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Carta de un anciano a sus cuidadores
Publicado por Admin el 16/7/2017 (180 lecturas)
Cuando me miras ¿Qué ves?
¿ves a un hombre enfermo sin ganas de vivir?
¿Qué piensas cuando me ves?
¿Ves a un anciano, un poco torpe
con hábitos despreciable y mirada lejana
al que la comida simplemente le cae en la boca
y no responde a nada?
Ustedes todavía siguen tratando de que coma
y dicen en voz alta ¡Al menos inténtalo y pruébala!
Alguien que pierde su calcetín y sus zapatos
quien queriendo o sin querer les deja realizar su trabajo conmigo
Un viejo que extiende sus horas de baño y de comida
solo para acortar la duración de sus días
¿Es eso en lo que piensan cuando me ven?
Abran los ojos y véanme bien enfermeros…
No me están mirando a mi
Yo les diré quién verdaderamente soy.
Soy un bebé recién nacido
a quien su madre le da de comer.
Soy un niño de 10 años con padre, madre,
hermanos y hermanas que se quieren mucho.
Soy un adolescente de 16 años con mucha energía
quien sueña con encontrar en los próximos años la mujer de su vida.
Un novio de 20 años con el corazón latente por su dama,
que a los 24 años ya se ha casado con esa persona especial.
Soy un joven padre que cría a sus hijos.
Ya con 30 años y mis pequeños han crecido rápido,
pero hago lo posible por pasar ratos con ellos
para cultivar una relación que ha de durar mucho.
A mis 40, ellos ya son pre adultos y siguen creciendo,
unos ya se fueron de la casa, otros también se casarán,
pero a mi lado siempre estará mi querida esposa.
Con 50 años vuelvo a tener un bebé en mis brazos,
la alegría de ser abuelo es incomparable.
Los niños juegan en mis piernas y se divierten.

Pero días tristes vuelven a tocarme,
Mi amada esposa fallece.
Miraba al futuro con miedo y escalofríos.
Mis hijos hicieron su vida,
los nietos también lo han hecho,
entonces pienso en los años que ha pasado,
en aquel momento que conocí el amor.
Hoy soy un viejo sin fuerzas,
la naturaleza es muy cruel y no perdona.
Todos te miran con desprecio
como si fueran un inepto inservible.
Las fuerzas se van, la gracia desaparece,
te vuelves un puro cascaron,
aunque el joven introvertido todavía viva dentro.
Me acuerdo de las alegrías… del dolor,
Amo… vivo la vida de nuevo,
Pienso en los años, en lo rápida que se van,
entonces acepto la dura realidad,
Nada es para siempre.
Por eso enfermeros, les pido que abran los ojos.
No vean al anciano colérico,
acérquense más, un poco más,
¡Véanme a mí, al verdadero yo!


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