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La gallinita roja
Publicado por Anonymous el 10/6/2016 (26843 lecturas)
La historia de la Gallinita roja

Érase una vez, un cordero, un gato, un cerdo y una gallinita roja vivían en una granja vieja en una colina florida que se rodeaba de huertas de trigo dorado. Un día, la gallinita roja encontró unos granos de trigo esparcidos por el corral. — ¡Miren lo que he encontrado! —les dijo a los otros animales. — ¿Quién me ayudará a sembrar este trigo?

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. Sabía que las semillas necesitaban agua para crecer. ¿Quién me ayudará a regar estas semillas? – preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. La gallinita roja regó la tierra y esperó pacientemente para que el trigo creciera. Cuando el trigo estuvo alto y dorado, sabía que estaba listo para cortar. — ¿Quién me ayudará a cortar el trigo? — preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. Pronto la canasta de la gallinita roja estaba llena de trigo. — ¿Quién me ayudará a llevar el trigo al molino para molerlo a harina?—preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. El molinero simpático molió el trigo a harina fina y suave, y la gallinita roja volvió con un gran saco basto. — ¿Quién me ayudará a hacer pan con esta harina? —preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. La gallinita roja mezcló la harina en una masa pegajosa y la amasó en una barra suave. — ¿Quién me ayudará a poner este pan en el horno? —preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo no! —dijo el cordero.
— ¡Yo no! —dijo el gato.
— ¡Yo no! —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo sola —dijo la gallinita roja. Así lo hizo. La cocina se llenó de la aroma deliciosa del pan que se estaba horneando, y los otros animales vinieron a ver lo que estaba pasando. La gallineta roja sacó el pan caliente del horno, y lo puso sobre la mesa. — ¿Quién me ayudará a comer este pan sabroso y fresco? — preguntó la gallinita roja.

— ¡Yo! —dijo el cordero.
— ¡Yo! —dijo el gato.
— ¡Yo! —dijo el cerdo.

—No —dijo la gallinita roja. —No me ayudaron a sembrarlo, ni regarlo, ni cortarlo, ni molerlo ni hornearlo. ¡Lo comeré yo sola! — Y así lo hizo.

— ¡Vaya! —dijo el cordero.
— ¡Dios mío! —dijo el gato.
— ¡Vaya, Dios mío! —dijo el cerdo.

La próxima vez que la gallinita roja encontró unos granos de trigo, el cordero los sembró en la tierra rica, el gato los regó con cuidado cada día, y el cerdo cortó el trigo cuando estaba alto y fuerte. Cuando terminaron de hornear la masa, los animales prepararon chocolate caliente y comieron el pan fresco y caliente. ¡Era delicioso! Y los animales vivieron felices para siempre, cooperando y ayudándose cada día.

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