Guión Domingo IV de Cuaresma

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Guión Domingo IV de Cuaresma

 

EL JESÚS DE LOS EXCLUÍDOS

Jesús mira al ciego de forma diferente a como lo ven los demás. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Jesús se siente llamado por Dios para defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.

El ciego descubre por vez primera la luz. Su encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Por su parte los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa o no.

El ciego curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, defiende a Jesús diciendo que es un profeta que viene de Dios.

Jesús viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.

¿Quién llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina?

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL 4º DOMINGO DE CUARESMA/A

 

1ª LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel 16,1b. 6-7. 10-13a 
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
– Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí. Cuando se presentó vio a Eliab y se dijo:
– Sin duda está ante el Señor su ungido.
Pero el Señor dijo a Samuel:
– No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:
– A ninguno de éstos ha elegido el Señor.
Preguntó, pues, Samuel a Jesé:
– ¿No quedan ya más muchachos?
Él respondió:
– Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.
Dijo entonces Samuel a Jesé:
– Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.
Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia.
Dijo el Señor:
– Levántate y úngelo, porque éste es.
Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En el texto del 1º libro de Samuel se nos narra la elección de David como rey de Israel. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre: pues el hombre mira las apariencias y Dios mira el corazón. De todos los hijos de Jesé Dios elige al pequeño, al último, en quien nadie se había fijado. Dios elige a los débiles para que resalte su bondad y y su fuerza.

Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 
R. El Señor es mi Pastor, nada me falta.
 

  • El Señor es mi Pastor, nada me falta:
    en verdes praderas me hace recostar;
    me conduce hacia fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas. R:
  • Me guía por el sendero justo,
    por el honor de su nombre.
    Aunque camine por cañadas oscuras,
    nada temo, porque tú vas conmigo:
    tu vara y tu cayado me sosiegan. R:
  • Preparas una mesa ante mí
    enfrente de mis enemigos;
    me unges la cabeza con perfume,
    y mi copa rebosa. R:
  • Tu bondad y tu misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida,
    y habitaré en la casa del Señor
    por años sin término. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,8-14 
Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz». Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

San Pablo en la carta a los Efesios tiene muy en cuenta el misterio de la salvación realizada en los cristianos por la fe en Cristo-Jesús. Por el bautismo hemos pasado a ser hijos de la luz. Esta es la realidad de los cristianos. En consecuencia, sus obras deben ser fruto de la luz y no de la oscuridad ni de las tinieblas. Y los frutos de la luz son: la bondad, la justicia, la verdad.
Quien actúa en conformidad con el Evangelio de Jesús producirá buenos frutos, porque Jesús es “luz para los hombres”. Los cristianos debemos ofrecer la luz de Cristo a todos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 9,1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: – Ve a lavarte a la piscina de Siloé. Él fue, se lavó, y volvió con vista.                                                                                         Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego y le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó:

– Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.                                              Algunos de los fariseos comentaban:                                                                  – Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.                                Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»                                                                                                                   Y lo expulsaron de la sinagoga. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:                                                                                                  – ¿Crees tú en el Hijo del hombre?                                                                       Él contestó:                                                                                                      – ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?                                                            Jesús le dijo:                                                                                                            – Lo estás viendo: el que te está hablando ése es.                                                            Él dijo:                                                                                                           – Creo, Señor.                                                                                                              Y se postró ante él.                                                                                                     Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:                                            – ¿También nosotros estamos ciegos?                                                                 Jesús les contestó:                                                                                                – Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste. Palabra del Señor.

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

En el relato evangélico se resaltan tres actitudes frente a Jesús bien diferenciadas: la hostilidad de sus enemigos que no ven en aquel milagro sino lo externo y lo espectacular,-que les irrita-, el miedo de los familiares que, reconociendo la actuación de Jesús, no tienen valor para defenderla y testificarla y la lealtad del ciego que no solamente goza de la alegría de su curación, sino que da testimonio de su salvación realizadas, ambas cosas, por Cristo-Jesús.

Jesús también puede curarnos de nuestra ceguera en que muchas veces estamos si tenemos deseo de conocer a Jesús que es nuestra luz, si nos dejamos iluminar por Él sin miedo y si queremos encontrarnos con Él. La fe es adhesión a él.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

 

EL ATEISMO DE LA INSINCERIDAD

Alguien ha dicho que el ateísmo que nos amenaza realmente en estos tiempos es «el ateísmo de la insinceridad». No nos atrevemos ya a plantearnos con seriedad las preguntas fundamentales en las que Dios nos puede salir al encuentro. Por lo general, muchos hombres y mujeres en la actualidad no tienen coraje para preguntarse de dónde vienen y a dónde van, quiénes son y qué deben hacer en el breve tiempo que va entre el nacimiento y la muerte. Estas preguntas no encuentran ya respuesta alguna. Más aún. La inmensa mayoría ni se las plantea. Son muchos los que dicen no encontrar un sentido a la vida. ¿No sería más exacto decir que han perdido la capacidad de buscar sentido a la vida?

Debajo de muchas actitudes de autosuficiencia, superficialidad o pasotismo, se esconde, con mucha frecuencia, una persona que no tiene valor para bajar con sinceridad a lo más hondo de su ser. Es más fácil buscar satisfacciones inmediatas que enfrentarse responsablemente a la vida. Más fácil instalarse cómodamente en la seguridad que aspirar a vivir sinceramente como persona hasta las últimas consecuencias. ¿No encuentra aquí una de sus raíces más profundas el ateísmo de muchos de nuestros contemporáneos? «Ser religioso significa preguntar apasionadamente por el sentido de la vida y estar abierto a una respuesta, aún cuando nos haga vacilar profundamente». La persona que ha perdido el sentido de la vida, la razón de existir, aunque sea sana psíquicamente, está espiritualmente enferma».

 

 

DOMINGO IVº DE CUARESMA Ciclo C

PREPARACIÓN:
Antes de la salida del celebrante
Hermanos, hemos llegado a la mitad de este tiempo de Cuaresma, celebrando hoy el cuarto domingo: el domingo “Laetáre” que tradicionalmente tiene un sentido especialmente festivo. Pone de relieve la alegría que proporciona la conversión. Dejémonos cautivar, ya desde ahora, por las palabras de la parábola evangélica: “Es justo que haya fiesta y alegría”.

AMBIENTACIÓN:
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial
Hoy el Señor nos manifiesta el amor infinitamente misericordioso de Dios, amor que es un verdadero misterio que supera las explicaciones de la razón; Él se compadece de nuestra miseria y su amor se hace misericordia, llamándonos a confiar en ella, en una actitud de dar el paso hacia Él; actitud que no sólo que espera, sino que Él mismo provoca. Y también nos llama a anunciar su misericordia a nuestros hermanos y a practicarla de verdad con cada uno de ellos.
1ª. LECTURA: (Jos 4, 19; 5, 10-12) (Ver texto)
Este pasaje nos relata la feliz llegada a la tierra prometida. También a nosotros el Señor quiere conducirnos a la tierra prometida de su Reino.
SALMO RESP.:
(33, 2-7) (Ver texto)
R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!
2ª. LECTURA:

(2 Co 5, 17-21) (Ver texto)
Nuevamente nos anuncia el Apóstol, la gracia que hemos recibido por Jesucristo y nos llama a convertirnos. No dejemos pasar por alto esta llamada, ahora que tan cerca estamos ya de la Pascua.

EVANGELIO: (Lc 15, 1-3. 11-32) (Ver texto)

Escuchemos ahora la proclamación del santo Evangelio, que es luz para los ciegos, buena noticia para los pobres y hoy más que nunca, misericordia para los pecadores.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
CELEBRANTE:
Queridos hermanos, el Padre espera nuestra conversión y nuestro retorno a su casa; Él ha puesto la mesa, como en día de fiesta, para todos los hombres. Oremos para que nadie quede excluido.

GUÍA: A cada una de las peticiones responderemos orando:
“PADRE, ESCÚCHANOS Y ESPERA NUESTRA CONVERSIÓN”

v Padre bueno, te pedimos por la Iglesia, para que todos los hombres del mundo escuchemos su proclamación de un Dios Padre que nos ama tanto que tiene más deseos de perdonarnos, que nosotros de ser perdonados, oremos…

v Padre santo, que gobiernas y proteges a tu Pueblo, concédenos en tu infinita bondad, un nuevo Papa que siga tus pasos, que te agrade por su santidad y fortaleza, que nos guíe y acompañe con paternal solicitud para llevar a cabo la misión que le tienes encomendada, oremos…

v Padre todopoderoso, te pedimos por nuestra Patria, para que respetándonos, a pesar de las diferencias políticas, todos aportemos nuestra colaboración en la tarea común de trabajar por la paz, la justicia y la libertad, oremos…

v Padre misericordioso, te pedimos por los que sufren, tanto espiritual como materialmente, para que descubriendo en tí a un verdadero Padre que se compadece de su miseria, encuentren en nosotros a verdaderos hermanos que ejercitan con ellos esa misma misericordia, oremos…

v Padre nuestro, te pedimos por todos los cristianos, para que nuestra celebración sea una fiesta alegre por el amor que Tú nos tienes, al perdonarnos y acogernos sin ningún reproche, preparándonos el vestido, el anillo, las sandalias, el banquete y la orquesta, y recibiéndonos a todos como hijos tuyos, oremos…

CELEBRANTE:

Padre del cielo, tú no encuentras mejor manera de manifestar tu omnipotencia que perdonando y teniendo misericordia. Derrama tu amor sobre nosotros, para que, después de esforzarnos por realizar tu voluntad, podamos participar en tu fiesta eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:
Junto al pan y el vino, ofrezcamos hoy al Padre un sincero deseo de transformación de nuestras vidas y de nuestras familias, para que ellas sean acogedoras, con puertas siempre abiertas.
Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea
DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de “El Señor esté con vosotros”)

Demos gracias al Padre que nos llama a participar de su fiesta, de su banquete, sin tener en cuenta que somos pecadores y que siempre nos espera como hijos suyos.

COMUNIÓN:
En el Evangelio hemos escuchado que el Padre decía: “Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Esta Eucaristía que vamos a comer es ya un anticipo de ese banquete que el Padre celestial prepara para nosotros.

DESPEDIDA:
Ya hemos recorrido tres semanas de este tiempo de Cuaresma y nos quedan tres más para llegar a la Pascua. Esta parábola del Padre misericordioso debe ser lo que nos haga recapacitar y decidir a convertir nuestras vidas, para encontrarnos con el Padre que nos espera.

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