¿CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

¿Qué ideal proponer a los hombres de hoy,

que esté por encima o más allá de ellos,

sino la reconquista por el conocimiento de la nada

que ellos mismos han descubierto?


Jacques Monod

Lección inaugural o… vomitona.

Por lo general, y aunque a veces parezco un cuervo graznando, no suelo dar mayor importancia a lo que sucede en el mundo, porque creo que todo está bajo la dirección y control de Dios; si suceden muchas injusticia y desastres, sé que están bajo la mente y la potencia de Dios. Es por eso que pienso (y creo que acierto) arriesgándome a las críticas más acerbas, que todo lo que pasa tiene su razón y su causalidad, que no es de ningún modo casualidad.

Ahora se dice, que en la nueva enseñanza en España se van a proveer vestuarios, para que chicos y chicas “revueltillos” tengan ocasión de “desarrollar” una sexualidad “libre”, que los chicos jueguen con muñecas y creo que, lógicamente las chicas, con pistolas y tanques. Sería cosa de reír, si no fuera el asunto tan lúgubre y siniestro.

La permisión por Dios de todo este enjambre desaforado y estridente de despropósitos, tiene como objeto demostrar que el ser humano dejado a su onda, deriva necesaria e irremediablemente en la anarquía del pensamiento, y de la sociedad después.

A Dios se le despide como a criado innecesario, y seguidamente se pretende que él avale nuestras erradísimas decisiones, voluntarias o no. Al final, siempre ocurre lo que históricamente se ha demostrado. La ruina de los pueblos tanto moral como socialmente, siendo al final presos y víctimas de su misma baladronada de despropósitos y truhanerías petulantes.

Jacques Monod en su libro “Le hasard et la nécessité » (El azar y la necesidad) comete un error de bulto, y no hace falta que ninguna religión ni filósofo lo refute (que lo hace); el sentido común, cuando rige en el hombre, entiende bien que si se hace abstracción de lo natural y humano, se va inexorablemente a la destrucción. La fe de Cristo se puede declinar por cualquiera, pero no por eso deja de ser la verdad. Yo puedo decir que no creo en la teoría del átomo, pero no por eso es falsa, como ha demostrado para mal en una bomba terrible, y para bien en las centrales nucleares que nos proporcionan energía.

El mandamiento y la norma, tienen base y fundamento firme y benéfico. Ya está sobradamente demostrado a lo largo de la historia. Los aparentes fallos que se le atribuyen solo son extremismos de hombres, y no la flaqueza de la ley de Dios. La prueba es que todos la invocan cuando se trata de demostrar algo de importancia y entidad. El amor al prójimo, la mansedumbre, la justicia, la verdad, etc. son valores comprobados. ¡Tanto se habla hoy de igualdad y pacifismo!

Creo que no digo nada extraño si digo que la decencia, la amistad, el decoro, la delicadeza femenina y la caballerosidad varonil, son algo que la inmensa mayoría de los españoles querrían ver formadas en sus hijos. Por supuesto que ha de haber libertad, pero si no se les enseñan valores sólidos y se les deja que ellos vayan haciendo seguimiento a sus instintos y caprichos (que hasta se promueven oficialmente) desembocaremos en una sociedad ayuna de valores, y con hijos e hijas que solo conocen y valoran lo que satisface a sus instintos más bajos. El catálogo es siniestro. Ya vamos viendo claramente; nadie se engañe.

La Escritura Santa dice claramente: Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. (Romanos 1: 28 al 32).

No me canso de mencionar este horripilante, pero realista catálogo de lo que hace milenios se hacía y ahora se trata de imitar. Si alguien dice que la sociedad mundial no está enferma, está poniendo en solfa lo que la revelación de Dios enseña. Y no deseo, por ahora, ir más lejos.

Rafael Ángel Marañón

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