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El derecho del que poco se habla: el derecho a amar
Publicado por Admin el 18/8/2009 (1476 lecturas)
(Por: Nieves Garc?a, Mujer Nueva, 2003-07-25)

Hoy se habla tanto de Derechos humanos... Juli?n Huxley, director de la UNESCO, le pregunt? en 1947 a Gandhi su opini?n sobre la Declaraci?n Universal de los derechos humanos que entonces estaba preparando una comisi?n, y que posteriormente ser?a puesta a consideraci?n de la reci?n fundada Asamblea general de la ONU; y en una carta muy breve del 25 de mayo de ese mismo a?o, viajando en tren a Nueva Delhi, Gandhi le contest?:

?...Los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido .....Con esta declaraci?n fundamental quiz?s sea f?cil definir los deberes del hombre y de la mujer y relacionar todos los derechos con alg?n deber correspondiente que ha de cumplirse primero . Todo otro derecho ser? una usurpaci?n por la que no merecer? a pena luchar.? 1

Los hombres y las mujeres que han marcado la Historia de la humanidad, antes de dar discursos, vivieron una a una las ideas que llevaban en el coraz?n.

Mohandas Karamchand Gandhi fue un joven inteligente, capaz, que estudi? la carrera de leyes en Inglaterra; tanto su mujer como ?l pertenec?an a una casta elevada de la India. Fue el ?nico hombre en el mundo que consigui? derrotar realmente el Imperio ingl?s, oblig?ndole a abandonar una de las colonias m?s ricas que pose?a, la India, sin que hubiera mediado una guerra de independencia. Su lema no era de palabras, era su vida: la no violencia, la conquista de su propio coraz?n primero.

En la magistral pel?cula de Richard Attenborough, en la que se relata su vida, y que en 1982 gan? 8 Oscar, hay una escena muy interesante de recordar. Gandhi, joven todav?a, se encuentra en la comuna en la que comienza a vivir del trabajo de sus manos, y en un momento dado discute con su mujer porque ella se niega a lavar las letrinas comunes. Trata de explicarle algo muy profundo:

?Tenemos que hacerlo nosotros, con nuestras propias manos, para formar nuestro coraz?n. Ning?n hombre es superior a otro, y si yo lo creo as?, yo tengo que servir a los dem?s como lo har?a conmigo mismo, es mi deber de hombre.?

Mahatma Gandhi primero habl? y vivi? deberes, y despu?s habl? y exigi? derechos.

Todos coincidimos en el deseo de que se respeten los Derechos Humanos o mejor llamados Derechos Fundamentales de la persona. Pero basta dar una ojeada al mundo del Derecho Internacional para ver que existen numerosas y encontradas opiniones acerca de la fundamentaci?n de los Derechos Fundamentales.

En principio hay cuatro grandes teor?as; quienes los fundamentan en la existencia de una naturaleza humana, com?n a todos los hombres y nos da una dignidad particular; pero tambi?n est?n los que piensan que la base que sostiene estos derechos proviene de las necesidades sociales y la capacidad de satisfacerlas, de este modo, es el propio desarrollo social el que en definitiva otorga los derechos a las personas y no un concepto de naturaleza humana que puede ser a todas luces discutible. Una tercera corriente piensa que el fundamento de estos derechos es axiol?gico-valorativo, son, en definitiva, exigencias derivadas de la idea de dignidad humana que merecen ser respetadas y garantizadas por el poder pol?tico y el derecho. Su idea central es que estos derechos encuentran su fundamento no en el derecho (nos referimos al derecho positivo) sino en la moral. Y finalmente destaca quienes como Bobbio insisten en que hablar sobre la fundamentaci?n de los derechos humanos no depende de algo objetivo, sino del consenso al que intersubjetivamente se llegue.

Si no estamos de acuerdo, ni siquiera en el porqu? profundo que los sustenta, ser? dif?cil validar su defensa universalmente.

Quiz?s habr? que volver a escuchar las palabras sabias de ese hombrecillo de baja estura, que cruzando a pie la India para llegar a las salinas, con un bast?n de ca?a en la mano, primero vivi? sus deberes de hombre, y despu?s, solo despu?s y en consecuencia, pidi? que se exigieran unos Derechos para proteger el deber que libremente asumi? de amar al otro, y de respetar al otro, fuera ingl?s, musulm?n o hind?.

Para exigir un derecho, primero hay que haber cumplido antes con el deber del que emana. As? el deber de conservar y desarrollar la vida, fundamenta la pretensi?n de que los dem?s respeten su vida e integridad personal; el deber de procurarse los medios para la subsistencia fundamenta la pretensi?n de libertad para trabajar; el deber de buscar la verdad y actuar conforme a ella, fundamenta la pretensi?n de tener libertad de expresi?n y de actuaci?n para obrar conforme a ella. El deber de tener descendencia fundamenta el derecho al matrimonio. Estas pretensiones de ?mbitos de libertad, fundadas en los deberes naturales son los derechos que la persona puede exigir.

Pero hay un deber universal que da sentido a la vida humana, tanto del hombre como de la mujer; que es el fin que debe de orientar el uso de su inteligencia, que atrae o deber?a de atraer su voluntad. El deber de vivir para amar, para donarse con desinter?s al otro. Y para defender este deber, se puede y debe exigir el Derecho a servir al otro. No est? escrito en los c?digos de derecho internacional, porque lo m?s valioso del amor es que nace de la libertad interior. Nadie me puede obligar a amar, pero nadie me lo puede impedir: ni las leyes positivas, ni las c?rceles, ni siquiera la violencia f?sica.

Si cada hombre o mujer exigiera este derecho, el derecho a amar desinteresadamente, creo que muchos de los males de nuestra sociedad como la violencia, la depresi?n, la ansiedad, la soledad...bajar?an de las p?ginas de estad?sticas, y quedar?an arrinconados.

Si no podemos cambiar todo el mundo, siempre podemos comenzar a cambiar al menos el propio coraz?n. Si hubo un hombre sencillo, que lo hizo, exigiendo primero el derecho a darse al otro, con desinter?s. ?Por qu? yo no? ?Por qu? no hoy?

ngarcia@mujernueva.org

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