la Iglesia debe ser el Evangelio viviente del Padre a través de la historia. Día a día debemos ser entregados en manos de los hombres para que reciban, desde nosotros, la salvación y el amor Dios que los salve. No hemos de tener miedo en convertirnos en una Eucaristía viviente en el mundo. Eucaristía que se convierte en acción de gracias porque el mundo disfruta de una vida nueva a costa de la entrega amorosa de cada uno de nosotros, unidos al Sacrificio Redentor de Cristo, en favor de los demás. Y esto no porque el poder salvador sea algo inherente a nuestra naturaleza humana, sino porque el Señor, cuyo Espíritu habita en nosotros, realiza la obra de salvación por medio de la Iglesia. Por eso no nos convirtamos en ocasión de pecado y de muerte para los demás, sino que seamos los primeros en convertirnos en la moneda de rescate para el perdón de los pecadores y en fuente de vida y salvación para todos, pues Dios, que estará siempre con nosotros, hará su obra de salvación en el mundo por medio nuestro.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de trabajar por el Reino de Dios entre nosotros, sin importarnos si para que la salvación llegue a todos, tengamos incluso que entregar, como precio, nuestra propia vida. Amén.

Homiliacatolica.com

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