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27 de Julio – Soy una persona mayor – Evangelio Tiempo ordinario

Viernes, 27 de julio de 2012
Semana 16ª durante el año
Jeremías 3, 14-17 / Mateo 13, 18-23
Salmo responsorial Jer 31, l0-12b. 13
R/. “El Señor nos cuidará como un pastor”

Santoral:
Santa Natalia, San Aurelio,
Beato Sebastián de Aparicio
y Beato Tito Brandsman

Soy una persona mayor

Constantemente se critica a las personas
mayores por no adaptarse al mundo moderno.
Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos
por todo lo que hemos hecho y no culpamos
a nadie por ello.

No obstante, después de una profunda
meditación, nos gustaría señalar que,
a pesar de haber llevado
el pelo largo, de haber realizado
una revolución sexual, de habernos
revelado contra los llamados
valores tradicionales y de
haber bailado con Los Beatles
y los Rolling Stones.
En efecto, soy una persona mayor.
Pero…

No fuimos nosotros los que eliminamos:
-La melodía de la música,
-El talento y el ingenio de las creaciones
artísticas,
-La buena voz a la hora de cantar,
-El orgullo por nuestra apariencia exterior,
-La cortesía al conducir,
-El romance en las relaciones amorosas,
-El compromiso de la pareja,
-La responsabilidad de la paternidad,
-La unión de la familia,
-El aprendizaje y gusto por la cultura,
-El sentimiento de patriotismo,
-El rechazo a la vulgaridad,

No fuimos nosotros los que eliminamos:
-La escena de la Navidad de las escuelas y ciudades,
-El comportamiento intelectual,
-El refinamiento del lenguaje,
-La dedicación a la literatura,
-La prudencia a la hora de gastar,
-La ambición por lograr ser alguien en la vida
-Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno de las
escuelas y de nuestra vida.
-Y por supuesto que no somos los que eliminamos
la paciencia y la tolerancia de nuestras relaciones
personales ni de nuestras interacciones
con los demás.

¡En efecto, ya soy una persona mayor!
Pero todavía puedo animar una fiesta…
incluso si sólo resisto hasta las 2 a.m.
Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba
de niños aunque tenga que usar un martillo.
Todavía me acuerdo de llegar a mi casa…
aunque deba llevar un mapa conmigo.
Todavía duermo como un bebé en las noches…
aunque al otro día el cuerpo demore en permitir
que me levante.

¡En efecto, soy una persona mayor!
Pero todavía puedo reírme de las críticas…
aunque a veces no pueda oírlo que dicen de mí.
Todavía soy muy bueno contando historias…
aunque las repita varias veces.
Pero no creas que me he vuelto peleador,
cascarrabias ni intransigente…

Simplemente que tengo edad para decir:
que hay cosas que ya no me gustan…
ya no me gusta la congestión de tráfico,
ni las muchedumbres,
ni la música alta,
ni los niños gritones,
ni los perros que ladran,
ni los políticos
ni tantas otras cosas
que ahora no recuerdo.

¡Y seguir disfrutando
de mi vida a tope, seguir bailando
con Los Beatles y los Rolling Stones!.
No obstante, ahora no recuerdo
quién demonios me envío esto.
Tal vez se lo vuelva a enviar
a esa persona que me lo envió.

Sólo las personas mayores pueden
entender esto de estar enviando
mensajes y chistes pesados
por correo electrónico todos los días.

Ahora me asalta la duda…
¿Ya les habré mandado esto?
Bueno, por si acaso, voy a volver
a enviárselos para estar seguro
de que les llegará.
Es sólo una muestra de que
¡pienso en Uds.!

Liturgia – Lecturas del día

Viernes, 27 de Julio de 2012

Les daré pastores según mi corazón.
Todas las naciones se reunirán en Jerusalén

Lectura del libro de Jeremías
3, 14-17

¡Vuelvan, hijos apóstatas -oráculo del Señor- porque Yo soy el dueño de ustedes! Yo los tomaré, a uno de una ciudad ya dos de una familia, y los conduciré a Sión. Después les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia. y cuando ustedes se hayan multiplicado y fructificado en el país, en aquellos días -oráculo del Señor- ya no se hablará más del Arca de la Alianza del Señor, ni se pensará más en ella; no se la recordará, ni se la echará de menos, ni se la volverá a fabricar.
En aquel tiempo, se llamará a Jerusalén “Trono del Señor”; todas las naciones se reunirán en ella, y ya no seguirán más los impulsos de su corazón obstinado y perverso.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Jer 31, l0-12b. 13

R. El Señor nos cuidará como un pastor

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño». R.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
Yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

EVANGELIO

El que escucha la Palabra y la comprende produce fruto

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
13, 18-23

Jesús dijo a sus discípulos:
Escuchen lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta enseguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.

Palabra del Señor.

Reflexión

Jer. 3, 14-17. Dios, que se dirigía a Moisés presentándosele encima del Arca de la Alianza, no sólo permaneció después en el Templo de Jerusalén, sino que ahora habita en nosotros como en un templo.
Él permanece también con nosotros en la Eucaristía, en torno a la cual se construye la Iglesia. Pero no sólo hemos de buscar al Señor para impetrar su ayuda en medio de nuestros problemas, sino para que, dejando a un lado la maldad de nuestro obstinado corazón, seamos portadores de su amor y de su gracia para el mundo entero.
El Buen Pastor se ha preocupado de nosotros y ha velado por su Iglesia. A nosotros corresponde ahora continuar su obra en el mundo. El Señor quiere darnos pastores según su corazón. Ojalá y quienes están al frente de su Iglesia nunca pierdan la conciencia de que son Pastores del Pueblo Santo de Dios y no líderes conforme a los criterios de este mundo.
Roguemos a Dios por ellos para que nunca vivan su vocación por costumbre, sino que vivan siempre en la novedad de Cristo y en la novedad de su servicio a la Iglesia, santificándose conforme a la Caridad Pastoral, que los lleve a amar y a servir amoldando su vida a los criterio de Jesucristo Buen Pastor.

Jer. 31, 10-13. Dios se manifiesta para con nosotros como un Padre, lleno de amor y de ternura para con sus hijos. Es verdad que muchas veces nos vemos sometidos a prueba, mas no por eso podemos pensar que Dios se alejó de nosotros.
Él siempre estará dispuesto a recibir a quienes vuelvan a casa, después de haber andado descarriados como ovejas sin pastor. Y Dios se alegrará por el Hijo que vuelve a casa, y hará fiesta por Él, pues hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan convertirse.
Efectivamente el Padre Dios envió a su propio Hijo para rescatarnos de la mano de nuestros enemigos, y de la de todos los que nos odian. Por eso demos a conocer a todas las naciones el Nombre del Señor, para que también ellos hagan la prueba y lleguen a experimentar lo misericordioso que es Dios para con todos.

Mt. 13, 18-23. La Palabra del Reino es Cristo. Evangelio, el Evangelio es Cristo. Evangelizar es hacer Cristo a nuestros hermanos. El cumplimiento de la Misión de la Iglesia consiste en trabajar constantemente para que Aquel que es la Palabra tome cuerpo en todas y cada una de las personas.
No basta con oír la Palabra; ni oírla y entenderla; ni siquiera oírla y aceptarla inmediatamente con alegría. Es necesario oír la Palabra, entenderla y dar fruto, y fruto en abundancia. Tal vez al principio el fruto sea demasiado exiguo; pero puestos en manos de Dios Él nos irá purificando día a día, como el viñador poda las ramas, para que demos más fruto, incluso del ciento por uno.
No seamos discípulos descuidados, que escuchen la Palabra de Dios y después, al salir de su presencia, la olviden y se vayan nuevamente tras de sus maldades.
Seamos discípulos fieles que sepan escuchar la Palabra de Dios, meditarla en su corazón y ponerla en práctica.
Entonces realmente la Palabra de Dios nos santificará y no nos juzgará ni condenará al final de nuestra vida.
El Señor vuelve a pronunciar su Palabra salvadora y santificadora sobre nosotros en esta Eucaristía. Seamos ese buen terreno en el que la Palabra de Dios no quede estéril, sino que produzca abundantes frutos de salvación.
El Señor ha vuelto a remover la tierra, la ha abonado y espera que no seamos sordos a su voz.
La Iglesia de Cristo es la Iglesia de la Palabra; de la Palabra que no sólo se pronuncia con los labios, sino con el testimonio, desde el cual Dios continúa siendo salvación para la humanidad entera.
El Señor quiere que los frutos de la Iglesia sean de los mejores. Por eso, sabiendo que somos pecadores, ha entregado su vida para nuestra purificación y nos ha dado su Espíritu Santo para que, habitando en nosotros, podamos ser como el árbol bueno que no puede producir frutos malos.
Vivamos plenamente nuestra comunión de vida con el Señor; entonces la Iglesia de Cristo seguirá siendo esa Palabra de amor que Dios continuará sembrando en el corazón de todas las personas.
Efectivamente nosotros no hemos sido llamados sólo para conocer a Cristo, y profundizar en su Evangelio para convertirnos en expositores eruditos del mismo, buscando más nuestra gloria que la Gloria de Dios.
El Señor nos quiere como sembradores de alegría, de amor, de paz. Nos quiere como la Palabra encarnada que continúa salvando a los pecadores, socorriendo a los pobres, trabajando por la justicia y dando su vida para que todos tengan Vida, y Vida en abundancia.
En la medida en que la Iglesia no se presente ante su Señor con las manos vacías, sino llevando como fruto abundante a todos aquellos que se dejen amar y salvar por Dios, y empiecen a vivir cada día con mayor perfección su compromiso de trabajar intensamente para que el Reino de Dios se haga realidad entre nosotros, en esa misma medida podrá medir tanto su fidelidad a Dios, como su capacidad de no ser estéril, pues Dios espera de nosotros una cosecha abundante de buenas obras, de tal forma que, unidos a Cristo, lleguemos a heredar, junto con Él, la vida eterna.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de convertirnos realmente en templos vivos del Espíritu Santo, de tal forma que, encarnando Él en nuestra Vida a Aquel que es la Palabra eterna del Padre, nos convierta en un signo de su amor salvador para toda la humanidad. Amén.

Homiliacatolica.com

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