Evangelio del día 13 de Enero – Tiempo ordinario Ciclo B [Guión para la eucaristía]

Evangelio del día

Evangelio del día

Evangelio del día 13 de Enero – Tiempo ordinario Ciclo B
Martes, 13 de enero de 2015
Semana 1ª durante el año
Feria – Verde
Hebreos 2, 5-12 / Marcos 1, 21-28
Salmo responsorial Sal 8, 2ab. 5-9
R/. “¡Pusiste a tu Hijo sobre la obra de tus manos!”

Santoral:
San Hilario, Santa Yvette
y Beato Hildemaro

A eso de caer y volver a levantarte

A eso de caer y volver a levantarte.
De fracasar y volver a comenzar.
De seguir un camino y tener que torcerlo.
De encontrar el dolor y tener que afrontarlo.
A eso no le llames adversidad,
Llámale sabiduría.

A eso de sentir la mano de DIOS
Y saberte impotente.
De fijarte una meta y tener que seguir otra.
De huir de una prueba y tener que encararla.
De planear un vuelo y tener que recortarlo.
De aspirar y no poder, de querer y no saber,
De avanzar y no llegar.
A eso no le llames castigo,
Llámale enseñanza.

A eso de pasar días juntos radiantes.
Días felices y días tristes.
Días de soledad y días de compañía.
A eso no le llames rutina,
Llámale experiencia.

A eso de que tus ojos miren
Y tus oídos oigan.
Y tu cerebro funcione y tus manos trabajen.
Y tu alma irradie, y tu sensibilidad sienta.
Y tu corazón ame.
A eso no le llames poder humano,
Llámale milagro divino…

Liturgia – Lecturas del día

Lunes, 12 de Enero de 2015

Dios nos ha hablado por medio de su Hijo

Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
Él es el resplandor de su gloria
y la impronta de su ser.
Él sostiene el universo con su Palabra poderosa,
y después de realizar la purificación de los pecados,
se sentó a la derecha del trono de Dios
en lo más alto del cielo.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles,
cuanto incomparablemente mayor que el de ellos
es el Nombre que recibió en herencia.

¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:
“Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy”?

¿Y de qué ángel dijo:
“Yo seré un padre para él
y él será para mí un hijo”?

Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice:
“Que todos los ángeles de Dios lo adoren”.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSO
RIAL 96, 1. 2b. 6. 7c. 9

R. ¡Adoren al Señor todos sus ángeles!

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
La Justicia y el Derecho son la base de su trono. R.

Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Todos los dioses se postran ante Él. R.

Porque Tú, Señor, eres el Altísimo:
estás por encima de toda la tierra,
mucho más alto que todos los dioses. R.

EVANGELIO

Conviértanse y crean en la Buena Noticia

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
1, 14-20

Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse .y crean en la Buena Noticia».
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Palabra del Señor.

Reflexión

Heb. 1, 1-6. Dios habló a nuestros antepasados por medio de los profetas, los cuales no tenían una visión completa, sino fragmentaria del mismo Dios, pues, según el pensamiento judío, la revelación del Señor la habían recibido por medio de los ángeles; incluso Moisés así habría recibido la Ley de Dios. Sin embargo los que no escucharon la voz de los profetas frustraron, en su propio daño, el plan de Dios. Ahora en este momento final Dios nos ha hablado por medio del Hijo. Ojalá escuchemos hoy su voz y no endurezcamos ante Él nuestro corazón. Nosotros hemos de ser los primeros en hacer nuestra la Palabra de Dios para que se inicie en nosotros una nueva creación convirtiéndonos en hijos en el Hijo. Entonces la Iglesia, que somos nosotros, continuaremos siendo esa Palabra de amor y de salvación, que Dios sigue pronunciando a través de la historia para que todos puedan alcanzar en Él la glorificación, que le corresponde como a Hijo único de Dios. No nos conformemos con adorar al Hijo de Dios; sepamos escucharlo y hacer nuestro su Evangelio para que, dando testimonio de lo que hemos experimentado acerca del Hijo de Dios, por nuestro medio todos puedan encontrar el camino que les conduzca a Dios.

Sal. 97 (96). Dios es el Creador de todo. Él ha venido como poderoso Salvador nuestro para liberarnos de la esclavitud al pecado y a la muerte. Él se ha levantado victorioso sobre la serpiente antigua, o Satanás. Por eso nos hemos de alegrar en el Señor, y hemos de vivir pregonando su justicia desde una vida recta. Muchas veces, por desgracia, nos hemos creado falsos dioses y les hemos entregado nuestro corazón. Así, hemos pensado que nuestra paz, nuestra seguridad y nuestra plena realización se basarían en cosas pasajeras, o en vernos protegidos por amuletos, o en la acumulación de bienes pasajeros. No faltará quien, incluso, haya centrado su seguridad en verse protegido por los poderosos de este mundo. Sin embargo lo pasajero puede, finalmente, dejarnos con las manos vacías y nuestra fe y esperanza derrumbadas. Sólo el Señor, nuestro Dios, es digno de crédito. Él jamás abandona ni defrauda a los que en Él confían. Sin embargo aceptar vivir confiados en Él nos ha de llevar a vivir conforme a su Palabra, a ser rectos de corazón, a proceder en la justicia y el derecho, pues no podemos decir que confiamos en el Señor mientras no vayamos, realmente tras las huellas de amor, de santidad, de justicia y de paz que Dios nos ha marcado por medio de su Hijo Jesús, Señor y Rey nuestro, que ha venido a nosotros para convertirse en el Camino que nos conduzca al Padre, y a nuestra plena realización en Él.

Mc. 1, 14-20. Juan ha sido entregado. Jesús entregará su vida por nosotros; nadie se la quita, Él la entrega porque quiere y porque nos ama. Se retira a Galilea, desde donde subirá a Jerusalén, y de ahí a su glorificación a la diestra del Padre Dios. Toda su vida será un amor convertido en servicio, hecho cercanía a nosotros. Él conoce nuestros pecados y lo frágil de nuestra naturaleza; pero jamás ha dejado de amarnos. Él continúa llamándonos constantemente al arrepentimiento, pues su Reino debe anidar en nuestros corazones. No ha venido a buscarnos sólo para que de un modo esporádico estemos con Él. Él nos quiere tras sus huellas, hasta que lleguemos, junto con Él, a la Gloria del Padre. Se acerca a nosotros en nuestra propia realidad, pues desde ella hemos de darle una respuesta, y colaborar en la construcción de su Reino entre nosotros. A los que estaban pescando les indica que serán pescadores de hombres. A los que remiendan las redes los llama para que vayan con Él y colaboren en la restauración de la naturaleza que ha sido deteriorada por el pecado. Dios no nos separará de nuestras actividades diarias; sin embargo hemos de dar testimonio de Él, siendo constructores de su Reino, que es justicia y paz; y siendo constructores de una vida cada vez más fraterna, brotada del amor, en los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra existencia. Así, sin esclavitudes a lo pasajero, podremos decir que realmente vamos tras las huellas de Cristo trabajando para ganar a todos para Él, hasta que juntos y unidos a Él lleguemos a la posesión de la Gloria que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre.
El Señor nos ha llamado, pasando junto a nosotros, para que colaboremos en su proyecto de salvación. Él ha bajado hasta nuestras galileas, hasta nuestros dolores, sufrimientos, angustias, pobrezas y vejaciones. Él ha llegado hasta nosotros, porque nos ama y porque quiere anunciarnos la buena noticia del amor de Dios por nosotros. Él nos quiere santos, como Él es Santo, para que podamos permanecer con Él eternamente. Y para eso no sólo nos manifiesta su voluntad mediante su Palabra salvadora, sino que entrega su vida para el perdón de nuestros pecados, y para darnos nueva vida mediante su gloriosa resurrección y la participación de su Espíritu Santo. Este es el Misterio de comunión con el Señor que no sólo estamos celebrando, sino en el que participamos haciendo nuestra la vida y la misión del Hijo de Dios, convertido en el Verbo encarnado y redentor. Si en verdad lo amamos vayamos tras sus huellas, y colaboremos para hacer llegar su salvación hasta el último rincón de la tierra.
Reconocemos que somos pecadores. Somos la Iglesia de Dios, que peregrina hacia la Patria eterna. Iglesia siempre necesitada de conversión y del perdón de Dios. Amados por Él; perdonados en su Hijo; llenos de su Espíritu Santo. No sólo hemos de ir tras las huellas de Cristo para llegar a ser santos como Dios es Santo. El seguimiento del Señor nos ha de identificar cada día más con Él, haciendo que su Palabra tome carne en nosotros; pero al mismo tiempo procurando convertirnos en testigos del amor del Padre en cualquier circunstancia en que se desarrolle nuestra vida, pues es ahí donde hemos de hacer un fuerte llamado a la conversión, de tal forma que seamos constructores de un mundo más justo, más en paz, más solidario y más fraterno. No podemos trabajar por la salvación de nuestro prójimo y continuar con las redes de maldad en nuestra mano. No podemos decir que realmente creemos en Cristo cuando continuamos destruyendo a nuestro prójimo, o cuando nosotros mismos nos convertimos en ocasión de pecado para él. Dios no sólo nos llama hijos suyos, sino que nos tiene como hijos suyos en verdad. Vivamos con lealtad ese amor que el Padre Dios nos ha tenido, de tal forma que, por medio de su Iglesia, su Hijo continúe hablando a toda la humanidad para caminar, junto con ella, a la posesión de los bienes definitivos.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber ir tras las huellas de Cristo para convertirnos en auténticos testigos suyos y poder, con nuestro ejemplo, colaborar para que todos encuentren en Cristo la paz, el perdón de los pecados y la salvación eterna. Amén.

Homiliacatolica.com

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