Domingo de la Santísima Trinidad [Vídeo]

Santísima Trinidad Miguel Redondo

Domingo de la Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD/CICLO A

 

DIOS AMA ESTE MUNDO

 

El evangelista Juan nos invita a acoger a Jesús como el «mejor regalo» que Dios ha hecho al mundo.

Jesús hablando con un maestro judío, llamado Nicodemo, pronuncia unas palabras que resumen de manera grandiosa todo el misterio que se encierra en Él: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna».

¿Qué podemos sentir, al escuchar estas palabras, los hombres y mujeres de hoy, atraídos por todo bienestar inmediato y tan escépticos ante promesas lejanas de vida eterna? ¿Qué nos puede decir el amor de Dios en una sociedad llena de intereses, objetivos y luchas tan contrarios al amor?

Las palabras de Jesús destacan lo inmenso y universal del amor de Dios. No podía ser de otra manera. Dios ha amado tanto al «mundo», no sólo a Israel, a la Iglesia, a los cristianos… que ha enviado a su Hijo, no para «condenar», sino para «salvar», no para destruir, sino para dar vida eterna. El mundo existe, evoluciona y progresa bajo la mirada amorosa de Dios.

Para saber algo de ese Misterio de Amor que sostiene el mundo, el mejor camino es el mismo Jesús. Acercándonos al Hijo, podemos ver, palpar e intuir cómo es el Padre con todos sus hijos. Viéndolo actuar, podemos captar cómo es el Espíritu que anima a Dios. Todos los gestos, símbolos, palabras, doctrinas, objetivos y estrategias del cristianismo han de nacer, alimentarse y reflejar ese misterio del Amor de Dios al mundo entero. Si no es así, la religión se encerrará en sí misma; el anuncio cristiano perderá en buena parte su significado más auténtico; incluso se inventarán prácticas, costumbres y estilos de vivir muy alejados de la verdad cristiana original.

 

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO DE LA STIMA. TRINIDAD/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 34,4b-6. 8-9 
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él proclamando:
– Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.
Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo:
– Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz, dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En este texto, sacado del Libro del Éxodo, se nos presenta a Moisés subiendo al monte para encontrarse con el Señor, pero es Dios quien sale al encuentro de Moisés. Dios siempre toma la iniciativa y hace que el hombre suba para descender Él a su encuentro. Cuando se va al encuentro de Dios hay que ascender en la vida, sin cansancio, sin equipaje, sin seguridades materiales.

Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.
 

  • Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
    bendito tu nombre santo y glorioso. R:
  • Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
    Bendito eres sobre el trono de tu reino. R:
  • Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines,
    sondeas los abismos.
    Bendito eres en la bóveda del cielo. R:

2ª LECTURA

 

Lectura de la 2ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13,11-13 
Hermanos:
Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso santo.
Os saludan todos los fieles. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros. Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

San Pablo les pide a los fieles de Corinto que estén alegres y animados, que tengan unidad de sentimientos y vivan en paz y así Dios estará con ellos. Termina este texto con una de las oraciones litúrgicas más notables de las que hacen referencia a la Trinidad y que definen los dones de cada una de las personas divinas.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 3,16-18 
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
– Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

Sabemos, por el Nuevo Testamento, que Dios se ha comunicado con nosotros como Padre que nos quiere; como Hijo que nos revela al Padre y nos traza el camino de la salvación; como Espíritu que nos da la fuerza que necesitamos y nos comunica el significado de la revelación en cada tiempo y en cada situación. Cuando nos relacionamos con Dios, lo determinante no son los conceptos, sino la experiencia que tenemos de Él, que se traduce en las convicciones que guían nuestra vida.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

EL CRISTIANO ANTE DIOS

No siempre se nos hace fácil a los cristianos relacionarnos de manera concreta y viva con el misterio de Dios confesado como Trinidad.

¿Cómo vivir ante el Padre? Jesús nos enseña dos actitudes básicas. En primer lugar, una confianza total. El Padre es bueno. Nos quiere sin fin. Nada le importa más que nuestro bien. Podemos confiar en Él sin miedos, recelos, cálculos o estrategias. Vivir es confiar en el Amor como misterio último de todo. En segundo lugar, una docilidad incondicional. Es bueno vivir atentos a la voluntad de ese Padre, pues sólo quiere una vida más digna para todos. No hay una manera de vivir más sana y acertada. Esta es la motivación secreta de quien vive ante el misterio de la realidad desde la fe en un Dios Padre.

¿Qué es vivir con el Hijo de Dios encarnado? En primer lugar, seguir a Jesús: conocerlo, creerle, sintonizar con él, aprender a vivir siguiendo sus pasos. Mirar la vida como la miraba Él; tratar a las personas como Él las trataba; sembrar signos de bondad y de libertad creadora como hacía Él. Vivir haciendo la vida más humana. Así vive Dios cuando se encarna. Para un cristiano no hay otro modo de vivir más apasionante. En segundo lugar, colaborar en el Proyecto de Dios que Jesús pone en marcha siguiendo la voluntad del Padre. No podemos permanecer pasivos. A los que lloran Dios los quiere ver riendo, a los que tienen hambre los quiere ver comiendo. Hemos de continuar las cosas para que la vida sea vida para todos. Este Proyecto que Jesús llama “reino de Dios” es el marco, la orientación y el horizonte que se nos propone desde el misterio último de Dios para hacer la vida más humana.

¿Qué es vivir animados por el Espíritu Santo? En primer lugar, vivir animados por el amor. Así se desprende de toda la trayectoria de Jesús. Lo esencial es vivirlo todo con amor y desde el amor. Nada hay más importante. El amor es la fuerza que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. Es el amor el que nos salva de tantas torpezas, errores y miserias. Por último, quien vive “ungido por el Espíritu de Dios” se siente enviado de manera especial a anunciar a los pobres la Buena Noticia. Su vida tiene fuerza liberadora para los cautivos, pone luz en quienes viven ciegos: es un regalo para quienes se sienten desgraciados.

 

 

 

Domingo de la Santísima Trinidad (B)

Antífona de Entrada

Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso.

Se dice “Gloria”.

Oración Colecta

Oremos:
Dios, Padre todopoderoso, que al enviar al mundo el Verbo de la verdad y el Espíritu de la santidad revelaste a los seres humanos tu admirable misterio; concédenos profesar la fe verdadera, reconocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar la unidad de su majestad omnipotente.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

El Señor es el Dios del cielo y de la tierra, y no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34.39-40

En aquellos días, habló moisés al pueblo diciendo:
“Pregunta, si no, a los tiempos pasados que te ha precedido, desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan grande, o se ha oído algo semejante desde un extremo a otro del cielo? ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con vida? ¿Ha ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate, con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas, como hizo por ustedes el Señor su Dios en Egipto ante sus propios ojos?
Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro. Observa sus leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 32, 4-5.6 y 9.18-19.20 y 22

Aclamen, justos, al Señor.

La palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor llena la tierra.
Aclamen, justos, al Señor.

La palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, todas sus estrellas. Pues él lo dijo y se hizo todo, él lo mandó y así fue.
Aclamen, justos, al Señor.

El Señor se fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Aclamen, justos, al Señor.

Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
Aclamen, justos, al Señor.

Segunda Lectura

Ustedes han recibido un espíritu de hijos en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Pues bien, ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: Padre.
Ese mismo Espíritu se une al nuestro para juntos dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, siempre y cuando ahora padezcamos con él, para ser luego glorificados con él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá.
Aleluya.

Evangelio

Bauticen a las naciones en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado. Jesús se acercó y se dirigió a ellos con estas palabras:
“Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautízenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice “Credo”.

Oración de los Fieles

Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, a Dios, Padre entrañable, que por Jesucristo nos ha revelado su amor y que escucha complacido los gemidos inefables con que el Espíritu intercede por nosotros:
(Respondemos a cada petición: Te rogamos que nos escuches).

Para que Dios Padre, Creador todopoderoso del universo, lleve al mundo a su plenitud y haga nacer aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva que nos ha prometido, en la que la humanidad entera encontrará la felicidad y podrá contemplar su rostro glorioso, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que el Hijo Unigénito de Dios, que se hizo hombre para desposarse con la Iglesia, infunda en ella un amor semejante al suyo, como corresponde a su condición de esposa amada, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que el Espíritu del Señor, que enriquece al mundo con sus dones, sea padre para los pobres, consuelo para los tristes, salud para los enfermos y fuerza para los decaídos, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Para que los que conocemos el misterio de la vida íntima de Dios, uno en tres Personas, tengamos celo para anunciarlo a quienes lo desconocen, a fin de que también ellos encuentren gozo y descanso en Dios, que se nos ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.

Celebrante:
Dios Altísimo, que has querido que en las aguas del bautismo llegáramos a ser hijos en tu Hijo único; escucha al Espíritu que nos hace clamar “Padre” y haz que, obedientes al mandato de tu Hijo, seamos anunciadores de la salvación que ofreces a todos los pueblos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Por la invocación de tu santo nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos, y transfórmanos por ellos en ofrenda perenne a tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio

El misterio de la Santísima Trinidad

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor: no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza.
Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo
afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en dignidad.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:

Antífona de la Comunión

Como son hijos, Dios envió a sus corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Padre!

Oración después de la Comunión

Oremos:
Al confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna y en su unidad indivisible, concédenos, Señor y Dios nuestro, encontrar la salud del alma y del cuerpo en el sacramento que hemos recibido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

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