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LAS MANCHAS DE LA LUNA
Publicado por Anonymous el 5/10/2014 (19472 lecturas)
En lo profundo del bosque habitaban cuatro animales: un conejo, un mono, un chacal y una nutria. Se quer?an mucho, se ayudaban en todo lo que pod?an y, por ello, viv?an muy felices. Eran tambi?n muy piadosos y, cada vez que hab?a luna llena, los cuatro animales guardaban un d?a de ayuno pues as? lo estipulaban los preceptos de su religi?n.

-Recuerden que mañana es luna llena les dijo el conejo- y que no podemos comer nada. -¿Y si llegara un peregrino y nos pidiera algo de comer? - pregunto intranquila la nutria-. ¿Como podriamos cumplir al mismo tiempo el precepto del ayuno y el de la hospitalidad?

Los cuatro animales se pusieron a pensar hasta que el conejo encontro la solucion: -Mañana, antes de que salga el sol, iremos a buscar el alimento diario, pero no lo comeremos, sino que lo guardaremos bien por si llega algun peregrino o caminante. Asi acordaron hacerlo y se fueron a descansar tranquilos.

Al amanecer del dia siguiente iniciaron su jornada: la nutria se zambullo en el rio y al cabo de un rato, habia pescado cinco peces que brillaban al sol. Los guardo en un buen sitio e inicio su jornada de ayuno y oraciones. El mono se subio a un arbol cargado de fruta y recogio la suficiente para agasajar al posible caminante que pasara por all?. Hecho esto, inici? su meditaci?n. Tambi?n el chacal cumpli? bien con su tarea: se acerc? sigilosamente a un pescador que estaba en la orilla del r?o y le arrebat? la merienda que su mujer le hab?a preparado. S?lo el conejo inici? sus oraciones sin buscar alimento alguno. Y sucedi? que el dios de los animales quiso comprobar la fe de sus criaturas y, disfrazado de peregrino, se present? en el claro del bosque que habitaban los cuatro animales. El primero en notar su presencia fue el mono, a quien el menor ruido sol?a distraer cuando se encontraba en oraci?n.

Sali? a su encuentro y le dijo: -Amigo caminante, hoy es nuestro d?a de ayuno, pero tengo unas frutas frescas y jugosas que recog? para ti. Te ruego que aceptes mi hospitalidad. El dios de los animales qued? gratamente sorprendido. Despu?s, fingiendo que iba al r?o a lavarse las manos, se acerc? a la nutria y le dijo: -Amiga nutria, vengo de muy lejos y llevo casi dos d?as sin probar bocado. ¿No tendrias algo que ofrecer a este pobre peregrino? La nutria le ofrecio gustosa los cinco peces que habia pescado en la mañana. Mientras se acercaba al lugar del chacal, el dios de los animales iba admirando su devocion ya que cumpl?an a la perfeccion el precepto del ayuno sin romper para nada el precepto de la hospitalidad. Tambien el chacal le ofrecio la merienda que le hab?a arrebatado al pescador y le invito a comer.

Solo le faltaba comprobar la devocion del conejo y sin poder imaginar que le podria brindar, el dios de los animales se acerc? a su madriguera. Como estaba absorto en su meditaci?n, el dios de los animales tuvo que gritar para que advirtiera su presencia: -Hermano conejo, ?no tendr?s algo de comer para este pobre peregrino hambriento?

-Por supuesto que si le contesto el conejo-, te dare un buen trozo de carne fresca con la que podras saciar tu hambre. Enciende una fogata y cuando las brasas estan listas, yo te traer? la carne. El dios de los animales reunia ramas y palos e hizo lo que le hab?a pedido el conejo. Por mucho que pensaba y pensaba, no pod?a imaginar de d?nde iba a conseguir el conejo la carne. Cuando la brasa estaba en su punto, apareci? el conejo y se arroj? al fuego dici?ndole al peregrino: -La carne que quiero ofrecerte es mi propio cuerpo, pues s? que a los hombres les encanta comer conejo asado. Alim?ntate conmigo y sigue reconfortado tu camino.

Fue entonces cuando el dios de los animales, conmovido ante tanta generosidad, retom? su verdadera apariencia y se transform? en un hermoso joven que brillaba como si estuviera hecho de luz. Tom? entonces las cenizas en que se hab?a convertido el conejo y volando por encima de bosques y monta?as, lleg? hasta la luna y deposit? las cenizas en su cara inmensa y p?lida. -Deseo �??dijo el dios de los animales- que siempre que haya luna llena, todo el mundo recuerde la historia del conejo y no olvide nunca que la generosidad m?s sublime no consiste en dar cosas sino en ser capaz de darse para el bien de los dem?s. Por ello, desde ese d?a, siempre que hay luna llena puede verse en sus manchas la imagen de un conejo. (Leyenda budista)


La prueba sublime del amor no consiste tanto en dar cosas, sino en darse. �?�Nadie tiene m?s amor que el que est? dispuesto a dar la vida por sus amigos�?�, nos ense?? y demostr? Jes?s. Dar la vida en el d?a a d?a, en la atenci?n amable m?s all? del cansancio, en el respeto a pesar de la violencia, en la lucha contra el pesimismo y la desesperanza Ser educador es gastarse en el servicio a los dem?s.

El quehacer del genuino maestro es misi?n y no simplemente profesi?n. Implica no s?lo dedicar horas sino dedicar alma. Exige no s?lo ocupaci?n, sino vocaci?n; habilidades para dar clases y sobre todo, disposici?n y habilidades para darse. Siempre que mires la luna llena y veas en ella la imagen de un conejo, recuerda que Dios la puso all? para recordarte tu misi?n de educador. El mismo es el perfecto servidor, que nos est? sirviendo en todo:

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