«No es parte de tus bienes lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece» (San Ambrosio).

No hace mucho, Cáritas nos informaba de que el número de pobres había aumentado en un millón de personas en España, hasta alcanzar la cifra de 9 millones.

Es necesario recordar que el comité de expertos para el diálogo social había constatado que el gran crecimiento económico y del empleo de la última década no había reducido lo más mínimo el número de pobres.

Es lógico pensar que si el crecimiento económico no ha reducido el número de pobres, la crisis lo aumente. Así ha sido. Esto que se dice de una manera tan sencilla supone admitir algo terrible: es muy fácil llegar a ser pobre y muy difícil dejar de serlo.

El informe sobre la riqueza en el mundo nos dice que en el año 2009 el número de ricos creció en dieciocho mil personas en España.

Es verdad que en 2007 y 2008 bajó el número de ricos, pero teniendo en cuenta que rica es la persona que tiene un millón de dólares para inversión, la disminución del número de ricos no supone ningún drama, sólo dice que en lugar de tener un millón de dólares, tienen setecientos, ochocientos o novecientos mil.

Ahora bien, este bache de sólo dos años nos indica la gran facilidad que tienen para recuperar el terreno perdido.

Los estudios no hablan de la facilidad que existe para ingresar en las listas de parados y la terrible dificultad que hay para salir de ellas. Tampoco nos dicen que cuando sales del paro, no dejas de estar en esa situación de pobreza y precariedad que te otorga el contrato precario con el que has salido de paro.

Sin embargo, si eres rico ocurre todo lo contrario. Es sumamente difícil que dejes de serlo, y si en épocas de crisis baja un poco tu fortuna, se recuperará al año siguiente con mayor pujanza. Esto es lo que nos dice el informe sobre la riqueza en el mundo y en España.

Resulta curioso que haya estudios sobre los pobres y, menos, sobre los ricos, y no haya estudios que los relacionen, que pongan de manifiesto cómo la riqueza de unos se debe a la pobreza de otros o la genera.

Relación, por otra parte, puesta realmente de manifiesto con las últimas orgías inversoras, llamadas «ataques de los mercados», que se han traducido en el recorte espectacular de salarios, empleo, pensiones, natalidad, ayuda al desarrollo e incremento de impuestos.

Es decir: el enriquecimiento de unos ha provocado el empobrecimiento de muchos, y eso sin pararnos a considerar la cantidad de trabajadores que ha perdido su puesto de trabajo a consecuencia de la crisis provocada por los mismos que se enriquecen.

La Iglesia debemos seguir haciendo nuestra la causa de los pobres planteada como lucha por la justicia. Con Pablo VI debemos recordar y exigir «cuál debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: No es parte de tus bienes -dice San Ambrosio- lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece.

Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias» (Populorum Progressio, 23). A los pobres, y muchos trabajadores lo son, les han robado lo que necesitan para vivir y la Iglesia no podemos callar.

La convocatoria de Huelga General para finales de septiembre es una ocasión para denunciar a los que se apropian de lo que no es suyo y mostrar el amor de Dios a los que han sido y están siendo empobrecidos. ■

EDITORIAL
Publicado en NOTICIAS OBRERAS:
Núm. 1.508-1511 [16-07-10 / 15-09-10] pág. 5
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