12 de Septiembre – Tesoros para este día – Evangelio tiempo ordinario

Miércoles, 12 de setiembre de 2012
Semana 23ª durante el año
1 Corintios 7, 25-31 / Lucas 6, 20-26
Salmo responsorial Sal 44, 11-12. 14-17
R/. “¡Hija mía, escucha y presta atención!”

Santoral:
San Guido, Beata Victoria Fornari
y Beato Apolinar Franco

Tesoros para este día

Este es un día nuevo, así que utilízalo
para agregar nuevos tesoros a tu vida.
Tienes la bendición de este momento,
así que haz que esté lleno de valor y sentido.

No existen límites en cuanto a lo que
puedes llegar a comprender.
Este día constituye una oportunidad perfecta
para aportar aún más a tu entendimiento.

La amabilidad no te abandona cuando
la ofreces sino y de hecho, aumenta
más aún en el contexto de tu vida.
Este es un momento ideal para descubrir
nuevas maneras de canalizar tu amabilidad.

Echa una mirada atrás en dirección
a los desafíos que has estado atravesando
y recuerda cómo cada uno de ellos
ha aportado un nuevo tipo de fortaleza
a tu vida. ¿Hay algún otro nuevo desafío
lleno de sentido, que sientas que te está
apremiando, que podrías regalarte
a ti mismo en este momento?

Cada instante que pasa trae consigo la oportunidad
de descubrir y dar vida a un nuevo tesoro.
¿A cuántos de esos nuevos tesoros
vas a dar forma hoy?

Liturgia – Lecturas del día

Miércoles, 12 de Setiembre de 2012

¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella.
¿No tienes mujer? No la busques.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto
7, 25-31

Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es quedarse como está. ¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques. Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 44, 11-12. 14-17

R. ¡Hija mía, escucha y presta atención!

Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él. R.

Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían. R.

Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra. R.

EVANGELIO

¡Felices ustedes, los pobres! ¡Ay de ustedes, los ricos!

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
6, 20-26

Jesús fijando la mirada en sus discípulos, dijo:
¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados!
¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

Palabra del Señor.

Reflexión

1Cor. 7, 25-31. Algún día, finalmente, estaremos con el Señor eternamente. Entonces seremos como los ángeles de Dios, y le perteneceremos para siempre.
Pero mientras llega ese momento, seamos casados o solteros, no olvidemos que le pertenecemos al Señor.
Ciertamente la persona de fe, que está casada, permanece con el corazón dividido, pues debe amar a su cónyuge, y al mismo tiempo agradar al Señor. Sin embargo no hay obstáculo alguno para amar al Señor desde la condición matrimonial, pues ahí, de un modo concreto, se ha de convertir la persona en un signo claro y creíble del amor que Cristo tiene a su Iglesia.
La persona no casada ha renunciado al matrimonio para consagrarse totalmente al Señor. Y el Señor no quiere a esa persona sólo de rodillas en su presencia; sino que la quiere convertida en un signo de su amor salvador para toda la humanidad, de tal forma que a través de quienes se consagraron al Señor, el mundo pueda experimentar con mayor certeza que Dios nos sigue amando y nos continúa liberando de nuestras diversas esclavitudes.
Por eso vivamos cada uno nuestro compromiso con el Señor, sin olvidar nuestros compromisos familiares para que en todas partes, siendo portadores de Cristo y de su Evangelio, colaboremos para que cada día brille con mayor claridad el Rostro de Cristo como Luz para todos los pueblos.

Sal. 45 (44). El seguimiento del Señor requiere, de parte de quien se consagra a Él, el abandono de todo aquello que impida un amor único y fiel a Cristo.
Ciertamente Dios se ha prendado de nosotros, pues por pura gracia nos llamó a la vida y nos ha hecho partícipes de su Vida y de su Espíritu, y nos ha llamado para que, algún día, junto con su Hijo, participemos de la herencia que a Éste le corresponde como a Hijo unigénito del Padre.
No podemos decir que realmente hayamos aceptado vivir en una nueva y definitiva Alianza con Dios al continuar viviendo bajo el signo del pecado y de la muerte.
Todo aquel que no se convierta en un signo auténtico y creíble del amor de Dios para los demás, estará manifestando que su compromiso de fe es una veleidad, una hipocresía.
Si hoy entramos a la presencia del Señor para vivir con Él y hacer que sea nuestro único Dios y Señor mediante la Comunión y participación en su Misterio Pascual, tratemos de vivir en medio de las realidades temporales dando testimonio de que en verdad, junto con Él, trabajamos por su Reino, haciendo que el amor fraterno, la justicia social y la paz vayan anidando en el corazón de todos.

Lc. 6, 20-26. Alaba mi alma la grandeza del Señor, porque su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.
El Señor no rechaza a los ricos; Él rechaza a los soberbios de corazón y a quienes han puesto su confianza en los bienes pasajeros. Y puesto que nosotros somos fácil presa de las riquezas, que nos pueden hacer orgulloso y llevarnos a rechazar a Dios, ¡Qué difícil es que un rico se salve! es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el Reino de los cielos.
Si Jesús privilegia a los pobres, es porque ha venido a salvar lo que estaba perdido, a levantar los corazones de los oprimidos, a anunciar el Evangelio a los pobres, a manifestar que Dios ama a aquellos que los hombres desprecian.
Ojalá y las bienaventuranzas las vivamos a profundidad sabiendo que hay situaciones penosas entre nosotros que han de ser resueltas de un modo concreto.
No podemos conformarnos pensando que somos hijos de Dios cuando, estando en su presencia, lo alabamos, pero después no somos capaces de vivir conforme a sus enseñanzas.
Ojalá y al final de nuestra vida no vayan a ser nuestros los ayees y la condenación que hoy proclama el Señor para quienes sólo le dieron culto con los labios, pero no vivieron con lealtad el compromiso de su fe.
En esta Eucaristía nos encontramos disfrutando de los bienes de arriba. El Señor se ha hecho cercano a nosotros para que podamos gozar de su vida, de su paz, de su misericordia, de su bondad, de su amor.
Mediante su Misterio Pascual, cuyo memorial estamos celebrando, nosotros, muertos al pecado, escondemos nuestra vida con Cristo en Dios. Pero no la escondemos por cobardía, como queriendo apartarnos inútilmente del mundo. Ponemos nuestra vida en Dios como el campesino oculta la semilla sembrándola en su campo para que germine y produzca fruto abundante. Así nosotros, en esta Eucaristía, ponemos nuestra vida en Dios para que, fortalecidos por su Espíritu, podamos manifestarnos gloriosamente junto con Cristo, despojados del hombre viejo, renovados en el Señor y con abundancia de obras buenas
Los que hemos hecho nuestra la Vida de Dios por nuestra unión con Cristo, no podemos generar más pobreza en el mundo, sino remediarla, en la medida que esté en nuestras manos. No podemos generar más hambrientos en razón del pago injustificado del trabajo de los obreros, muchas veces marginados y desprotegidos de sus derechos más fundamentales. No podemos generar más dolor a causa de ir cegando la vida de los inocentes con tal de conservar el propio prestigio o el poder. No podemos perseguir a ninguna persona a causa de su fe en Cristo, o por no creer en Él.
El Señor nos ha enviado para convertirnos no en simples habladores, sino en testigos de su amor, de su misericordia, de su bondad, de su preocupación por los desprotegidos.
Sin embargo recordemos que, siendo testigos de Cristo, no podemos pensar que hayamos cumplido con la Misión confiada cuando se logre un mundo más justo y más fraterno; es necesario que la salvación que Dios nos ofrece llegue al corazón de las personas, compartiendo así no sólo nuestros bienes materiales, sino especialmente nuestra fe en Cristo dándole, así, mayor estabilidad a nuestro caminar como hermanos con visión de eternidad.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber dar un auténtico testimonio de nuestra fe en Cristo, su Hijo, con las obras que, acompañando nuestras palabras, manifiesten que en verdad vivimos nuestro compromiso con el Señor que nos ha puesto al servicio de todos, especialmente de los pobres, de los marginados y de los pecadores, para ayudarlos tanto a vivir con mayor dignidad, como a vivir como hijos de Dios. Amén.

Homiliacatolica.com

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