La montaña donde Abraham pensaba sacrificar a Isaac es donde se construyó el templo de Jerusalén, significa que el templo es Jesús que hará el sacrificio para salvarnos, y darnos el cielo, como nos enseña con su Transfiguración (Domingo 2ª de cuaresma, 2009-B).

El Génesis (22) nos cuenta la prueba de Abraham que iba a ofrecer a su hijo único Isaac sobre uno de los montes, como solían hacer los antiguos a sus dioses: llevó el fuego y el cuchillo, recogió Isaac la leña y levantaron un altar, Isaac se dejó atar y entonces el ángel del Señor le hizo ver a Abraham que no quería sacrificios humanos, y se llevaron una gran alegría, habían terminado esas religiones antiguas violentas y Dios hacía ver que Él era un Padre que no quería la muerte sino la vida. Vieron un carnero enredado por los cuernos en la maleza y lo ofrecieron en sacrificio. En la noche de Pascua se lee también este trozo, porque Jesús es el cordero que se ofrece por amor.

El domingo pasado veíamos el pacto de Dios con Noé, y hoy vemos el pacto (alianza) con Abraham, nos dice que la vida humana no ha de ser sacrificada por nada, tiene un valor sagrado por pequeña o insignificante que pueda parecer la criatura. Entonces, Dios misericordioso agradeció la fe de Abraham que creía que si ofrecía a su hijo resucitaría, pues Dios le había hecho la promesa de que sería padre de un pueblo tan numeroso como las estrellas del cielo y las arenas del mar, y piensa que con el sacrificio de su hijo Jesús todos podrán ser hijos de Dios y salvarse, que lo sucedido en aquel monte Moria (donde se construyó el templo de Jerusalén) es un símbolo de lo que sucedería más tarde cuando Jesús se edifica como Templo nuestro, y al lado, en el monte Calvario, se ofrecerá por amor (Isaac lleva sobre sus hombros el haz de leña y Jesús llevará sobre los suyos la cruz). La obediencia de Abraham y la confianza de Isaac significan el Amor de Dios Padre y de Jesús que hace su voluntad hasta el sacrificio de la cruz. «Dios proveerá», le dice Abraham a su hijo, y así cosas malas como el dolor y la muerte, que Dios no quiere y que son consecuencia

del pecado, en Jesús se transforman en luz y amor, en cielo. La cruz destruye el mal y ha abierto un camino de salvación.

Abraham es nuestro padre en la fe, él creyó en Dios y es modelo a imitar. ¿Cuáles son mis modelos? Nadal en tenis, Raúl o Messi en fútbol… son personas de buen carácter, pero Abraham, Moisés… son modelos que saben escuchar a Dios y nos llevan a Jesús, el único modelo, que comienza la religión del amor, que es el sentido de la vida.

Cuentan de un rey que encargó a sus dos hijos que construyeran un castillo como quisieran hacerlo, que tomaran de las arcas reales el dinero necesario para ello. Uno lo hizo muy bien, con buenos arquitectos y estando encima de los albañiles para darles indicaciones y que no perdieran el tiempo… El otro se dedicó a malgastar el dinero y no seguía las obras del edificio, pensó “para mi padre lo peor”… Al final, hechos ya los dos castillos, el padre les dijo: “quería haceros un regalo y que os construyerais un castillo a vuestro gusto, tomad el castillo que habéis hecho como mi regalo para que viváis allí”. El que lo había hecho bien, se alegró, pero el que lo hizo mal, pensó: “¡Qué pena, ahora tendré que aguantar ese desastre de casa toda la vida!”. Pues así nuestra vida para siempre será como nos portemos en esta vida, como construyamos el edificio de nuestra santidad, si lo hacemos bien o mal… no vayamos a construir un castillo tan flojo que parezca de papel, en el que no estemos a gusto…

Cuando vas de excursión, comienzas por ver las gallinas y demás aves de corral que no vuelan porque de tanto comer y no volar se les encogieron las alas. Al pasar los pueblos, en los bosques comienzan a verse gorriones que vuelan pero poco trozo, con una escopeta los puedes seguir de árbol en árbol y matar… luego en las montañas están las águilas, que vuelan altísimo… que no seamos gallinas y sepamos volar alto, como las águilas. Y para esto hemos de aprovechar esta cuaresma que es un tiempo de conversión, y ofrecer sacrificios para no engancharnos con lo malo, como en el Señor de los Anillos se ve cuando uno se pone el anillo: tiene poder pero es esclavo del mal. Gollum se hizo malo de tanto llevar el anillo, él significa también el poder de la

conciencia, siempre habla consigo mismo de lo que ha hecho; y cuando le tratan bien se vuelve bueno… pero le falta voluntad. Por eso hemos de tener voluntad, con sacrificios, sobre todo los que ayudan a los demás que es el que a Dios más le gusta: -Procura ser amable con las personas con quienes convivas. -Haz un esfuerzo por dialogar en familia sobre aquellos asuntos que te preocupan. –Con los amigos, haz las paces enseguida, sonriendo y tomándote menos en serio, pues una broma evita la discusión. -Recorta las horas de televisión y juegos, para hacer un poco de oración. -Haz alguna lectura que te ayude a mejorar. -Controla tus apetitos: chuches, dulces, refrescos y sé más libre. -Lucha contra el mal humor y la tristeza (cuando te enfades sin saber por qué, ríete y pide al Señor que te ponga de buen humor). Saborea lo bello de la vida. -Presta mayor atención a las personas que a las cosas. -Mira a tu alrededor para ver quién te necesita, y actúa en consecuencia. -Controla tus gastos superfluos (caprichos, chucherías,…), y ayuda con ese dinero a alguien que lo necesite. -Mejora en el trabajo, pues es un sacrifico que te pone contento, haber hecho lo que debías. -Cuida la naturaleza, como don de Dios, y evita todo desorden. -Evita la crítica negativa; procura ver lo bueno que hay en los demás. -Fomenta la paz a tu alrededor. Prescinde de enfados, violencias, malos modales, groserías, insultos… -Di la verdad, habla claro, sin mentiras ni hipocresías. -Aprende de tu Dios, que perdona siempre y a todos. -Y pídele perdón a Él y a quien hayas ofendido, y serás más feliz. -Haz un propósito concreto para mejorar cada día, como un entrenamiento para ganar una batalla que Jesús te pide. -Comer de todo. -No chinchar. -Hacer todo sin rechistar.

El Salmo nos dice que con estos sacrificios ofrecidos por amor estaremos siempre contentos: “caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida”. San Pablo dice que “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”: que no nos preocupe nada, que nuestro Padre es todopoderoso y quiere nuestro bien y nos mandó a “Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros”. Los hombres siempre andamos exigiéndonos “pruebas de

amor”, y Quien es capaz de morir por nosotros tiene derecho a nuestra confianza.

El Evangelio nos cuenta que “Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador… Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías… salió una voz de la nube: -Este es mi Hijo amado; escuchadlo… Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”. Pedro quiere hacer una acampada, pero aquí lo bueno dura poco, continuará en el cielo, y Dios no quiere tanto casas como que le hagamos sitio, pues donde quiere vivir es en nuestro corazón. Este éxtasis era para enseñar que después del sufrimiento y la muerte se llega al cielo. Los montes de Jesús son lugares importantes, pues cuesta subir a la montaña, hacer un sacrificio: son los montes de la oración, de la tentación, de su gran predicación, de la transfiguración, de la angustia, de la cruz y, de la ascensión. Vamos a caminar con Jesús en el desierto de la cuaresma, y haremos con él oración, y le ofreceremos sacrificios a Dios, y serviremos mejor a los demás.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *