Evangelio del 10 de julio

Evangelio del día

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Evangelio del 10 de julio
Génesis 46, 1-7. 28-30 / Mateo 10, 16-23
Salmo Responsorial Sal 36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40
R/. “La salvación de los justos viene del Señor”

Santoral:
San Cristóbal, Santos Antonio Nguyen Quynh
y Pedro Nguyen Khac, Beato Pacífico
y Mártires de Damasco

Ahora sí que puedo morir,
porque he vuelto a ver tu rostro

Lectura del libro del Génesis
46, 1-7. 28-30

Israel partió hacia Egipto llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Dios dijo a Israel en una visión nocturna: «¡Jacob, Jacob!»
Él respondió: «Aquí estoy».
Dios continuó: «Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. Yo bajaré contigo a Egipto, y después Yo mismo te haré volver; y las manos de José cerrarán tus ojos».
Cuando Jacob salió de Berseba, los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para trasladarlos. Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia -sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas- porque él había llevado consigo a todos sus descendientes.
Israel hizo que Judá se le adelantara y fuera a ver a José, para anunciarle su llegada a Gosen. Cuando llegaron a la región de Gosen, José hizo enganchar su carruaje y subió hasta allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas éste apareció ante él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato, abrazado a su padre. Entonces Israel dijo a José: «Ahora sí que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40

R.
La salvación de los justos viene del Señor.

Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y Él colmará los deseos de tu corazón. R.

El Señor se preocupa de los buenos,
y su herencia permanecerá para siempre;
no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados. R.

Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.
Los impíos serán aniquilados.
y su descendencia quedará extirpada. R.

La salvación de los justos viene del Señor,
Él es su refugio en el momento del peligro;,
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en Él. R.

EVANGELIO

No serán ustedes que hablarán,
sino el Espíritu de su Padre

a
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
10, 16-23

Jesús dijo a sus apóstoles:
Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.

Palabra del Señor.

Reflexión

Gen. 46, 1-7. 28-30. De alguna u otra forma Dios revela a sus siervos los secretos de su voluntad.
Jacob, después de escuchar a Dios en una visión nocturna, se encamina hacia Egipto donde, tanto él como los suyos, podrán escapar de la muerte provocada por el hambre que se cernía en toda aquella región por falta de alimentos.
Al paso del tiempo Dios también le cumplirá a Jacob y a su descendencia la promesa de retornar y tomar posesión de la tierra prometida.
Saber escuchar a Dios; dejarse guiar por Él; serle fieles en todo, son las grandes enseñanzas dejadas a nosotros por nuestros antiguos padres. Volvamos a ellos nuestra mirada, tengamos en cuenta cómo culminaron su vida e imitemos su fe.
Como ellos, ante el llamado de Dios, ante la misión que nos encomiende, digamos llenos de fe y confianza: Aquí estoy, señor, dispuesto a escuchar tu voz, a hacer tu voluntad; envíame.

Sal. 37 (36). Como que quien ha puesto su confianza en Dios pareciese convertirse en la persona más perseguida tanto por los hombres como por las fuerzas contrarias a Dios. El Maligno trata de acabar con aquellos que confían en el Señor.
Permanecerle fieles al Señor, aún en las grandes pruebas, nos da la seguridad de no ir tras de nuestros sueños personales, sino tras las huellas de Cristo que, precediéndonos con su Cruz, ha entrado a sentarse a la diestra de la Gloria del Padre Dios. Y ese es el camino del creyente. Por eso: Dichosos cuando nos persigan, cuando tengamos que sufrir por Cristo, cuando pasemos hambre por socorrer a los necesitados, cuando nos maldigan por ser justos, porque el Reino de Dios es nuestro, ya que la historia ha dejado claro que los Profetas siempre han sido perseguidos.

Mt. 10, 16-23. Resuenan en nuestros oídos aquellas palabras de Jesús: Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos.
A pesar de que se venga el mismo infierno en contra nuestra, no podemos dejar de proclamar el Evangelio para la conversión y el perdón de los pecados. No podemos hacer acomodos de la Palabra de Dios para evitar que esa Palabra descubra la putrefacción que hay en muchos corazones, pues sólo así podrá iniciarse el camino hacia la Salud interior venida de Dios.
No poder ir alardeando de un poder humano, sino que hemos de ir con la sencillez de quien se siente amado por Dios e impulsado por su Espíritu; la prudencia en la proclamación del Evangelio no significa cobardía, sino el no dar motivo para que, por incongruencias con nuestra fe, o por hablar interpretando equivocadamente la Palabra del Señor, nos pudiésemos convertir en cómplices de sufrir la consecuencias de un anuncio de palabras meramente humanas y no venidas del Espíritu de Dios.
Si es por Cristo y por nuestra fidelidad a su Evangelio, dichosos nosotros, pues de nosotros es el Reino de los Cielos.
En esta Eucaristía Dios nos hace partícipes de su Vida y de su Espíritu. No podemos recibir estos dones de Dios para después ocultarlos detrás de nuestras cobardías, y dar la impresión de pasar por el mundo como si no conociésemos ni creyésemos en Dios.
Vivir en comunión con Cristo nos hace portadores de su amor y, al mismo tiempo, nos lleva a aceptar de modo anticipado, todas las consecuencias que nos vengan por creer en Él.
La participación en el Misterio Pascual de Cristo hace nuestra su Misión; nuestra vocación mira a proclamar el Evangelio del Señor como signos suyos en medio de nuestros hermanos. Sólo así podremos decir que ha llegado a realizarse la verdadera comunión entre Cristo y nosotros y, como un compromiso de amor salvífico, entre nosotros y nuestro prójimo.
Hay muchas situaciones difíciles que tendremos que enfrentar en nuestro diario testimonio de la fe que profesamos en Cristo: Burlas, persecuciones, marginaciones, desempleo, pérdida de amigos, e, incluso, falta de comprensión de nuestros mismos familiares.
Creer en Cristo no es algo que nos deje en paz, con una paz confundida con la ausencia de guerra; creer en Cristo no puede dejarnos en paz mientras el amor, la paz, la misericordia, la capacidad de compartir lo nuestro con los necesitados, no sea realidad entre todos los pueblos.
Tal vez trabajamos por una aparente utopía, por algo inalcanzable; sin embargo los edificios más altos se van formando de materiales que poco a poco se van sumando a la construcción. ¿Qué hemos aportado nosotros para que haya una convivencia más fraterna en nuestro mundo? ¿Qué valores y virtudes hemos impulsado desde el ambiente donde se desarrolla nuestra vida?
Ojalá y que al acercarnos a quienes sufren, a quienes viven en la soledad y abandono, a quienes vagan sin sentido a causa de traiciones, maldades o vicios, pudieran ellos sentir, desde nosotros, el amor de Cristo y pudieran, como Jacob, exclamar: Ya puedo morir tranquilo, pues te he visto y sé que vives, que das vida, que no das muerte.
Personas de esa raza son las que necesita el mundo para volver a caminar en la paz y disfrutar la vida tan anhelada por todos.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser constantes en el testimonio valiente de nuestra fe; sólo así seremos en verdad portadores de Cristo con todo su poder salvador para que llegue a todos y transforme su vida y podamos, así, caminar no sólo hacia un progreso externo, sino hacia la madurez verdadera de la persona, hasta que logre su perfección en Cristo. Amén.

Homiliacatolica.com

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