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Evangelio del día 15 de Enero – Segundo domingo del Tiempo ordinario ciclo A [Vídeo]

Segundo domingo del tiempo ordinario

Segundo domingo del Tiempo ordinario ciclo A

Comentario y reflexión de las lecturas para el próximo domingo segundo del tiempo ordinario.

 

CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

El bautismo de Jesús comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual y nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia. El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”. Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

El Papa Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas” y expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”. Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. A quien no llega a descubrir a Jesús como vivencia personal, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías 49,3. 5-6 
«Tú eres mi siervo (Israel) de quien estoy orgulloso». Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob,
para que le reuniese a Israel, -tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-:
es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El profeta Isaías presenta al siervo de Yahvé, figura del Mesías, como luz de las naciones y portador de la salvación de Dios a todos los hombres hasta los confines de la Tierra.

Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9 
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
 

  • Yo esperaba con ansia al Señor:
    Él se inclinó y escuchó mi grito;
    me puso en la boca un cántico nuevo,
    un himno a nuestro Dios. R:
  • Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y en cambio me abriste el oído;
    no pides sacrificio expiatorio,
    entonces yo digo: «Aquí estoy
    -como está escrito en mi libro-
    para hacer tu voluntad». R:
  • Dios mío, lo quiero,
    y llevo tu ley en las entrañas.

2ª LECTURA

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,1-3 
Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo Señor nuestro y de ellos. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sea con vosotros.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El Apóstol Pablo comienza su 2ª carta a los Corintios deseándoles la gracia y la paz de Dios nuestro Padre. La paz es el gran regalo que Dios nos puede conceder porque no acertamos a encontrarla por nuestra propia cuenta. Es nuestra gran responsabilidad ser constructores de la paz en las conciencias, en las familias, en el trabajo, en la sociedad, entre las naciones… Construiremos la paz cuando estemos en amistad y en paz con Dios y con quienes convivimos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,29-34 
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
– Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
– He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo».
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Palabra del Señor.

 

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Las cosas no son malas porque Dios haya querido que “sean pecado”, sino al revés: precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad son pecado que Dios trata de quitar de nuestro corazón. Pecar es renunciar a ser humanos; es matar la esperanza; es dar muerte a la vida, a la paz, a la gracia. Pecar es contaminar la vida, hacer un mundo injusto e inhumano, destruir la armonía y la fraternidad. Jesús es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: que ofrece el perdón y la paz”.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

 

LA MISIÓN DE LA IGLESIA

La misión de la Iglesia como fue la de Juan el Bautista es: • Hablar de Jesús. • Hablar de ÉL como el único que quita el pecado del mundo y que sólo cuando vivamos la novedad y la plenitud del mensaje de Jesús seremos capaces de ir construyendo un mundo nuevo.. • Y hablar de Jesús con fuerza, sin miedo, con total convicción de que somos portadores de un mensaje de vida y esperanza. Pero no siempre ha sido así. La Iglesia, en largas etapas de la historia, y también hoy, preocupada por ser aceptada, por ser escuchada y no recibir humillaciones y maltratos; deseosa de intervenir en los asuntos del mundo, unas veces buscando poder y reconocimiento y otras con la buena intención de ayudar a resolver los graves problemas de la sociedad ha hablado demasiado de sus propias opiniones, de su visión del mundo y de las cosas, pretendiendo que su criterio es el mejor porque es la Iglesia de Jesús, y se ha olvidado de hablar de Jesús y de su mensaje. Hemos de invitar a poner los ojos en Jesús, ayudar a que sea mejor conocido y más amado. En esta misión que hemos de llevar a cabo, no podemos olvidar que nuestras palabras tienen que ir acompañadas de la coherencia de nuestra vida para poder decir con la misma fuerza que Juan el Bautista: ÉSTE ES.

 

 

 

 

Evangelio del día 15 de Enero – Tiempo ordinario ciclo B
Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (3,7-14):

Como dice el Espíritu Santo: «Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis el corazón, como cuando la rebelión, cuando la prueba del desierto, donde me pusieron a prueba vuestros padres y me tentaron, a pesar de haber visto mis obras durante cuarenta años; por eso me indigné contra aquella generación, y dije: “Siempre tienen el corazón extraviado; no han conocido mis caminos, por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso.”» ¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo. Animaos, por el contrario, los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy», para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado. En efecto, somos partícipes de Cristo, si conservamos firme hasta el final la actitud del principio.

Palabra de Dios
Salmo
Sal 94,6-7.8-9.10-11

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.» R/.

«Durante cuarenta años aquella generación me asqueó,
y dije: “Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”» R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

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