Domingo V de Pascua

Biblia y rosarios

DOMINGO 5° DE PASCUA
Hechos 14, 21b-27 / Apocalípsis 21, 1-5a
/ Juan 13, 31-33a. 34-35
Salmo Responsorial, Sal 144, 8-13a
R/. “Bendeciré tu Nombre eternamente,
Dios mío, el único Rey”

Santoral:
San Pedro Chanel, San Luis María,
Santa Teodora, San Dídimo,
San Vital y Santa Valeria

LECTURAS DEL DOMINGO 28 DE ABRIL DE 2013

DOMINGO QUINTO DE PASCUA

Contaron a la Iglesia todo lo que Dios había hecho con el/os.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
14, 21b-27

Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.
En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.
A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 144, 8-13a

R. Bendeciré tu Nombre eternamente,
Dios mío, el único Rey.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder. R.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre. R.

Dios secará todas sus lágrimas

Lectura del libro del Apocalipsis
21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la carpa de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Les doy un mandamiento nuevo:
ámense unos a otros

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
13, 31-33a. 34-35

Durante la Última Cena, después que Judas salió, Jesús dijo:
Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en Él.
Si Dios ha sido glorificado en Él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.
Hijos míos
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como Yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.
En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros.

Palabra del Señor.

Reflexión

LA SEÑAL DEL CRISTIANO: UN AMOR REDENTOR
1.- La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis como yo os he amado. El amor, sin más, no es la señal del cristiano: hay amor de amigos, amor de padres, amor sexual, amor de compasión, amor político, amor animal, amor humano, etc. Dos personas pueden amarse mucho, sin ser, ni querer ser, cristianos. La señal del cristiano es un amor que quiere ser como fue el amor de Cristo: un amor que destruyó el pecado, que superó el sufrimiento, que venció a la muerte, un amor redentor. Todos los días repetimos los cristianos: por la señal de la santa cruz, pero es necesario que entendamos bien esto. Cristo no nos salvó por lo mucho que sufrió en la cruz, ni por lo mucho que sufrió en su lucha contra el mal y contra los malos; Cristo nos salvó por el mucho amor que puso en su lucha contra el mal, el pecado y la muerte. Lo que nos redimió no fue el sufrimiento y la cruz, por sí mismos; lo que nos salvó fue el amor redentor de Cristo. Sólo por amor aceptó Cristo el sufrimiento y la cruz. Si nosotros sufrimos y padecemos mucho luchando contra el mal y el pecado, pero no lo hacemos con amor cristiano, no somos auténticos discípulos de Cristo. No queremos decir que las personas que padecen y sufren luchando contra el mal, sin referencia a Cristo, hagan mal; de ninguna manera. Luchar contra el mal siempre es bueno, pero no siempre es señal de ser buenos cristianos. A lo largo de la historia ha habido muchísimas personas que se han distinguido por su amor a los demás, aunque no hayan profesado ninguna religión. Han sido personas admirables, en muchos casos, pero si no se amaron, ni pretendieron amarse, con el amor de Cristo, no podemos llamarlos, estrictamente, discípulos suyos. Lo que nos hace discípulos de Cristo no es el amor, sin más, sino el amor de Cristo, un amor que busca la salvación y la redención de todas aquellas personas que necesitan ser salvadas y redimidas de cualquier clase de opresión y muerte. Por eso el amor cristiano es siempre un amor a los más necesitados. En este sentido nos dice hoy Cristo en su evangelio que la señal del cristiano es un amor semejante al suyo: un amor redentor.
2.- Diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Pablo y Bernabé fueron dos maravillosos predicadores del evangelio de Jesús; los dos tuvieron que sufrir muchísimo para llevar a cabo la misión que el Señor les había encomendado. Ahora, en este texto, les dicen ellos a los otros discípulos que no se desanimen ante las dificultades que tienen para llevar a cabo su misión evangelizadora. La cruz acompañó a Cristo en su camino hacia el Padre; la cruz seguirá siempre acompañando a los auténticos discípulos de Cristo. El que quiera seguir a Cristo que tome su cruz y le siga, pero que la lleven siempre con amor y por amor, como el mismo Cristo la llevó. Los cristianos tenemos que ponernos al servicio de Dios, al estilo de Cristo, para que Dios por medio de nosotros siga manifestando su amor al mundo. Sabemos que para realizar bien nuestra misión tendremos que sufrir mucho, pero sabemos también que, si aceptamos este sufrimiento con amor cristiano, Dios puede hacer cosas grandes por medio de nosotros.
3.- Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Y escuché una voz potente que decía desde el trono: esta es la morada de Dios con los hombres, acampará entre ellos. Hacia este cielo nuevo y hacia esta tierra nueva caminamos los cristianos: hacia una tierra donde pueda acampar nuestro Dios. Queremos vivir en un mundo donde Dios pueda vivir entre nosotros, bendiciendo nuestro trabajo y nuestros esfuerzos. El mundo en el que vivimos ahora no nos gusta, porque no es un mundo gobernado por el amor de Dios, por un amor redentor, sino gobernado por un egoísmo humano que lleva a la desesperación y a la muerte a millones de personas inocentes. En este mundo nuestro, en esta tierra nuestra, no puede acampar nuestro Dios; caminemos hacia un cielo nuevo y hacia una tierra nueva que sí pueda ser morada de Dios, reino de Dios, como quería nuestro Señor Jesucristo. Que sea el amor, un amor redentor, el que dirija nuestros pasos.

Gabriel González del Estal
www.betania.es

LA FRATERNIDAD ESTÁ POR ESTRENAR
1. – La televisión, los periódicos y la radio se nos meten en casa. Se nos sientan a la mesa. Toman café con nosotros en la sala de estar. No nos dejan ni a sol ni a sombra y con su pegajosa cercanía van molestando nuestra manera de pensar y de actuar. Pueden ser muy buenos amigos o muy traicioneros, según quienes los manejen. También Jesús nos habla hoy de medios de comunicación social. De las imágenes que impresionarán al mundo, de lo que entrando por la retina de los ojos llegará a dominar el corazón y el poder de actuación de los hombres. No sabe uno si habla de televisión o de radio, porque era un rudo carpintero que no entendía de nada de eso o todo lo contrario, porque siendo infinitamente sabio como Dios, sabía que nada influye tanto en nosotros como la persona hecha ejemplo o imagen.
2. – Jesús mismo es imagen de Dios. Comunicación de todo el saber de Dios y ha venido al mundo a comunicarnos todo lo que Él sabe de Dios. Ha venido a ser noticia. Y lo ha hecho a través de su Ser de Hombre: imagen visible del Dios invisible. Y para comunicarnos lo que era Dios, el Hijo de Dios se hizo Hombre. Se metió en nuestra casa. Comió y bebió con nosotros. Convivió y compartió todo con nosotros. Y no nos dejó ni a sol no a sombra, ni nos dejará nunca: “Estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”.
Jesús sabe que no hay persona más influyente que la que vive y convive con nosotros. Y Jesús nos dice: “vosotros vais a ser noticia, vosotros vais a ser la imagen influyente de Dios, si os amáis unos a otros”. El mundo sabrá que Dios es amor al ver que vosotros sois amor. Vuestra imagen llena de bondad y de amor sacrificado será la mejor propaganda de mi doctrina. Seréis el televisor más claro, la onda de radio más convincente.
3. – Y el Señor llama a su Mandamiento Nuevo. Sí nuevo, porque lo que es viejo como el mundo es el odio, el egoísmo, las guerras. Viejo como el mundo es la lucha de clases, todo eso son retales viejos y apolillados que no sirven para nada.
Lo que está por estrenar es la fraternidad, no la de los políticos sino la verdadera. Esa fraternidad en la que cada uno se siente querido y atendido como hermano, no la fraternidad del que dice que quiere a todos como hermanos, no. La fraternidad de los que sienten de verdad que son queridos y tenidos como hermanos.
Porque tú puedes sentir y pensar que todos son tus hermanos, pero ese sentir tuyo todavía no le ha llegado al hermano. Es él el que aún no se siente tenido y querido por hermano. Hay que dárselo a sentir.
Lo nuevo es saber apostarlo todo por los demás. Es tener Fe en que:
—Amando se triunfa.
—Amando se llega a tener razón.
—Amando se enseña las lecciones más difíciles.
—Amando se saca a flote a una persona que naufraga.
** Lo nuevo sería llegar a que en cada ideario de cualquier partido político lo primero que se afirmase es que tan hermanos son los “nuestros” que los de la oposición. Y que hay que buscar el bien de todos a costa de cualquier sacrificio.
** Lo nuevo sería que en la ONU el principio fundamental fuese que el más insignificante de los hombres tiene derecho a vivir como hombre, querido y respetado por los demás. Y que a ese principio se sacrificasen intereses y fronteras. Entonces sí comenzaría un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva. Todo esto está por estrenar.
Al menos nosotros, apostémoslo todo al amor a los demás y si nos equivocamos más vale equivocarse amando que odiando y matando.

José María Maruri, SJ
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¿IGLESIA ACCIDENTADA O ENFERMA?
Lo señala la primera lectura de este domingo; Pablo y Bernabé animaban a aquellas primitivas comunidades cristianas y, entre otras cosas, les recordaban que creer en Jesús no siempre iba a ser algo dulce al paladar. Tal vez, Pablo, intuía que en el horizonte de la naciente Iglesia la fortaleza de los cristianos y su valentía a la hora de profesar la fe iban a ser determinante para que el mensaje del cristianismo siguiese adelante.
1.- Hoy, esta lección, sigue estando de total actualidad en el marco en el que nos encontramos. La Iglesia, una y otra vez, está siendo sometida a un constante examen ¿Es fiel al Señor? ¿Es reflejo del Evangelio? Si San Pablo apareciese entre nosotros nos recordaría de nuevo aquello que, en la primera lectura, acabamos de escuchar: “hay que pasar mucho”. “El que algo quiere algo le cuesta” (dice un viejo refrán). La vida cristiana, tesoro escondido y perla preciosa para millones de personas, ha de tener una consecuencia: el testimonio vivo y convencido de lo que somos. El amor, como distintivo o la confianza en Dios, como seguridad, han de ser –entre otros muchos– los apoyos o muletas para perseverar y morir como lo que somos: cristianos. El Papa Francisco, recientemente afirmaba: “Prefiero una Iglesia accidentada (en referencia a su encuentro con el mundo) a una Iglesia enferma (aquella que se cierra en sí misma)”.
2.- ¿Hay que pasar mucho? Tampoco es cuestión de exagerar. Nos cuesta ser signo de contradicción. Si comparásemos un poco la situación un tanto light en la que vivimos muchos católicos con aquella otra, radical y nítida, de los primeros cristianos, comprenderíamos que no es tanto lo que estamos sufriendo por nuestra fe (por lo menos en la mayoría de los países). La Iglesia, desde el mismo momento de su nacimiento, ha estado y lo sigue estando, sujeta a una constante purificación (y eso es bueno). Siglos después, con tantos acontecimientos y contradicciones, con luchas y pesares, con persecuciones o aplausos, seguimos apostando por Aquel en el que están puestas nuestras esperanzas y por el que, muchos de nosotros, ponemos la cara: Cristo.
¿Hay que pasar mucho? ¡Lo suficiente y justo! Defendiendo, sin temor ni temblor, nuestros ideales cristianos. Ofreciendo buenas obras y desparramando lo mejor de nosotros mismos, aún a riesgo de ser tildados de débiles o necios.
¿Hay que pasar mucho? ¡Claro que sí! No renunciando a lo que es esencial en nuestra fe y en nuestra identidad como cristianos. No somos ninguna “ONG”. Nuestro resorte y sustento está en Cristo que, entre otras muchas más cosas, es fuente de la bondad y del bien que realizamos en pro de los demás.
¿Hay que aguantar? ¡Claro está! La fe no se impone pero, tampoco, se renuncia a ella a la primera de cambio. No ha sido nunca fácil creer y, en los tiempos que vivimos donde todo se relativiza y hasta se trata a Dios de “tú”, se hace necesario un volver a las fuentes de la fe. A interrogarnos sobre si, nuestra vida cristiana, es algo real o solamente un maniquí que no sirve para nada, ni dice nada a nadie porque no existe como tal.
Que el Señor, en este tiempo de la Santa Pascua, nos ayude a descubrir la razón y el motor de nuestra fe: su Resurrección. Cerrarnos en nuestros prejuicios, en si los tiempos pasados fueron mejores o peores…sólo nos llevará a una parálisis en nuestra acción evangelizadora.

Javier Leoz
www.betania.es

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