12 de Noviembre – Te daré de lo poco, Señor – Evangelio tiempo ordinario

Lunes, 12 de noviembre de 2012
Semana 32ª durante el año
Tito 1, 1-9 / Lucas 17, 1-6
Salmo responsorial Sal 23, 1-6
R/. “¡Benditos los que buscan tu rostro, Señor!”

Santoral:
San Josafat, San Emiliano, San Margarito Flores
y Santa Agustina Livia Petrantoni

Te daré de lo poco, Señor

De mi tiempo, para anunciar el Evangelio

y así, muchos, de los que me rodean,

encuentren en Ti su tesoro y su horizonte.

De mi riqueza personal,

de mi dinero y mis talentos,

mi silencio, mi trabajo y mi esfuerzo.

Te daré de lo poco, Señor.

Mi oración, a veces rápida y egoísta,

mercantilista y sustentada

en un “te doy para que me des”.

Mi confianza, a veces bajo mínimos,

y mirando volcado a lo que el mundo

irreal y caprichoso me ofrece

a un precio excesivamente bajo.

Te daré de lo poco, Señor.

Sin juzgar, quien echa o hace más.

Sin enjuiciar, a quien pone menos,

volviéndome hacia mí y , preguntándome:

¿Te has dado a ti mismo?

¿Has dado algo de lo que te cueste,

o has elegido el camino fácil y barato?

Te daré de lo poco, Señor.

Siendo espléndido, sin ser tacaño.

Considerando basura

lo que me aleja de tu riqueza.

Sabiendo que, un corazón en Ti,

es más feliz cuando no tiene

que cuando aparentemente

dice tenerlo y poseerlo todo.

Te daré de lo poco, Señor.

Sabiendo que tus ojos, Señor,

miran mis acciones y mi empeño.

Sabiendo que, tu providencia,

bendice mis caminos cuando,

las mías, se abren y empujan adelante

a tantos de mis hermanos.

Te daré de lo poco, Señor.

Porque, darte de lo que no tengo,

es ofrecerte el TODO

en el que yo me sostengo

Amén.

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

Lunes, 12 de Noviembre de 2012

Establece presbíteros, de acuerdo con mis instrucciones

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Tito
1, 1-9

Carta de Pablo, servidor de Dios y Apóstol de Jesucristo para conducir a los elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de la verdadera piedad, con la esperanza de la Vida eterna. Esta Vida ha sido prometida antes de todos los siglos por el Dios que no miente, y a su debido tiempo, Él manifestó su Palabra, mediante la proclamación de un mensaje que me fue confiado por mandato de Dios, nuestro Salvador.
A Tito, mi verdadero hijo en nuestra fe común, le deseo la gracia y la paz que proceden de Dios, el Padre, y de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones. Todos ellos deben ser irreprochables, no haberse casado sino una sola vez y tener hijos creyentes, a los que no se pueda acusar de mala conducta o rebeldía.
Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 23, 1-6

R. ¡Benditos los que buscan tu rostro, Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos, ni jura falsamente. R.

Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

EVANGELIO

Si tu hermano vuelve siete veces al día, diciendo:
«Me arrepiento», perdónalo

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
17, 1-6

Jesús dijo a sus discípulos:
«Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquél que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado!
Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo, y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo».
Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
Él respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería».

Palabra del Señor.

Reflexión

Tit. 1, 1-9. El servidor y apóstol de Jesucristo tiene una misión: conducir a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad, que es conforme a la piedad, con la esperanza de vida eterna. Por eso el que anuncia a Cristo a los demás debe ser persona probada no sólo por su fe, sino por sus obras de amor, que manifiesten la fe que dice profesar. Es en la propia persona y en la propia familia donde debe iniciarse el proceso de una auténtica conversión. El que ha sido llamado como ministro de Dios debe ejercer su autoridad no como una proyección de lo que no es capaz de vivir él mismo, sino como un camino de pastor al frente de los suyos mediante una vida ejemplar, a través de la cual conducirá a los suyos a la fe, a la verdad y a la vida eterna. Si en verdad queremos ser capaces de exhortar a los demás para conducirlos a la salvación, seamos los primeros en adherirnos a la Palabra de Dios, haciendo que tome carne en nosotros y que nos haga ser un signo auténtico de Cristo Salvador para el mundo entero.

Sal. 24 (23). Dios es el creador de todo y el que nos llama para que vivamos con Él eternamente. Nosotros podemos hacer muchos planes de trabajo para lograr la salvación, sin embargo sólo Dios es el que nos puede manifestar el camino para llegar a Él. En el Antiguo Testamento fue la Torah (la Ley) la que reveló a la humanidad la voluntad divina para que, quien la cumpliera, fuese grato al Señor. En los últimos tiempos es nuestro Dios y Padre el que nos ha revelado el único camino que nos salva, Aquel que es la plenitud de la Ley, Aquel que es la nueva ley: Cristo Jesús. Nosotros no sólo hemos de escuchar su Palabra y ponerla en práctica, sino que nos hemos de hacer uno con Él, para caminar en el amor fiel al Padre Dios y al prójimo. Efectivamente sólo caminando tras las huellas de Cristo lograremos entrar en el Templo Santo de Dios, para permanecer eternamente en la Gloria, donde nos ha precedido Cristo, Principio y cabeza de la Iglesia.

Lc. 17, 1-6. El auténtico hombre de fe en Cristo Jesús debe ser una luz que ilumine el camino de su prójimo, si anunciamos a Cristo a los demás y después llevamos una vida en contra de lo que enseñamos, en lugar de colaborar para la salvación de nuestro prójimo estaremos dándole motivos, o de que se aleje de Cristo, o de que, junto con nosotros lleve una vida de hipocresía en su fe. Ciertamente somos frágiles, pecadores. Y por eso hemos de vivir en una continua conversión no sólo pidiendo perdón a Dios y al prójimo, sino estando también nosotros dispuestos a perdonar siempre a nuestros semejantes. No basta con tener mucha fe, es necesario que la calidad de la fe que poseamos, tal vez al inicio demasiado pequeña, nos lleve a dejar que el Señor actúe en nosotros; y, desde nosotros, vaya eliminando todo obstáculo que nos impida vivir en un auténtico amor hacia Dios como a nuestro Padre, y en un auténtico amor hacia nuestro prójimo como a nuestro hermano. Procuremos ser personas con una fe auténticamente aquilatada por el Señor, de tal forma que lleguemos a esforzarnos por un mundo cada vez más libre de todo aquello que nos divide, o que nos ha hecho vivir desligando nuestra fe de nuestra existencia ordinaria.
El Señor nos reúne en este día para celebrar la Eucaristía. Nosotros hemos llegado a la fe en Cristo Jesús, pero esa fe en Él nos pone tras sus huellas. Si queremos que los demás escuchen a la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado y signo del Señor en el mundo, nosotros hemos de ser los primeros en vivir comprometidos con la Palabra que anunciamos, de lo contrario seríamos tachados de hipócritas, y seríamos ocasión de burla y desprecio para los demás; venir a la Eucaristía nos compromete a vivir en la fidelidad al Señor. No podemos buscar al Señor, para que nos muestre el camino de la salvación para quedarnos en sólo darle culto, en lugar de tomar nuestra cruz de cada día que ir tras sus huellas.
Vivimos en una comunidad de fe donde todos colaboramos a favor o en contra de la vivencia y de la madurez de la misma. Muy por encima de todos ha de estar el buen ejemplo de los pastores, como servidores a los que se les ha encomendado la Instrucción en la Palabra de Dios y la repartición del Pan de Vida. Por ello no pueden dedicarse a comer, a embriagarse y a maltratar a los demás siervos que conforman el Pueblo de Dios. Un escándalo por parte de ellos puede destruir la comunión desde sus cimientos; por eso los documentos de la Iglesia piden a los obispos que no sean ligeros ni precipitados en imponer las manos a quienes han de servir al Pueblo como pastores. Pero no sólo ellos están llamados a vivir santamente; junto con ellos toda la comunidad de creyentes ha de dar un auténtico testimonio de nuestra fidelidad a Cristo, mediante nuestras buenas obras y mediante nuestra verdadera comunión con los pastores que Dios ha puesto al frente de su pueblo.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de manifestar nuestra fe mediante nuestra fidelidad a la Palabra de Dios, hecha vida en cada uno de nosotros. Amén.

Homiliacatolica.com

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